La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

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septiembre 26, 2011

Mi nombre es PASIÓN

Hacía varias semanas que no escribía nada en mi blog, pero no voy a aburrirles con una sucesión de explicaciones más o menos prosaicas (aunque se me ocurren unos cuantos argumentos entendibles para justificar la demora).  La verdad es que, a mi entender, padezco una discapacidad crónica para distribuir el tiempo de la mejor manera: no sé si a alguna de ustedes les pasa, pero a mí suele ocurrirme que aún sin tener tareas monumentales para afrontar, de pronto llego a la noche con la molesta sensación de “se me fue el día y ni siquiera sé en qué...”

En fin, el caso es que en uno de esos días perdidos, me cayó “causalmente” en las manos un libro que buscaba hace mucho, el primer best seller de Sarah Ban Breathnach que lleva años agotado en las librerías: El encanto de la vida simple. Allí la autora –una desordenada compulsiva y apasionada con quien me resulta muy fácil identificarme– brinda una serie de sencillas pero formidables pautas para ordenar nuestra vida cotidiana y rescatar la belleza de los pequeños momentos. Seguramente en el futuro hablaré muchas veces de este libro y de Sarah (a quien ya considero más que una amiga, casi mi alter ego); pero hoy quiero compartir un fragmento que me tocó especialmente el alma.

“Muchas mujeres desean tener vidas apasionadas, dejarse llevar –pero a una distancia prudencial y en pequeñas dosis–. Por eso nos sentimos atraídas por las novelas románticas, las películas sentimentales, los culebrones, los flirteos platónicos y las revistas del corazón que ensalzan vidas más grandes que las nuestras. La pasión, después de todo, entraña el total abandono de la razón en pos del placer.”
“La pasión es salvaje, caótica, imprevisible. Permisiva. Excesiva. Obsesiva. [...] Las mujeres apasionadas no pueden evitar regocijarse con sus emociones, deleitarse con sus deseos, aullar a la luna, poner en práctica sus fantasías...”
“El resto tenemos responsabilidades de la vida real que nos dejan poco margen (o eso pensamos) para rendirnos a los impulsos pasionales: sonar narices, sacar a pasear a los perros, ir a recoger los paquetes a Correos, preparar tentempiés, asistir a reuniones de ventas, pedir hora para el dentista, rellenar los impresos para el campamento de verano, coger trenes, poner cenas sobre la mesa. Así se va el día. Así se va la vida, y no de un portazo, sino lloriqueando en silencio.”
“Lo que no percibimos es que la pasión es la musa de la autenticidad. Es la energía primordial y palpitante que infunde vida, la presencia sobrenatural que se revela en cada latido de nuestros corazones. La pasión no sólo se hace patente en el tópico del amor clandestino, romántico y fogoso. La naturaleza de la pasión también anida en lo profundo, lo sutil, lo tranquilo y lo comprometido: amamantar a un bebé, cultivar un jardín de rosas, preparar una comida especial, cuidar de un ser querido enfermo, acordarse del cumpleaños de un amigo, perseverar en un sueño. Todos los días nos ofrecen la oportunidad de llevar una vida apasionada y no pasiva, si somos capaces de atestiguar la inmutable presencia de la pasión en lo prosaico. Si dejamos de negarnos el placer. [...]”
“La pasión es sagrada, un profundo misterio que trasciende y transforma mediante el éxtasis. Tenemos que aceptar que un fuego sagrado arde en nuestro interior, aunque esta verdad pueda hacerme sentir incómoda. La pasión forma parte de la vida real porque fuimos creadas por el amor, para el amor, para amar. Si no exteriorizamos nuestras pasiones, seremos víctimas de la autodestrucción –la combustión espontánea de nuestras almas–.”

Supongo que el hecho de que esta página en particular me calara tan hondo se debe a que me retrotrajo en el tiempo hasta cinco o seis años atrás, cuando –recién divorciada y contemplando mi futuro como un enorme y prometedor lienzo en blanco–, solía describir a la PASIÓN (así, con mayúsculas) como el motor primordial de toda mi existencia: estaba dispuesta a generarme una pareja, un trabajo, una casa y un proyecto de vida que realmente me apasionaran, en los que pudiera volcar toda esa energía que sentía potencialmente bullendo en mi interior. De hecho, siguiendo el consejo que Paulo Coelho pone en boca de su personaje en La quinta montaña (“Cada uno de vosotros os pondréis un nuevo nombre a partir de ahora. Éste será el nombre sagrado, que sintetice en una palabra todo aquello por lo que soñasteis luchar”), escribí ostentosamente en mi diario la consigna que da título a esta entrada, y que me sirvió como una suerte de mantra personal a lo largo de mucho tiempo: MI NOMBRE ES PASIÓN.

Después, la corriente de la vida nos lleva para otros lados, y un buen día nos despertamos sintiendo que aquella pasión inicial se ha diluido hasta casi desaparecer por completo entre el ajetreo del trabajo, las cuentas pendientes de pago, la montaña de ropa lavada para doblar, los bebés reclamando la mamadera o el cambio de pañal y el cansancio crónico para el que no existen vacaciones eficaces...

Por eso es bueno que, de vez en cuando, libros como el de Sarah vengan a sacudirnos la modorra emocional. Para recordarnos que la PASIÓN –aquella misma que nos hacía soñar de adolescentes, y que nos convertía en luchadoras infatigables cuando jóvenes– todavía anida en un rincón olvidado de nuestro interior, como un tesoro de sabiduría, autenticidad y energía motivadora esperando ser redescubierto. Que nunca es tarde para rescatar sus valiosos recursos ocultos. Y que no es necesario abstraernos en el romanticismo inverosímil de la telenovela de turno para traerla de vuelta a la superficie: basta con aprender a mirar con nuevos ojos la realidad que nos rodea, a maravillarnos con la simple ternura de los gestos cotidianos, a ENAMORARNOS DE LA VIDA y crear, desde nuestro modesto lugar, un mundo mejor para nosotras mismas y quienes nos rodean...
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febrero 09, 2011

Redescubrir el placer de los sentidos

Llueve en la ciudad; tarde complicada para trabajar en el taller -que se encuentra en parte al aire libre-, pero en cambio ideal para empezar a contarles (mientras saboreo una taza de delicioso té de durazno) acerca de algunos libros muy especiales, que se han convertido en compañeros inseparables de mi aventura cotidiana. 

En primer lugar, debo rendir tributo a una fabulosa escritora cuya obra conocí de forma absolutamente "casual" hace años, y desde entonces hasta ahora se ha transformado en una especie de guía y consejera para el redescubrimiento de los pequeños placeres de la vida. Su nombre es Sarah Ban Breathnach, es norteamericana por nacimiento pero actualmente reside en la Inglaterra rural, más precisamente en lo que solía ser la capilla privada del ilustre Isaac Newton (y que ella restauró como su maravilloso hogar del alma), y tiene la increíble habilidad de encontrar fuentes de entusiasmo y alegría en las cosas más sencillas, desde una receta de cocina o de limpieza doméstica hasta un paseo por la playa y desde un poema o una película hasta una caja de sombreros antigua o un collar de finas perlas... 

Cierta tarde, mientras buscaba gangas literarias en la mesa de ofertas de una céntrica librería de Maldonado, descubrí un libro grueso -tiene más de 500 páginas- con un llamativo título: "El encanto cotidiano". Al dar un vistazo a la contratapa, me topé con frases como esta: "Concebido como compañero de ruta a lo largo de un año, "El encanto cotidiano" celebra la espiritualidad de los sentidos, mes a mes y estación a estación. La autora cree que las mujeres están dotadas de siete sentidos, no de cinco. Por lo tanto, además de redescubrir la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, aprenderán a confiar en su intuición e incrementarán su capacidad de asombro y veneración. [...] Sarah Ban Breathnach estimula a las lectoras a descubrir qué las emociona, qué eleva su espíritu y las anima a complacerse en los regalos de la vida cotidiana que con frecuencia se pasan por alto. Los consejos, ideas y reflexiones de este libro contribuirán, sin duda, a que sus lectoras se enamoren de la vida".


Desde luego, ninguna mujer que se precie desoiría semejante invitación; así que me llevé el libro a casa por el irrisorio precio de ciento veinte pesos uruguayos (unos seis dólares norteamericanos); pero aún tardé algunas semanas en tomarme el tiempo necesario para comenzar su lectura. No obstante, cuando lo hice fue como entrar en un verdadero país de maravillas: se trata de una serie de lecturas cortas, ordenadas  para ser leídas de acuerdo a los meses del año, donde la autora transita por caminos tan disímiles como la literatura, el cine, la decoración, la moda, la cocina, la belleza, la magia práctica, la metafísica y muchas otras "artes femeninas" imposibles de enumerar, y lo hace con tal profundidad,  frescura, gracia y franqueza que de inmediato me sentí no solamente identificada con su estilo apasionado y optimista de encarar la vida, ¡sino de algún modo "empujada" a seguir su ejemplo! 

Si bien se dice que es un libro "estacional" y que está pensado para leerlo a lo largo de un año, del mismo modo que a ella le llevó casi tres escribirlo, a mí aún me sorprende con nuevos descubrimientos después de tres años leyéndolo una y otra vez. De su mano conocí varias de mis actuales pasiones, como el scrapbooking o el shabby chic; pero también me ayudó a desempolvar viejas aficiones como la magia y la repostería, a practicar hábitos muy enriquecedores para el Alma como el diario de agradecimientos, o a husmear en las vidas de personas  increíbles que vivieron siglos atrás, como la reina Leonor de Aquitania o el mismo sir Isaac Newton... El libro es, en suma, una invitación a redescubrir la propia sensualidad, que de hecho ella llama "esensualidad" (como resultado de unir las palabra esencia + sensual) y transformar cada día en una fuente de placer cotidiano; cada poema, receta, anécdota, te lleva de la mano a sentirte una mujer plena, sin importar el estado o condición en que te encuentres.

Intentaría describir con palabras todo lo que este libro ha representado en mi vida, y cuánto me aporta y enriquece todavía (¡aunque está casi lleno de subrayados y comentarios escritos al margen!), pero ya me extendí demasiado, así que sólo les dejo pendiente la invitación para descubrir "El encanto cotidiano" y vivir UN AÑO DE ESPLENDOR Y SENCILLEZ (sigue de oferta en muchas librerías de Montevideo, lo sé porque he comprado un par para regalar a mis amigas). Ah, y prometo de vez en cuando transcribir algunos párrafos a modo de "aperitivo"...

PD: Como hay muchas referencias a las estaciones del año, para las lectoras del Hemisferio Sur sugiero hacer caso al consejo que da la editora en las primeras páginas y buscar las correspondencias de los meses relativos a cada estación (yo lo hice y me dio muy buen resultado salvo Diciembre, que por tratarse casi exclusivamente de la Navidad, no tiene sentido leerlo en junio!)
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Regresa pronto!!!

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