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Hasta donde me alcanza la memoria, siempre ha habido un vaquero en mi vida (ahora les dicen jeans, pero en mi época los llamábamos "vaqueros" a secas...)
De pequeña eran los enteritos Far West sanforizados, con cierre delantero y el típico forro escocés que quedaba a la vista al doblar la botamanga -para las menores de 40 o que no estén familiarizadas con el término, el sanforizado era un proceso que le hacían a las telas de algodón para que no encogieran con los lavados-, tan calentitos en el invierno e interminables compañeros de juegos (cuando se rompían en las rodillas, las mamás les cosían rodilleras en colores contrastantes y los seguíamos usando por años!!!)
Después llegaron los LEE, en variedad de tonalidades desde el azul marino hasta el celeste claro, que algunos desgastaban a fuerza de lija para lograr el acabado que hoy llaman "localizado"; más tarde los consagrados LEVI´s con corte de dama, que tan bien calzaban destacando la cintura estrecha que alguna vez supe lucir; y a mediados de los ochenta, una nueva maravilla: los vaqueros strech, que con su agregado de lycra se adherían como una segunda piel permitiéndonos una libertad de movimientos jamás imaginada antes...
Los he tenido rectos, oxford, semi oxford, babuchas, ajustados y muy ajustados; en el clásico denim, pero también en un jean más finito -para el verano- o en corduroy -para el invierno-; azul índigo, negros y de colores (incluso blancos!); rasgados, nevados, localizados, teñidos y desteñidos. Los he usado con calzado deportivo, con botas tejanas, con sandalias y con stilettos; y han sabido acompañar tan bien una remera de florecitas como una camisa de tartán escocesa o una sofisticada blusa de seda...
Debe ser por eso que aun cuando durante los últimos quince o veinte años mi estilo haya ido cambiando paulatinamente del "power suit" al boho chic -como les contaba hace un buen tiempo en otro post-, en mi ropero no pueden faltar nunca los jeans, a los que sigo considerando la prenda más cómoda, versátil y sensual que jamás se haya inventado, y los que uso indistintamente para andar por casa, trabajar en el taller, ir a una audiencia o incluso para una salida "paqueta" (no en vano una de mis referentes más admiradas, Rachel Ashwell, los reivindica como su traje de noche favorito!)

¿A qué viene todo esto? Bueno, a que esta semana de lluvia y mucho frío, ante la imposibilidad de trabajar en el taller, opté por emplear mi ocio creativo de una forma inusual: personalizando mis jeans con esténciles.
Lo que usé fueron elementos muy básicos y económicos: pintura de telas color blanco, purpurina plateada...
...plantillas que armé en forma casera calcando un diseño sobre acetato y recortando con una tijerita muy afilada (ay, Lucía Sapena, quién te tuviera de este lado del océano!)...
...y un aplicador de esponja que también me fabriqué forrando con gomaespuma la punta de un pincel taponador (improvisación al mejor estilo de Susana la cordobesa!)
...y esa es toda la historia! Ahora mis jeans "de todos los días" se ven así:
Y a decir verdad me entusiasmó tanto el resultado, que de inmediato me puse a trabajar en un proyecto un poco más glamoroso:
(no se lo cuenten a nadie, pero este último jean forma parte de la pequeña colección de "altered couture" que estoy preparando para el lanzamiento de mi tienda virtual, la próxima primavera... por eso sólo les muestro un poquito, a modo de adelanto!)
Y con mis "nuevos" jeans me voy de fiesta a casa de Marce, a divertirme un rato con mis amigas de la pandilla frugalera... ¡Nos vemos prontito, porque esta historia de los jeans aún no termina!



