La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

Mostrando entradas con la etiqueta hogar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hogar. Mostrar todas las entradas

marzo 14, 2014

Y este mes le toca a... ¡la cocina!

Parece mentira: el sábado pasado hizo un año que nos mudamos a esta nueva casa (y si alguien duda de cuánto me cuesta adaptarme a los cambios, que se siente a esperar a que deje de llamarla "nueva"!). Recuerdo que apenas nos instalamos, empecé a pergeñar mis típicos castillos en el aire: en mi dormitorio voy a hacer tal cosa, en el living tal otra, la cocina la quiero así, el cuarto del nene de esta otra forma... pero mi marido, que a esta altura sabe de sobra que mis manos NUNCA siguen el ritmo de mi cabeza, intentó ponerle coto a tantas fantasías: "Te doy seis meses de plazo para que hagas todos los experimentos decorativos que quieras en esta casa", me dijo; "después, sólo nos dedicaremos a DISFRUTARLA". Para ser justa, debo reconocer que él cumplió su parte del trato, pintando cada una de las habitaciones con los colores que le sugerí (incluso el violeta alfazema del dormitorio, aunque bajo protesta por parecerle bastante "afeminado", en sus propias palabras). No obstante, cuando llegó mi turno de trabajar en los detalles decorativos, empezaron las excusas y la consabida procrastinación...

Sin pretender pecar de autoindulgente, debo admitir que los primeros tiempos fueron bastante más complejos de lo que habíamos planeado cuando nos embarcamos en la aventura: proyectos laborales que no cuajaron y que nos forzaron a sobrevivir con un presupuesto más ajustado que nunca; un niño que crece y demanda día a día más atención (¿quién dijo que eso del homeschooling era sencillo?); algunos quebrantos de salud menores y cuestionamientos emocionales no tan menores, más un invierno largo, gris y gélido que me tomó desprevenida y se cobró mis últimos restos de energía, llevaron a que mi siguiente cumpleaños -exactamente ocho meses más tarde- me encontrara con la casa casi en su estado original, y la mayoría de mis delirios creativos todavía guardados en cajas de cartón.
 
Sin embargo, cercanas ya las fiestas navideñas, poco a poco fui saliendo del letargo y comprendiendo que no era necesario que la casa completa luciera "de revista" (fantasía nacida de seguir blogs que exhiben decoraciones deslumbrantes, perfectas e inmaculadas, pero que resulta muy difícil de instrumentar en la realidad con perro, gato y cachorro humano dando vueltas por la casa el día entero!), sino que a veces basta con unos pocos detalles simples y económicos para darle a determinado ambiente ese toque de belleza que mi Alma añora, sin inmolarme en el altar del estilismo ni sacrificar la comodidad de la familia. Por eso mi ambientación navideña, aunque extremadamente frugal, lució ese aire cálido y etéreo que me hizo sentir tan orgullosa...

Después, las bucólicas vacaciones junto al océano me brindaron el tan esperado "desenchufe", la oportunidad de recargar las pilas con la serena energía de la naturaleza (en realidad técnicamente el veraneo NO ha terminado aún para nosotros, ya que cada vez que el clima lo permite, nos escapamos un par de días más hasta nuestro ranchito en la costa para sacarle el último jugo al calor estival!) Pero cuando arrancó marzo, de pronto sentí que era el momento de empezar a ponerle GANAS a mi casa para transformarla en un auténtico hogar; siguiendo a Rachel Ashwell -la musa inspiradora de millones de románticas alrededor del mundo-, comprendí que el presupuesto exiguo, lejos de ser un impedimento, constituye un verdadero desafío a nuestras habilidades, ya que no existe mayor satisfacción que crear auténtica belleza "con lo que tenemos a la mano". Así, mientras mi marido prepara los canteros y siembra los almácigos para nuestra próspera huerta orgánica, yo he dedicado estos días a hacer inventario de los tesoros que yacían olvidados en el garage, a mirar con atención en las volquetas y en la basura de los vecinos a ver qué podía rescatar, a desempolvar pinceles y rodillos y también -¿por qué no?- a ensayar con algunas herramientas que hasta ahora había considerado de exclusivo dominio masculino, pero que de pronto se me revelan como unas asistentes muy eficaces a la hora de poner en práctica mis ideas...

La cocina fue el primer destino elegido: quizá porque ha sido la más olvidada durante el pasado año, quizá porque para empezar necesitaba un ambiente donde cualquier mínimo detalle luzca y enriquezca el conjunto (dentro de algún tiempo seguramente me animaré con las fundas de sillones o la tapicería del dormitorio, tareas que a priori parecen bastante más abrumadoras). De hecho, he estado trabajando en algunas pequeñas innovaciones que les iré descubriendo poco a poco durante el resto del mes; por ahora, me limitaré a compartir unas imágenes que (via Pinterest) me han ido sirviendo de inspiración:

Fuente
Fuente
Fuente
Fuente

No, desde luego no pretendo que TODA mi cocina se vea como alguna de estas (tal vez en la próxima vida!); pero he ido tomando un detalle aquí y otro allá, para componer mi propio collage de ideas, y me pareció interesante compartirlo con ustedes a modo de introducción. Ah, y antes de terminar por hoy, les recuerdo cómo era mi cocina ANTES, o sea, el lienzo en blanco sobre el que estoy desplegando mi talento "artístico"...

 

No muy glamorosa, ¿o sí? Pues ya verán la diferencia cuando acabe con ella... Ahora tengo que despedirme: el taller me espera. Les deseo a todas un lindo fin de semana, el lunes probablemente vuelvan a tener noticias desde este rinconcito del mundo. ¡Hasta entonces!
Continuar leyendo...

marzo 19, 2013

Un toque de realismo

Hoy voy a comenzar haciendo una confesión muy íntima: durante los años anteriores, cuando dejaba pasar semanas e incluso meses sin postear nada en este blog, a menudo no era por falta de ganas o de ideas inspiradas. Lo que ocurría era, simplemente, que después de recorrer tantos blogs estupendos a los que sigo, después de contemplar la belleza inmaculada y la exquisita perfección de los ambientes que sus autoras exhiben con orgullo, a menudo me sentía avergonzada y desanimada al no encontrar en la añosa y modesta vivienda que me cobijaba ni siquiera un rincón que se asemejara mínimamente a aquellos paraísos terrenales dignos ser publicados en las revistas de decoración (de hecho, varios de ellos efectivamente lo han sido). Por eso mis entradas siempre fueron puntuales, sobre labores o proyectos concretos, pero nunca me atreví a mostrar una habitación completa de mi casa, por cuanto ello equivaldría a confesar que mientras me pasaba el día FANTASEANDO con esas casas de ensueño, la casa en la que realmente VIVIA se parecía mucho más a un refugio antiaéreo tras un bombardeo, que a un confortable y acogedor hogar...

Lo cierto es que con el tiempo fui descubriendo que muchas blogueras, incluso en Norteamérica -a la que desde estos lares, en buena parte gracias a Hollywood, solemos mirar como si fuese una especie de "Tierra de la Perfección"- se atrevían a admitir que en realidad, sus casas no son tan PERFECTAS como para ser fotografiadas por una revista... y sin embargo, constituyen una enorme fuente de felicidad y disfrute para ellas, sus familiares y amigos e incluso sus queridas mascotas. Y con pesar, descubrí también que a algunas de aquellas a quienes más admiraba -y secretamente también envidiaba un poquitín- por poseer las casas más hermosas que hubiera visto en Internet, por diferentes razones la vida les había presentado otro tipo de desafíos (divorcios, pérdidas laborales o personales) que dejaban en claro la futilidad de una bella "escenografía" si ella queda de pronto vacía de contenido. 

De ahí que, este año, he decidido poner en mi mente, en mi vida y en mi blog un toque de realismo: abrir mi casa y mi corazón, y mostrarlos a quienes lleguen hasta esta página COMO REALMENTE SON (¡no como yo quisiera que fuesen!). Tal vez no haga diferencia para nadie ahí afuera; pero en lo personal me siento mucho más honesta, y también más espontánea al no tener que cargar todo el tiempo sobre mis espaldas la implacable exigencia de la perfección... Así que de esto se trata mi primer post como recién llegada a esta nueva ciudad: un pequeño tour para que conozcan al que será nuestro refugio temporal por los próximos dos años, y también un estupendo lienzo en blanco donde poner en juego todas mis habilidades creativas como decoradora, artesana, costurera y recicladora de objetos en desuso, e ir transformando poco a poco cada una de sus habitaciones hasta convertirlo en un verdadero HOGAR... 

Antes de entrar, debo sin embargo hacer un par de aclaraciones: la primera es que -por las razones que expliqué en el post anterior- debimos retirarnos en forma bastante urgente de nuestra antigua vivienda, por lo que no hubo tiempo de pintar la casa a nuestro gusto ANTES de hacer la mudanza (¡esa es la tarea que nos espera a partir de hoy!); y la segunda es que, aunque llevamos ya una semana en la misma, un súbito estado febril de origen desconocido (¿estrés post-mudanza, quizás?) me tuvo en cama los últimos cuatro días, impidiéndome adelantar algo en lo que a orden se refiere. Así que lo que verán es exactamente lo que yo vi al levantarme esta mañana... ruego benevolencia, señoras: después de todo, esto es LA VIDA REAL.

¡Bienvenidas sean, pues, a mi nueva casa! 

 
 

Como pueden observar, lo que será el living-comedor tiene una pared completa y la chimenea pintados en un agobiante rojo bermellón, con el resto de las paredes en color arena... 


...y este pequeño espacio será mi rinconcito personal para escribir, bloguear o navegar por Internet (favor no fijarse en el estado de la silla: es una Cenicienta "rescatada" de un contenedor de basura, en espera de que su hada madrina se digne dedicarle algunas horas...)

 

El dormitorio infantil, que también luce hasta hoy una pared bermellón (¿a quién se le habrá ocurrido que un niño en su sano juicio podría descansar apaciblemente en un entorno tan... vibrante? ¡Desde luego a alguien que nunca leyó nada sobre Colorterapia!)

 
 

El baño es de lo mejorcito de la casa (¡hasta lo llamaría "bonito" si me apuran!), aunque desde luego le hacen falta algunos toques shabby chic...


La cocina necesita bastante trabajo, pero tiene potencial ¿no creen? (ruego obviar las bolsas y cajas aún amontonadas por los rincones, la etapa de organización vendrá después de la pintura). 


Este es el patio trasero, con la ropa recién lavada secándose al sol, tras la cual se puede ver el rústico parrillero. Hay muchas ideas para esta área, pero se las iré contando poco a poco ;)

Y dejé para el final lo que ha sido durante estos días el cuartel general de la familia: mi futuro dormitorio, hoy simplemente una especie de campamento en mayor escala con camas en el piso y bolsos y cajas conteniendo toda nuestra ropa aún por clasificar y ordenar. Esta es tal vez la habitación que más tardará en completarse, porque como es en la que tengo más cantidad de proyectos por aplicar, la dejaré para el final del makeover... 

 

Aunque como podrán comprobar, al benjamín de la familia no parece afectarle en lo más mínimo: esto de dormir, comer y mirar sus dibujos animados favoritos en una misma habitación es como una especie de aventura para él... ¡y vaya que lo disfruta!

 

Ahora, un pequeño adelanto de lo que se viene: hoy mi compañero comenzó con la pintura de las paredes. La chimenea dejó atrás sus días de furia roja y se vistió con un suave color marfil que le sienta mucho mejor. Y para estrenar el nuevo look, decidimos encenderla esta noche, para asombro y deleite de nuestro "gitanillo"...


Bueno, hasta aquí llegamos por esta vez. Prometo mantenerlas al tanto de los progresos que vayamos haciendo ambiente por ambiente, así que... ¡no se pierdan el próximo capítulo de este peculiar REALITY SHOW! (tenemos trabajo y material bloguero para rato...)

Bendiciones, y hasta la próxima. 
Continuar leyendo...

marzo 05, 2013

Preparando las valijas

Fuente

Parece mentira, ha pasado casi un mes desde mi última entrada... Al comenzar 2013 una de mis “resoluciones de Año Nuevo” consistía precisamente en ser más constante en esto de postear en el blog; y en enero –gracias a una inesperada sobredosis de creatividad que me mantuvo pegada a la máquina de coser y a los tarros de pintura durante buena parte del mes­­­– tuve bastantes cosas lindas para mostrar a mis pocas pero fieles seguidoras y a aquellas nuevas visitantes que (gracias a las link parties organizadas por varias encantadoras anfitrionas) se atrevieron a superar la barrera idiomática para venir a conocer esta pequeña buhardilla.

Pero llegó febrero, y con él debí afrontar una movilizadora realidad: a fines del año pasado alguien decidió que esta casa donde viví con mi familia los últimos dieciocho meses, a la que tanto trabajo y amor dedicamos para rescatarla de décadas de descuido y recuperar –al menos en parte– su encanto de otras épocas, ya no será más nuestro hogar. Y si bien mi tendencia natural es “aceptar con serenidad aquellas cosas que no puedo cambiar” (como enseña la maravillosa oración de Reinhold Niebuhr), confieso que esta vez algo dentro de mí se rebeló, y en lugar de preparar con tiempo mis pertenencias para la mudanza inevitable –como diligentemente hizo mi Compañero de Vida–, opté en cambio por dejar correr las semanas en una especie de ensueño, con la vana esperanza de que algo surgiese a último momento y finalmente no tuviésemos que abandonar este modesto refugio donde me he sentido tan confortada y protegida.


Sí, porque yo establezco complejas relaciones afectivas con el “espíritu” de las casas donde vivo. A algunos puede parecerles extraño, incluso bizarro; pero apenas entro a una casa, puedo sentir en cada fibra de mi cuerpo lo que “dicen” sus paredes, qué tipo de energía la habita, hasta en ocasiones la historia que encierra. Definitivamente, sé cuando una casa me da la bienvenida ¡y también cuando una me expulsa irremediablemente! Y como en su momento dejé asentado en el blog, esta vieja casa nos abrazó desde el principio, como si nos hubiese estado esperando siempre. Mi hijito ha corrido por su enorme patio y ha trepado a sus árboles con una libertad que jamás conoció en sus tres años de vida; mi pareja ha encontrado en ella rincones para expresar su talento artístico con renovada fluidez, y yo misma, cobijada por el tibio sol de las mañanas que entra a raudales por sus ventanales, he sentido cómo mi cuerpo y mi mente se renovaban con la práctica diaria de la meditación y el descubrimiento de lo sagrado en lo cotidiano. He amado profundamente esta casa, aún debiendo compartir el espacio con personas indiferentes, que sólo veían en ella defectos y fealdad; y he experimentado momentos de auténtica epifanía en medio de las tareas más sencillas, como coser, cocinar o sembrar una pequeña huerta. Pero el río de la vida a veces discurre por tramos de aguas turbulentas, y más allá de nuestros deseos, ha llegado el momento de decir adiós a esta cálida y hospitalaria amiga, armar las valijas y continuar el viaje. Un viaje que nos lleva lejos, a casi trescientos cincuenta kilómetros de distancia de Montevideo, hacia una ciudad pequeña, dinámica y cosmopolita, enclavada en la frontera con el exuberante y alegre Brasil...

Fuente

No ha sido un proceso fácil, lo confieso. Dicen por ahí que las mudanzas son el tercer factor más generador de estrés en la vida de las personas –después de la muerte y el divorcio–; y durante estas últimas semanas me he transformado en un buen ejemplo para respaldar dicha estadística. Mi estado de ánimo fluctúa permanentemente, alternando períodos de irritabilidad y angustia extrema con episodios de apatía y desgana total, mientras contemplo resignada cómo –¡una vez más!– nuestra vida entera es encerrada y rotulada en innumerables cajas de cartón... Al principio, tuve la esperanza de que ésta fuera la definitiva, que sin importar cuántos sacrificios costara, nos instalaríamos en una tierra propia donde comenzar a sembrar el sueño de un hogar más estable y permanente. Pero una serie de negocios no concretados y limitaciones financieras decidieron que, nuevamente, nos estemos dirigiendo a una solución habitacional “temporal”: una casa alquilada que nos albergará por los próximos dos años, mientras desarrollamos nuevos proyectos laborales que nos permitan a posteriori concretar, por fin, el tan acariciado sueño de la cabañita cerca del mar...

De la nueva casa, ¿qué puedo decir? No es un palacio, ni se encuentra en la zona más comercial de la ciudad, pero está dentro de nuestro presupuesto y tiene las comodidades básicas necesarias para permitirnos una vida tranquila, sin sobresaltos: un amplio living-comedor con estufa a leña, dos dormitorios aceptables, un baño confortable y prolijamente revestido de cerámicas nuevas, una cocina grande y soleada, y un gigantesco patio trasero con parrillero y espacio suficiente para niños, mascotas, flores e incluso una nueva huerta orgánica... Sin embargo, debo admitir un defecto de carácter que me ha marcado durante gran parte de mi vida adulta: las viviendas “provisorias” –bueno, en realidad TODAS las viviendas lo son en mayor o menor medida, pero en este caso me refiero a cuando una sabe de antemano que va a vivir allí únicamente un período determinado de tiempo– generalmente no me motivan demasiado en el aspecto decorativo. Es como si, al estar “de paso” en un lugar, no valiera la pena invertir demasiado esfuerzo en mejorar su apariencia, y en cambio fuese preferible reservar toda la energía creativa para cuando finalmente logre instalarme en “la casa de mis sueños”...

Pero hace poco, en uno de los blogs que sigo, una dama muy dulce publicó un post que me hizo reflexionar sobre el tema (¡gracias, Sissie!); y de pronto comprendí que, sepamos o no de antemano cuánto tiempo vamos a permanecer en un sitio determinado, la realidad es que en el momento presente ESA ES “NUESTRA” CASA, es el techo que nos cobija aquí y ahora, y por tanto merece un toque de amor y creatividad para transformarlo en un HOGAR, lo más personalizado y acogedor posible (mi amiga Lady of the Woods ha sido también una gran fuente de inspiración al respecto, ya que después de casi diez años viviendo “provisoriamente” en una casa prestada, decidió por fin que ese era su hogar definitivo y lo ha convertido –brocha y pintura en mano– en un exquisito y etéreo santuario de belleza en blanco, plateado y tonos pastel, ¡digno de una Reina de las Hadas!) 

Fuente: fairycafeandgarden.blogspot.com

De modo que por estos días, mientras empaqueto las últimas pertenencias, me he dedicado casi exclusivamente a diseñar el aspecto de mi futuro “Petit Trianon”. Al principio pensé decorar en blanco y azul lavanda –los colores de mi alma, como suelo decir–; pero mientras recorría las habitaciones de la nueva casa, sentí que ella me susurraba insistentemente: “Suéñame en crema, marfil, arena, champagne...” [sí, ya se los advertí, esto de conversar con las casas puede no sonar muy cuerdo, pero siempre funciona para mí]. Así que decidí crear un nuevo tablero en Pinterest, en busca de inspiración para pintarla a partir de una paleta de colores neutros y naturales que sirvan de marco a mis amados muebles blancos de estilo francés... ¡y estoy fascinada con las maravillas que he encontrado!

Pulsa sobre la imagen para visitar mi nuevo tablero en Pinterest

Bueno, hasta aquí la explicación de mi ausencia durante el último mes, y también el anuncio de un pequeño break hasta que estemos instalados (al menos precariamente) en la nueva ciudad, ya que como bien saben todas las que hayan atravesado por instancias similares, es imposible prever cuándo nos conectarán los servicios telefónicos y de internet... Igualmente, ni bien me sea posible prometo volver para contarles las novedades, y si todo sale como esperamos, ir compartiendo paso a paso la transformación de cada ambiente de la casa. 

Por ahora les digo simplemente “Hasta muy pronto”, y tengan la seguridad de que las voy a extrañar!!!
Continuar leyendo...

enero 08, 2013

La primera cosecha

Hoy quiero contarles algo que no tiene que ver con estilo o decoración, pero sí con la filosofía de vida que mi familia y yo hemos adoptado desde hace un buen tiempo: volver a lo natural, aprender a vivir de una forma más simple y cuidadosa del medio ambiente, y procurarnos una alimentación sana y orgánica aún en medio de la ciudad. 

Reciclar y reutilizar siempre ha sido una constante en mi vida, desde que tengo memoria; pero hace relativamente poco tiempo mi pareja y yo decidimos extender el concepto a nuestra basura hogareña, separando los residuos orgánicos de los inorgánicos y destinando los primeros a la fabricación de abono natural (compost). Cuando iniciamos el proyecto, vivíamos en un apartamento minúsculo donde no teníamos lugar para plantas -de hecho, ¡apenas había espacio para el bebé!-; pero luego, al mudarnos a esta casa con su amplio patio, dispusimos de un ambiente más cómodo y adecuado para elaborar nuestro compost, y al cabo de unos meses teníamos suficiente como para pensar en iniciar una pequeña huerta. 

No fue fácil al principio: el patio trasero está cubierto en un enorme porcentaje por veredas de cemento, y el único espacio disponible para plantar era un cantero de aproximadamente un metro por tres y medio metros, parcialmente relleno con escombros que debimos remover y reemplazar con nuestra flamante tierra abonada -bueno, lo de "debimos" es una licencia literaria: en realidad, todo el trabajo lo hizo el hombre de la casa :)-. El primer intento fue con hierbas aromáticas: sembramos plantitas de albahaca, romero, menta, salvia, orégano, tomillo y estragón. No con mucho éxito, a decir verdad; en pocos días la mayoría de los plantines fueron diezmados por una colonia de hormigas instalada en el terreno vecino (¿acaso no decían que las aromáticas eran útiles precisamente para ahuyentar bichitos?) y lo que ellas dejaron, acabó devorado por alguna babosa intrusa cuyo paradero no pudimos localizar, a pesar de seguir las claras pistas que dejara a su paso.

Durante el invierno, nuestros afanes hortícolas estaban tan alicaídos que permanecimos en una especie de impasse, sin atrevernos a someter ninguna planta al rigor de las heladas; pero al llegar la primavera, decidimos que era un buen momento para volver a intentarlo. Esta vez elegimos a modo experimental zapallitos de tronco, lechugas, tomates y melones. Compramos semillas, plantamos de acuerdo a las instrucciones (las lechugas en almácigo, el resto en siembra directa), regamos y esperamos... Poco a poco, comenzaron a surgir pequeñas plantitas de lechuga en el almácigo, y para el tiempo que las colocamos en su sitio definitivo ya empezaban a nacer también las de zapallo, tomate y melón.

Almácigo de lechuga

Después de algunas semanas, la huerta comenzaba finalmente a cobrar forma...


Para mediados de diciembre, obtuvimos unas tiernas y sabrosas lechugas que sirvieron de acompañamiento en el almuerzo con el que festejamos el tercer cumpleaños de nuestro hijito (es bien sabido que la lechuga es el cultivo más estimulante para los principiantes, porque crece rápido y puede comerse apenas dos meses después de plantarla!). Pero la mayor sorpresa nos la llevamos al regresar de nuestras vacaciones junto al mar: los melones estaban floreciendo, la tomatera tiene ya unos cuantos pequeños frutos, y la zapallera -cubierta de flores cuando nos marchamos- mostraba ahora varios zapallitos enormes y brillantes, y otros tantos en proceso de crecimiento.

 

Así que esta semana, la gran vedette del menú familiar han sido... ZAPALLITOS DE LA HUERTA!!!


Lo puse junto a una regla para que puedan observar su tamaño...

Existen multiplicidad de platos que se pueden preparar con esta versátil y nutritiva hortaliza (para las amigas de otras latitudes, en algunos países se les llama también calabacines); pero hoy voy a explicar dos de los más tradicionales y sencillos: la tortilla de zapallitos y los zapallitos rellenos. Aunque nunca antes había incluido una receta de cocina en el blog, me pareció interesante compartirlas con ustedes...

TORTILLA DE ZAPALLITOS

Necesitaremos:
zapallitos medianos, 3 (en mi caso, con dos fue suficiente!)
cebolla, 1
huevos, 3
queso rallado, 4 cucharadas
aceite de oliva, cantidad necesaria
sal, pimienta y nuez moscada a gusto.

Lavar bien los zapallitos y retirar los troncos. Picar la cebolla muy fina, y saltear en una cacerola donde habremos calentado tres cucharadas de aceite de oliva. Cuando la cebolla está transparente, agregar los zapallitos cortados en dados pequeños, y continuar salteando hasta que estén tiernos (una vez retirados del fuego, de ser necesario escurriremos el agua que sueltan al cocinarse). Aparte batir los huevos, agregar el queso rallado e incorporar las verduras salteadas; sazonar con sal, pimienta y nuez moscada. Calentar una sartén con un poco de aceite de oliva, volcar la preparación y cocinar tapado, a fuego bajo. Cuando el huevo ha cuajado bien en los bordes, dar vuelta -con ayuda de un plato o tapa de olla- y cocinar del otro lado hasta que la tortilla esté bien dorada. ¡Listo!

Fuente: elpuntodelcaramelo.blogspot.com

ZAPALLITOS RELLENOS

Ingredientes: 

zapallitos, 4
carne picada de ternera, 500 g
cebolla, 1
morrón rojo, 1/2
huevos duros, 2
aceite o manteca, cantidad necesaria
queso rallado, 100 g
sal, pimienta y nuez moscada a gusto

Cocinar los zapallitos en abundante agua con sal hasta que estén tiernos. Retirar del fuego, cortar en mitades y ahuecar cuidadosamente con una cuchara, reservando la pulpa en otro recipiente; dejar escurrir boca abajo. Aparte picar muy finos la cebolla y el morrón rojo, sofreír en aceite o manteca y cuando empiezan a dorarse, incorporar la carne picada. Saltear muy bien hasta que la carne esté totalmente cocida. Agregar la pulpa de los zapallitos (a la que habremos previamente escurrido el exceso de agua y pasado por la procesadora durante unos segundos), la mitad del queso rallado y los huevos duros picados. Sazonar a gusto con sal, pimienta y nuez moscada. Colocar los zapallos ahuecados en una fuente para horno ligeramente aceitada, y rellenarlos cuidadosamente con la preparación. Espolvorear con el resto del queso rallado y llevar al horno hasta que el queso comience a gratinarse. Eso es todo... ¡a la mesa!

NOTA: En lugar de carne de ternera puede emplearse suprema de pollo, o proteína de soja para aquellos que los prefieren vegetarianos... los he probado de ambas formas, y quedan igualmente deliciosos.

 
 

Bueno, con esto me voy despidiendo porque ya se me abrió el apetito ;) Para la próxima prometo dejar momentáneamente la cocina y volver al cuarto de costura, donde tantos proyectos me esperan... 

Bendiciones para tod@s, y nos "leemos" prontito.

* Participando en:

"Home Sweet Home" de The Charm of Home
"Old Time Party" de Old Time Farmhouse
Continuar leyendo...

noviembre 23, 2011

Casa vieja, vida nueva

Casi dos meses pasaron desde mi último post, y tal vez algunas de ustedes creyeron que me había dado por vencida en esto de ser bloguera; pero en esta ocasión, mi alejamiento tiene una explicación bastante comprensible: hace semanas mi familia y yo nos mudamos a una nueva casa, y quien ha pasado al menos una vez en la vida por la experiencia de una mudanza, sabe lo estresante que puede llegar a ser...

Creo haber contado en entradas anteriores que mi sueño más acariciado es construir una pequeña y confortable casa cerca del mar, para irnos a vivir definitivamente allí. Hace poco más de un año, cuando surgió la oportunidad de comprar un terreno en el balneario Aguas Dulces (Rocha), pensamos que en poco tiempo estaríamos viendo cumplido ese sueño; sin embargo, diversas dificultades económicas y burocráticas han determinado que la edificación todavía no haya podido siquiera comenzar. 

Eso nos puso en una difícil disyuntiva: el apartamento de dos ambientes en el que vivíamos se había transformado en una cárcel (con todo y rejas!) para mi inquieto retoño, que cuenta ya casi dos años; debíamos por consiguiente buscar una vivienda temporal con mayor amplitud, al menos mientras se concreta la construcción de la casa en la playa. Manejamos diversas alternativas, desde instalarnos en un pueblito a pocos kilómetros de mi ciudad natal, hasta cruzarnos a la zona oeste del país, que prácticamente no conocemos; pero el destino -para variar- tenía otros planes, y acabamos anclando en una vieja casona ubicada justo frente a nuestro anterior domicilio...

Se trata de una construcción antigua, aunque no tanto como las hermosas casas de estilo colonial que todavía se conservan en muchas zonas de Montevideo, si bien sigue básicamente el estilo de aquéllas: amplio zaguán que tras una puerta cancel se continúa en el recibidor y la sala de estar, y varias habitaciones -cinco dormitorios y dos baños- cuyas puertas se distribuyen a uno y otro lado de este corredor central, que desemboca en un gran fondo arbolado con parrillero. Si quieren conocerla de forma más gráfica, las invito este video casero que tomamos pocos días antes de mudarnos (las disculpas del caso si no es técnicamente perfecto, pero lo filmamos en un día lluvioso donde la luz no ayudaba, y con el agregado de un pequeñín entrometido correteando alrededor!)


A esta altura se estarán preguntando cómo dimos semejante salto, desde un minúsculo espacio atiborrado a semejante comodidad: bueno, la realidad es que no es TODA para nosotros, sino que forma parte de un proyecto llevado adelante por la Asociación Civil para la que trabajamos, destinado a brindar alojamiento a jóvenes del interior que se trasladen a continuar sus estudios en la capital, y cuya administración y supervisión se nos ha encomendado por los próximos dos años. De modo que en realidad, sólo nos corresponde el uso exclusivo del ala derecha de la casa (dos dormitorios con un baño) mientras que en el ala izquierda se ubicarán los dormitorios de los estudiantes, siendo el resto de las áreas de uso común. 

Sé que en opinión de muchos, la convivencia con tanta gente no es el tipo de vida ideal para una familia, y admito que cuando me hicieron la propuesta, también me surgieron algunas dudas al respecto. Pero luego -fiel a mi estilo-, decidí que si el Universo nos planteaba este reto, de seguro algo enriquecedor sacaríamos de la experiencia; por lo pronto, ya hemos ganado en espacio para desarrollar nuestras actividades (estudios, labores creativas y artísticas, esparcimiento), dormitorio independiente para nuestro hijito y un hermoso y seguro patio donde puede jugar a sus anchas... una mejora sustancial en CALIDAD DE VIDA, nada despreciable dadas las condiciones urbanísticas de hoy.

Pero además, debo confesarlo sin rodeos: desde la primera vez que entré en la casa, sentí que sus paredes me daban una cálida bienvenida, como si "ella" me hubiera estado esperando precisamente a mí para compartir este tramo del camino. Y con el correr de los días, recorriendo sus habitaciones aún semivacías, llegué a la conclusión -nada racional, por cierto- de que esta casa y yo tenemos mucho en común: aunque desgastada por el paso de los años y deslucida por unas cuantas cicatrices (dejadas por manos torpes y corazones insensibles que no supieron valorar su auténtica belleza), mantiene una estructura sólida y armoniosa que sólo necesita un poco de dedicación y amoroso cuidado para volver a sonreír... 

Por eso, al instalarme en este nuevo hogar, me he hecho dos propósitos esenciales. El primero es intentar devolverle poco a poco algo de su esencia oculta, a través de proyectos donde se pongan en práctica los principios que guían esta etapa de mi vida creativa: reutilizar, reciclar, dar una nueva oportunidad a los objetos en desuso y emplear materiales económicos para lograr soluciones decorativas sencillas y acogedoras. Empecé por lo que será mi habitación, donde alguien -en un imperdonable atentado al buen gusto- cubrió el hermoso suelo de madera con una gruesa y horrenda capa de látex verde que aún se resiste a salir totalmente a pesar de varias sesiones sucesivas de soda cáustica, removedor de pintura, thinner, espátula, lija y cepillo de acero... Inspirada por los maravillosos blogs que visito habitualmente -y que pueden encontrar a la derecha de esta página-, tengo en mente ir armando con el correr de las semanas un dormitorio muy shabby chic, con muebles antiguos pintados de blanco y tapicería en tonos neutros, con cierto toque suntuoso y romántico (aunque no tan FEMENINO que intimide a mi compañero!) Para que tengan una idea, les dejo algunas imágenes; si bien ninguna refleja exactamente lo que quiero, cada una de ellas contiene al menos un elemento que pienso utilizar en mi proyecto.

Fuente: luxury-idea.com
Fuente: www.select2gether.com
Fuente: www.alibaba.com
Fuente: supershopsite.com
Fuente: www.housetohome.co.uk

Y eso me lleva al segundo propósito que les mencionaba: decidí esforzarme por ser más asidua en las entradas a mi blog, para así ir contándoles el paso a paso de mis pequeños logros en materia decorativa. Desde ya, cualquier sugerencia que quieran hacer será bienvenida; es muy gratificante saber que a través de esta fantástica tecnología es posible compartir con tanta gente un pedacito de mis sueños...

Será hasta muy pronto, y gracias por la constancia.
Continuar leyendo...

Regresa pronto!!!

Regresa pronto!!!
Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background Elegant Rose - Working In Background