La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

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septiembre 04, 2014

Casas de película: "Nights in Rodanthe"

Esta vez vengo con una de mis favoritas: "Nights in Rodanthe" (traducida al español como "Noches de tormenta"), una película de 2008 dirigida por George C. Wolfe, basada en el best-seller de Nicholas Sparks, y protagonizada por Diane Lane y Richard Gere.

 
Del argumento no voy a contarles mucho porque -esta sí- les recomiendo que la vean (sobre todo a aquellas que, como yo, ya pasaron la cuarta década pero aún conservan una buena dosis de romanticismo en sus corazoncitos). La protagonista, Adrienne Willis, es una mujer que atraviesa una encrucijada existencial, con un marido infiel que quiere reanudar la relación, y una hija adolescente que cuestiona todas sus decisiones. Dividida por sentimientos encontrados, halla la oportunidad de escapar cuando una vieja amiga le pide que se encargue de su posada en la costa durante un fin de semana. Es temporada baja y el hotel debería estar vacío, de no ser por la inusual llegada de un huésped solitario: Paul Flanner, médico de la ciudad que hace tiempo sacrificó su familia por su carrera, y que ha acudido a Rodanthe para hacerse cargo de una difícil obligación y enfrentarse a su propia crisis de conciencia. Pronto estalla una gran tormenta y los dos se acercan el uno al otro en busca de consuelo, e inician un romance que cambiará sus vidas...

Es básicamente una historia de amor, aunque también tiene mucho que ver con las crisis de la mediana edad, el darse cuenta cómo a veces los avatares de la vida nos llevan a perdernos poco a poco a nosotros mismos, y la búsqueda del camino para reencontrarnos... En definitiva, una película que entretiene, emociona y hace reflexionar, contada en un lenguaje sensible y con interpretaciones convincentes, especialmente la de Diane Lane. No fue en su momento un éxito de taquilla y pasó más bien desapercibida para la crítica; pero para las que amamos estas historias de amor maduro (estilo "Los puentes de Madison") resulta más que disfrutable.

Ahora, vamos al tema central del post: la espectacular casa que sirve de escenario al drama romántico, llegando a transformarse en el "tercer personaje principal" de la historia. En la película lleva el nombre de Inn at Rodanthe y así se ve desde el exterior (las fotos son nuevamente cortesía de Hooked on Houses):


Y ahora, echemos un vistazo a los interiores: comenzando por la recepción...

 

 ...pasamos al comedor...


 ...y continuamos hacia la cocina...


...la "habitación azul" de Paul (con lavatorio incorporado)...

 

...el dormitorio de Jean, la amiga de Adrienne y dueña de la posada...

 

Y finalmente, el estudio de arte en el ático...


Investigando un poco en Internet, descubrí que tanto el pueblito de Rodanthe como la construcción en sí existen realmente en Hatteras Island, Carolina del Norte: la casa se llamaba originalmente "Serendipity", y tiene una historia bien interesante. Resulta que cuando la construyeron, en los años ochenta, tenía a su frente una franja costera de unos 70 metros; pero el mar fue avanzando paulatinamente, y para cuando se filmó la película ya se encontraba en ruinas, con la línea de la pleamar invadiendo los pilares sobre los que estaba edificada. Este era su aspecto luego de terminar la filmación:


Como pueden notar, sin los postigones azules, las terrazas y decks agregados para el filme, se veía bastante menos glamorosa. Pero eso no era lo peor: fue clausurada y declarada de riesgo público, ya que con cada nueva tormenta amenazaba derrumbarse y ser arrastrada por el oleaje...

 

Los propietarios intentaron venderla durante más de dos años sin éxito, y estaban a punto de darse por vencidos; pero entonces aparecieron Ben y Debra Huss, una pareja de fanáticos de la película, quienes decidieron intentar lo imposible: comprar "Serendipity", colocarla en un lugar seguro y restaurarla lo más similar posible a su versión cinematográfica. Y eso fue precisamente lo que hicieron; con maquinaria adecuada, retiraron la casa de sus cimientos originales, la montaron en un trailer y la trasladaron hasta su ubicación actual, a media milla de la franja costera...

 
Como la vez anterior, preparé un videoclip casero a los efectos de mostrar los interiores de la posada y los paisajes circundantes, musicalizado con la deliciosa banda sonora original compuesta por Jeanine Tesori. Resultó un poco largo, porque más allá del interés estrictamente decorativo intenté capturar también la historia de amor; aunque me cuidé muy bien de no develar el inesperado desenlace, para dejarles la espinita clavada a aquellas que aún no la hayan visto...

https://mega.co.nz/#!v49xnbID!tDW2wih796ftsmKYteCdgXVXpFFlwX8G6dTnsAZJzls

Y para terminar, me quedo con la frase que Adrienne le dice a su hija Amanda en una de las escenas finales, la cual para mí encierra una verdad que ninguna mujer debería olvidar (¡y me incluyo!):
"Existe otra clase de amor, Amanda.
Uno que te da el valor para ser mejor de lo que eres,
no menos de lo que eres.
Uno que te hace sentir que cualquier cosa es posible.
Quiero que sepas que tú puedes tener eso.
 Quiero que no te conformes con menos.
Quiero que sepas que te lo mereces."

¡Nos encontramos prontito!
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agosto 24, 2014

Casas de película: "Half light"

Como ya les he contado, últimamente mi pasatiempo favorito es rebuscar entre las películas que me han gustado en el pasado -mayormente bajadas de Internet y guardadas en discos, cuando no estaba tan candente el tema de los derechos de autor-, para volver a deleitarme con ellas en las nochecitas mientras descanso junto al fuego de la chimenea. 

Y en esta segunda o tercera mirada (bueno, a algunas las he visto mucho más de dos veces!), he descubierto que más allá del guión y las actuaciones, a menudo lo que me fascina es la ambientación, concretamente los paisajes y locaciones elegidas para servir de escenario a la acción que se narra. Este elemento, que en su momento operaba de modo casi subconsciente (eclipsado seguramente por la propia fuerza dramática del contenido) adquiere ante mi nueva perspectiva estética una importancia decisiva; tanto que a menudo me encuentro, apenas terminada la sesión cinematográfica, investigando obsesivamente en Internet dónde fueron filmadas y si existen REALMENTE las escenografías que se ven en la historia...

Ello me inspiró a crear una nueva sub-sección en el blog, destinada a mostrar mis "casas de película" favoritas. Y decidí empezar con una no muy conocida: se trata de "Half light" (traducida al español como "En la tiniebla"), un thriller del año 2006 que tiene como protagonista a Demi Moore y cuyos detalles técnicos pueden encontrar aquí

Seré honesta: no es lo mejor que he visto en mi vida (lo digo desde mi perspectiva de espectadora, sin pretensión de hacer una crítica de cine seria). Se trata de una historia bien lograda, que te mantiene en el borde de la silla hasta el final -aunque a algunos el desenlace les parece demasiado flojo-, basada en un suspenso mayormente psicológico, sin exceso de sangre ni efectos especiales de mal gusto. No obstante, el argumento aparece cargado de un tono lúgubre (incluyendo apariciones fantasmales del hijito de la protagonista, muerto trágicamente al inicio del filme) que no condice con mis preferencias y estado de ánimo actuales; debe ser cosa de la edad, pero siento que ya no estoy para sustos ni situaciones de corte sobrenatural como las que se plantean en la trama.

Sin embargo, al volver a verla entendí finalmente cuáles fueron los elementos que en verdad me enamoraron de esta película: en primer lugar, el personaje protagónico es una escritora (lo cual me provocó una inmediata identificación); en segundo, cuenta con una exquisita banda sonora instrumental de inspiración céltica, que la transporta a una casi levitando a lo largo de toda la cinta; y en tercero, está ambientada en una adorable cabaña rústica frente al mar, con vista a un bucólico faro...

Así que hoy, gracias al estupendo material fotográfico publicado por Julia en su página Hooked on Houses, tengo el placer de presentarles esta idílica "casa de película", ubicada en la costa inglesa de Cornualles, corazón de la cultura celta. Así es como se ve en la producción cinematográfica:

 




... y así es en la vida real:





Por cierto, si a alguien le interesa alquilarla para tomarse unas vacaciones o disfrutar de una escapada romántica (y está en condiciones de permitírselo), puede hacerlo a través de este sitio; lo que echarán de menos es la vista de la isla con el faro, que es una imagen generada por computadora para la película... (ya ves, Menchu, que la tuya sigue ganando con ventaja!!!)

Y bien, ¿cuál prefieren ustedes: la real o la "de película"? Yo definitivamente me quedo con la ambientación cinematográfica (a pesar de que luego de ver el filme, me daría un poco de escalofrío quedarme allí sola!). Igualmente y a los solos efectos inspiracionales, me tomé la libertad de editar algunas escenas de la peli -y unas cuantas piezas de la banda sonora compuesta por Brett Rosemberg- para elaborar un videoclip casero donde dejo fuera toda la parte macabra del libreto y "rearmo" la historia a mi manera... espero lo disfruten (recomiendo mirar el video directamente en Youtube y con la máxima resolución permitida, para apreciar mejor los detalles decorativos).

 

NOTA: Quienes hayan quedado con curiosidad -o sencillamente gusten del género- pueden ver la película completa en Youtube, doblada al español aquí y en su versión original con subtítulos aquí.
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abril 07, 2014

El jardín de mi madre


 "y así el jardín de mi madre se riega en la paz /
con las aguas de mi corazón..."
HÉCTOR MARCÓ

He andado un poco perdida de bloglandia estos días...

No, no es que las musas se hayan tomado vacaciones. La que me tomé el recreo fui yo, que suspendí momentáneamente la rutina hogareña -y el engalanamiento de mi cocina- para viajar a mi ciudad natal y pasar un par de días en la casa de mis padres, la misma que me vio nacer y crecer.

La distancia desde nuestro hogar hace que no nos veamos con tanta frecuencia como quisiéramos; pero precisamente por eso, las horas compartidas se hacen más disfrutables (especialmente viendo a mis padres, que ya cargan con algunos añitos a cuestas, disfrutar a sus anchas la compañía de su nieto más pequeño!)

 

Muchos recuerdos entrañables se agolpan en mi memoria cada vez que estoy en esa casa... tantos que no cabrían en un solo post. Pero esta noche no me siento con ganas de explayarme sobre eso; el cansancio y una cierta nostalgia me lleva a dejar el anecdotario para otro momento. Sin embargo, he querido compartir con ustedes una de las cosas que más amo de mis visitas al hogar paterno: contemplar el jardín de mamá.

 

Mi madre adora su jardín; de hecho, a lo largo de los años ha creado una especie de simbiosis entre ella y su pequeño universo verde, de tal manera que uno es capaz de notar los cambios en su ánimo simplemente mirando el estado de sus plantas. En invierno, cuando el frío y las heladas tornan dificultosa la tarea, mi madre parece languidecer un tanto, igual que sus amadas plantas; pero apenas la primavera le obsequia con jornadas más largas y cálidas que le permiten pasar largas horas dedicada a la jardinería, todo su espíritu rejuvenece y una sonrisa de orgullo se instala en su rostro con cada nuevo pimpollo que abre.

 
 

A veces desearía tener un poco de su habilidad para interactuar con el prolífico reino vegetal, inigualable maestro acerca de los ciclos de la Vida; pero mi naturaleza distraída -por no decir divagante- hace que me resulte muy difícil cuidar una planta por un tiempo prolongado. Por esa razón, cada vez que tengo oportunidad de contemplar ese delicado caleidoscopio multicolor que mi madre construye día tras día con amor y dedicación infatigable, mi espíritu se embarga de una profunda emoción, y me dejo llevar por su inefable sinfonía de tonalidades y aromas hasta sentir que mi Alma se ha tornado tan ligera y grácil como las abejas y los colibríes que revolotean entre las flores...

 

Por eso, en homenaje a mi madre y a su delicioso jardín, elegí estas imágenes (tomadas por mi compañero en diversas épocas del año) para compartir hoy con ustedes. Y aunque es un humilde regalo para todas quienes se acerquen a disfrutarlas, las quiero dedicar muy especialmente a mi entrañable amiga/hermana Serena, distante en kilómetros pero muy próxima a mi corazón, y a Pammie, cuyo amoroso espíritu se ha transformado en una nueva lucecita que alumbra mi Camino.

¡Un millón de bendiciones!

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Regresa pronto!!!

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