Esta vez vengo con una de mis favoritas: "Nights in Rodanthe" (traducida al español como "Noches de tormenta"), una película de 2008 dirigida por George C. Wolfe, basada en el best-seller de Nicholas Sparks, y protagonizada por Diane Lane y Richard Gere.
Del argumento no voy a contarles mucho porque -esta sí- les recomiendo que la vean (sobre todo a aquellas que, como yo, ya pasaron la cuarta década pero aún conservan una buena dosis de romanticismo en sus corazoncitos). La protagonista, Adrienne Willis, es una mujer que atraviesa una encrucijada existencial, con un marido infiel que quiere reanudar la relación, y una hija adolescente
que cuestiona todas sus decisiones. Dividida por sentimientos
encontrados, halla la oportunidad de escapar cuando una
vieja amiga le pide que se encargue de su posada en la costa durante un
fin de semana. Es temporada baja y el hotel debería estar vacío, de no ser por la
inusual llegada de un huésped solitario: Paul Flanner, médico
de la ciudad que hace tiempo sacrificó su familia
por su carrera, y que ha acudido a Rodanthe para hacerse cargo de una
difícil obligación y enfrentarse a su propia crisis de conciencia. Pronto estalla una gran
tormenta y los dos se acercan el uno al otro en busca de consuelo, e
inician un romance que cambiará sus vidas...
Es básicamente una historia de amor, aunque también tiene mucho que ver con las crisis de la mediana edad, el darse cuenta cómo a veces los avatares de la vida nos llevan a perdernos poco a poco a nosotros mismos, y la búsqueda del camino para reencontrarnos... En definitiva, una película que entretiene, emociona y hace reflexionar, contada en un lenguaje sensible y con interpretaciones convincentes, especialmente la de Diane Lane. No fue en su momento un éxito de taquilla y pasó más bien desapercibida para la crítica; pero para las que amamos estas historias de amor maduro (estilo "Los puentes de Madison") resulta más que disfrutable.
Ahora, vamos al tema central del post: la espectacular casa que sirve de escenario al drama romántico, llegando a transformarse en el "tercer personaje principal" de la historia. En la película lleva el nombre de Inn at Rodanthe y así se ve desde el exterior (las fotos son nuevamente cortesía de Hooked on Houses):
Y ahora, echemos un vistazo a los interiores: comenzando por la recepción...
...pasamos al comedor...
...y continuamos hacia la cocina...
...la "habitación azul" de Paul (con lavatorio incorporado)...
...el dormitorio de Jean, la amiga de Adrienne y dueña de la posada...
Y finalmente, el estudio de arte en el ático...
Investigando un poco en Internet, descubrí que tanto el pueblito de Rodanthe como la construcción en sí existen realmente en Hatteras Island, Carolina del Norte: la casa se llamaba originalmente "Serendipity", y tiene una historia bien interesante. Resulta que cuando la construyeron, en los años ochenta, tenía a su frente una franja costera de unos 70 metros; pero el mar fue avanzando paulatinamente, y para cuando se filmó la película ya se encontraba en ruinas, con la línea de la pleamar invadiendo los pilares sobre los que estaba edificada. Este era su aspecto luego de terminar la filmación:
Como pueden notar, sin los postigones azules, las terrazas y decks agregados para el filme, se veía bastante menos glamorosa. Pero eso no era lo peor: fue clausurada y declarada de riesgo público, ya que con cada nueva tormenta amenazaba derrumbarse y ser arrastrada por el oleaje...
Los propietarios intentaron venderla durante más de dos años sin éxito, y estaban a punto de darse por vencidos; pero entonces aparecieron Ben y Debra Huss, una pareja de fanáticos de la película, quienes decidieron intentar lo imposible: comprar "Serendipity", colocarla en un lugar seguro y restaurarla lo más similar posible a su versión cinematográfica. Y eso fue precisamente lo que hicieron; con maquinaria adecuada, retiraron la casa de sus cimientos originales, la montaron en un trailer y la trasladaron hasta su ubicación actual, a media milla de la franja costera...
Como la vez anterior, preparé un videoclip casero a los efectos de mostrar los interiores de la posada y los paisajes circundantes, musicalizado con la deliciosa banda sonora original compuesta por Jeanine Tesori. Resultó un poco largo, porque más allá del interés estrictamente decorativo intenté capturar también la historia de amor; aunque me cuidé muy bien de no develar el inesperado desenlace, para dejarles la espinita clavada a aquellas que aún no la hayan visto...
Y para terminar, me quedo con la frase que Adrienne le dice a su hija Amanda en una de las escenas finales, la cual para mí encierra una verdad que ninguna mujer debería olvidar (¡y me incluyo!):
"Existe otra clase de amor, Amanda.
Uno que te da el valor para ser mejor de lo que eres,
no menos de lo que eres.
Uno que te hace sentir que cualquier cosa es posible.
Quiero que sepas que tú puedes tener eso.
Quiero que no te conformes con menos.
Quiero que sepas que te lo mereces."
¡Nos encontramos prontito!


