La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

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diciembre 12, 2014

Algo hay que comer...


¡Hola, amigas blogueras! Seguramente algunas de ustedes han notado que mis visitas y comentarios a vuestras páginas se han espaciado un tanto durante las últimas semanas. Les doy mi palabra de que -a pesar de enfrentar un período inusualmente complicado en materia laboral- he intentado no perderme del todo; de hecho, he robado tantos minutos como me ha sido posible al tedioso pero necesario trabajo formal, para darme alguna vueltita rápida por Bloglandia y así no quedar completamente desactualizada de lo que se cocina en este universo virtual.

Por cierto, quizá sea buen momento para confesar mi no-tan-sana envidia ante el maravilloso despliegue de proyectos decorativos navideños que desbordan la web por estas fechas. Es que, aún amando profundamente todos los pequeños rituales que presagian la llegada de las tradicionales fiestas decembrinas, desde hace unos años se ha dado una circunstancia muy peculiar que retarda invariablemente mi entrada en "clima navideño": el Principito cumple años el 17 de diciembre, con lo que las primeras semanas del mes (que otrora dedicaba a los prolegómenos de la Navidad) ahora transcurren normalmente en medio de intensos -y a menudo caóticos- preparativos para dicho festejo; y recién después de superado ese trance, puedo permitirme el lujo de cambiar el chip y arrancar con el arbolito, las decoraciones y demás, ¡cuando ya todo el mundo tiene los suyos listos hace rato!

He ahí pues, la razón por la cual no se me ha visto con tanta frecuencia por aquí: este año la cosa va de TOY STORY, por lo cual el noventa y nueve por ciento de mis energías creativas (y de mis ratos libres) se abocan actualmente a traducir el espíritu de las películas favoritas del peque en un cumpleaños temático original, divertido y al mismo tiempo frugal, acorde a las exigencias de nuestro presupuesto familiar. Y a falta de manos solidarias que puedan auxiliar con la ambientación, los juegos y/o la comida (acá el ataque de no-tan-sana envidia va dirigido directamente a Juli "Mamy a la obra" y su bien dispuesta tribu de ayudantes en similares circunstancias), una servidora ha tenido que extremar el ingenio, las escasas dotes organizativas y el aprovechamiento del tiempo para hacer todo sola y procurar que el asunto llegue a una feliz culminación...

Pero de eso les contaré en detalle la semana que viene (obviamente no puedo estropear la sorpresa!). La historia venía al caso simplemente para explicar por qué, en un principio, pensé no intervenir en el Finde Frugal de esta semana; y es que, ¿de dónde sacar "un tiempito para crear algo lindo", cuando me acuesto y me levanto con la cabeza atiborrada de juguetes parlantes y sus insólitas aventuras? Pero horas más tarde, mientras interrumpía la sesión de cotillón casero para entrar a la cocina a preparar el almuerzo, tuve una revelación: por más ocupados que estemos, al fin y al cabo algo hay que comer... así que, ¿por qué no compartir la tradicional receta que voy a preparar, la cual además de simple resulta frugalísima porque los ingredientes principales provienen directamente de la huerta familiar? De modo que aquí parte directo a la fiesta de Marce la clásica tarta pascualina, tal como la preparamos por estos lares.

Primer paso: Cosechar las acelgas, que están en su momento de mayor esplendor...


Segundo paso: armar la masa de hojaldre, con la receta fácil y económica de mamá...

Ingredientes
2 tazas harina
2 cdas. polvo de hornear
1/2 taza aceite
1/2 taza agua tibia
pizca de sal

Colocar en un bol la harina tamizada con el polvo de hornear y la sal, hacer un hueco en el centro y añadir el aceite y el agua. Unir todos los ingredientes y amasar hasta obtener un bollo parejo y elástico. Dejar descansar 15 minutos, repartir en dos y estirar bien finita. Rociar con fécula de maíz, doblar en dos, volver a espolvorear y doblar de nuevo, y así sucesivamente hasta que nos quede un cuadradito pequeño (más o menos ocho dobleces). Estirar dándole la forma de la tartera. Repetir con la otra mitad.

Tercer paso: preparar el relleno...

Ingredientes
2 atados acelga
3 dientes de ajo
1 cebolla
1/2 morrón (pimiento) rojo
2 cdas. queso rallado
7 huevos (también orgánicos y caseritos, que nuestras gallinas son muy cumplidoras!)
sal, pimienta y orégano a gusto

Hervir ligeramente las acelgas en una olla grande con apenas suficiente agua para cubrirla. Mientras tanto, picar finamente la cebolla, el ajo y el morrón y rehogar en una sartén grande. Una vez que la acelga esté tierna, picar e incorporar al sofrito. Retirar del fuego y agregar el queso rallado, sal, pimienta y orégano, y 2 huevos para ligar. Mezclar muy bien todos los ingredientes.

Cuarto paso: armar la pascualina...

Forrar una tortera con la mitad de la masa de hojaldre, cuidando de que llegue hasta el borde del recipiente. Colocar el relleno, hacer pequeños huecos y disponer los restantes huevos crudos formando un círculo.


Pincelar la masa por los bordes interiores con huevo batido y colocar la tapa de masa hojaldrada. Unir bien ambas masas para que el relleno no escape, cortar el sobrante y realizar un repulgo. Pincelar con huevo batido y llevar a horno moderado hasta que esté bien dorada.


Último paso: despejar la mesa del comedor de todos los papeles, tijeras, pegamento y recortes de goma eva, que ya llega la pascualina calentita! (en realidad lo ideal sería dejarla enfriar antes de cortar, pero en casa este paso siempre lo salteamos porque la cocinera/artesana/party-planner nunca la prepara con suficiente anticipación para que los estómagos resistan la espera jajaja)


Y con esto me despido hasta la semana que viene, cuando -ya más aliviada del estrés- les muestre los pequeños detalles DIY del famoso cumpleaños... ahora trago el último bocado de pascualina y me embarco de regreso "al infinito y más allá"!

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junio 27, 2014

¡Hoy comemos brócoli!


Imaginen la escena: el día entero dando vueltas por el taller, revisando media docena de trabajos inconclusos a ver qué podría servir para compartir en el Finde Frugal; pero a todos les faltaba una dosis más o menos importante de trabajo, y la verdad es que hoy no estaba especialmente inspirada para terminar ninguno (no sé si a ustedes les pasa, pero cuando me pongo a trabajar sin ganas, a menudo acabo estropeando el proyecto... así que, a fuerza de lijar y repintar tropecientas veces los fallidos intentos de mis días "desganados", he aprendido que cuando las musas se toman libre, lo mejor que puedo hacer es imitarlas y dejar la labor para otro momento!)

"Y bueno, será la próxima semana", pensé con resignación, aunque todavía reticente a darme por vencida. En eso asoma la cabeza el Principito y pregunta, como todos los días:

- Mamá, ¿qué comemos hoy?
- Brócoli.- contesté sin pensarlo mucho.
- Pero mamá, a mí no me gusta el brócoli (levante la mano la que ya haya visto esta película!)
- Vas a ver cómo hoy sí te va a gustar...

Y entonces, de repente, me di cuenta que tal vez había buscado la inspiración en el lugar equivocado. ¿Por qué no salirme esta vez de la rutina de costuras y pinceles, y compartir en cambio esta tarta que preparé para el almuerzo, la única receta con brócoli que conozco a prueba de melindrosos paladares infantiles? 

Así que acompáñenme a la cocina, y les cuento el proceso de elaboración...

MASA
1 y 1/2 tazas de harina
1 cda. polvo de hornear
1 cdta. sal
1/4 taza de aceite 
1/2 taza de agua tibia

Mezclamos bien los ingredientes secos y hacemos un hueco en el centro donde añadimos el aceite y el agua, integrando lentamente hasta obtener una masa suave. Dejamos descansar 15 minutos y luego estiramos. OPCIONAL: se puede hojaldrar de la forma tradicional, espolvoreando con maicena y doblando varias veces; en lo personal la uso sin hojaldrar porque me gusta que forme una base compacta y crocante.

RELLENO
1 brócoli grande o 2 pequeños
450 g de ricotta
2 huevos
un trozo de panceta (opcional)
una cebolla
medio morrón rojo

Separamos las ramitas del brócoli y cocinamos al vapor o con poca agua por unos 10 minutos (hasta que esté tierno). Aparte desmenuzamos la ricotta en un tazón usando un tenedor, agregamos los huevos y mezclamos bien. Por otro lado picamos la cebolla y el morrón bien chiquitos y los sofreímos ligeramente junto con la panceta cortada en cubitos. Integramos la ricotta con el brócoli y el sofrito, y condimentamos con sal, pimienta y nuez moscada a gusto.

Forramos el fondo y los laterales de una tartera con la masa, rellenamos, espolvoreamos con queso parmesano rallado y llevamos a horno medio por unos 35-40 minutos, o hasta que observemos que los bordes de la masa y el queso rallado están doraditos... ¡y lista para ir a la mesa!


Como ven es un plato económico, fácil de preparar, muy nutritivo y especialmente sabroso, incluso para los más pequeños; por eso a ésta me la llevo a casa de Marce para compartirla con mis amigas blogueras... ¡Nos leemos por allá!

http://colorincoloradoblog.blogspot.com/

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enero 08, 2013

La primera cosecha

Hoy quiero contarles algo que no tiene que ver con estilo o decoración, pero sí con la filosofía de vida que mi familia y yo hemos adoptado desde hace un buen tiempo: volver a lo natural, aprender a vivir de una forma más simple y cuidadosa del medio ambiente, y procurarnos una alimentación sana y orgánica aún en medio de la ciudad. 

Reciclar y reutilizar siempre ha sido una constante en mi vida, desde que tengo memoria; pero hace relativamente poco tiempo mi pareja y yo decidimos extender el concepto a nuestra basura hogareña, separando los residuos orgánicos de los inorgánicos y destinando los primeros a la fabricación de abono natural (compost). Cuando iniciamos el proyecto, vivíamos en un apartamento minúsculo donde no teníamos lugar para plantas -de hecho, ¡apenas había espacio para el bebé!-; pero luego, al mudarnos a esta casa con su amplio patio, dispusimos de un ambiente más cómodo y adecuado para elaborar nuestro compost, y al cabo de unos meses teníamos suficiente como para pensar en iniciar una pequeña huerta. 

No fue fácil al principio: el patio trasero está cubierto en un enorme porcentaje por veredas de cemento, y el único espacio disponible para plantar era un cantero de aproximadamente un metro por tres y medio metros, parcialmente relleno con escombros que debimos remover y reemplazar con nuestra flamante tierra abonada -bueno, lo de "debimos" es una licencia literaria: en realidad, todo el trabajo lo hizo el hombre de la casa :)-. El primer intento fue con hierbas aromáticas: sembramos plantitas de albahaca, romero, menta, salvia, orégano, tomillo y estragón. No con mucho éxito, a decir verdad; en pocos días la mayoría de los plantines fueron diezmados por una colonia de hormigas instalada en el terreno vecino (¿acaso no decían que las aromáticas eran útiles precisamente para ahuyentar bichitos?) y lo que ellas dejaron, acabó devorado por alguna babosa intrusa cuyo paradero no pudimos localizar, a pesar de seguir las claras pistas que dejara a su paso.

Durante el invierno, nuestros afanes hortícolas estaban tan alicaídos que permanecimos en una especie de impasse, sin atrevernos a someter ninguna planta al rigor de las heladas; pero al llegar la primavera, decidimos que era un buen momento para volver a intentarlo. Esta vez elegimos a modo experimental zapallitos de tronco, lechugas, tomates y melones. Compramos semillas, plantamos de acuerdo a las instrucciones (las lechugas en almácigo, el resto en siembra directa), regamos y esperamos... Poco a poco, comenzaron a surgir pequeñas plantitas de lechuga en el almácigo, y para el tiempo que las colocamos en su sitio definitivo ya empezaban a nacer también las de zapallo, tomate y melón.

Almácigo de lechuga

Después de algunas semanas, la huerta comenzaba finalmente a cobrar forma...


Para mediados de diciembre, obtuvimos unas tiernas y sabrosas lechugas que sirvieron de acompañamiento en el almuerzo con el que festejamos el tercer cumpleaños de nuestro hijito (es bien sabido que la lechuga es el cultivo más estimulante para los principiantes, porque crece rápido y puede comerse apenas dos meses después de plantarla!). Pero la mayor sorpresa nos la llevamos al regresar de nuestras vacaciones junto al mar: los melones estaban floreciendo, la tomatera tiene ya unos cuantos pequeños frutos, y la zapallera -cubierta de flores cuando nos marchamos- mostraba ahora varios zapallitos enormes y brillantes, y otros tantos en proceso de crecimiento.

 

Así que esta semana, la gran vedette del menú familiar han sido... ZAPALLITOS DE LA HUERTA!!!


Lo puse junto a una regla para que puedan observar su tamaño...

Existen multiplicidad de platos que se pueden preparar con esta versátil y nutritiva hortaliza (para las amigas de otras latitudes, en algunos países se les llama también calabacines); pero hoy voy a explicar dos de los más tradicionales y sencillos: la tortilla de zapallitos y los zapallitos rellenos. Aunque nunca antes había incluido una receta de cocina en el blog, me pareció interesante compartirlas con ustedes...

TORTILLA DE ZAPALLITOS

Necesitaremos:
zapallitos medianos, 3 (en mi caso, con dos fue suficiente!)
cebolla, 1
huevos, 3
queso rallado, 4 cucharadas
aceite de oliva, cantidad necesaria
sal, pimienta y nuez moscada a gusto.

Lavar bien los zapallitos y retirar los troncos. Picar la cebolla muy fina, y saltear en una cacerola donde habremos calentado tres cucharadas de aceite de oliva. Cuando la cebolla está transparente, agregar los zapallitos cortados en dados pequeños, y continuar salteando hasta que estén tiernos (una vez retirados del fuego, de ser necesario escurriremos el agua que sueltan al cocinarse). Aparte batir los huevos, agregar el queso rallado e incorporar las verduras salteadas; sazonar con sal, pimienta y nuez moscada. Calentar una sartén con un poco de aceite de oliva, volcar la preparación y cocinar tapado, a fuego bajo. Cuando el huevo ha cuajado bien en los bordes, dar vuelta -con ayuda de un plato o tapa de olla- y cocinar del otro lado hasta que la tortilla esté bien dorada. ¡Listo!

Fuente: elpuntodelcaramelo.blogspot.com

ZAPALLITOS RELLENOS

Ingredientes: 

zapallitos, 4
carne picada de ternera, 500 g
cebolla, 1
morrón rojo, 1/2
huevos duros, 2
aceite o manteca, cantidad necesaria
queso rallado, 100 g
sal, pimienta y nuez moscada a gusto

Cocinar los zapallitos en abundante agua con sal hasta que estén tiernos. Retirar del fuego, cortar en mitades y ahuecar cuidadosamente con una cuchara, reservando la pulpa en otro recipiente; dejar escurrir boca abajo. Aparte picar muy finos la cebolla y el morrón rojo, sofreír en aceite o manteca y cuando empiezan a dorarse, incorporar la carne picada. Saltear muy bien hasta que la carne esté totalmente cocida. Agregar la pulpa de los zapallitos (a la que habremos previamente escurrido el exceso de agua y pasado por la procesadora durante unos segundos), la mitad del queso rallado y los huevos duros picados. Sazonar a gusto con sal, pimienta y nuez moscada. Colocar los zapallos ahuecados en una fuente para horno ligeramente aceitada, y rellenarlos cuidadosamente con la preparación. Espolvorear con el resto del queso rallado y llevar al horno hasta que el queso comience a gratinarse. Eso es todo... ¡a la mesa!

NOTA: En lugar de carne de ternera puede emplearse suprema de pollo, o proteína de soja para aquellos que los prefieren vegetarianos... los he probado de ambas formas, y quedan igualmente deliciosos.

 
 

Bueno, con esto me voy despidiendo porque ya se me abrió el apetito ;) Para la próxima prometo dejar momentáneamente la cocina y volver al cuarto de costura, donde tantos proyectos me esperan..

Bendiciones para tod@s, y nos "leemos" prontito.

* Participando en:

"Home Sweet Home" de The Charm of Home
"Old Time Party" de Old Time Farmhouse
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