¡Hola, amigas blogueras! Seguramente algunas de ustedes han notado que mis visitas y comentarios a vuestras páginas se han espaciado un tanto durante las últimas semanas. Les doy mi palabra de que -a pesar de enfrentar un período inusualmente complicado en materia laboral- he intentado no perderme del todo; de hecho, he robado tantos minutos como me ha sido posible al tedioso pero necesario trabajo formal, para darme alguna vueltita rápida por Bloglandia y así no quedar completamente desactualizada de lo que se cocina en este universo virtual.
Por cierto, quizá sea buen momento para confesar mi no-tan-sana envidia ante el maravilloso despliegue de proyectos decorativos navideños que desbordan la web por estas fechas. Es que, aún amando profundamente todos los pequeños rituales que presagian la llegada de las tradicionales fiestas decembrinas, desde hace unos años se ha dado una circunstancia muy peculiar que retarda invariablemente mi entrada en "clima navideño": el Principito cumple años el 17 de diciembre, con lo que las primeras semanas del mes (que otrora dedicaba a los prolegómenos de la Navidad) ahora transcurren normalmente en medio de intensos -y a menudo caóticos- preparativos para dicho festejo; y recién después de superado ese trance, puedo permitirme el lujo de cambiar el chip y arrancar con el arbolito, las decoraciones y demás, ¡cuando ya todo el mundo tiene los suyos listos hace rato!
He ahí pues, la razón por la cual no se me ha visto con tanta frecuencia por aquí: este año la cosa va de TOY STORY, por lo cual el noventa y nueve por ciento de mis energías creativas (y de mis ratos libres) se abocan actualmente a traducir el espíritu de las películas favoritas del peque en un cumpleaños temático original, divertido y al mismo tiempo frugal, acorde a las exigencias de nuestro presupuesto familiar. Y a falta de manos solidarias que puedan auxiliar con la ambientación, los juegos y/o la comida (acá el ataque de no-tan-sana envidia va dirigido directamente a Juli "Mamy a la obra" y su bien dispuesta tribu de ayudantes en similares circunstancias), una servidora ha tenido que extremar el ingenio, las escasas dotes organizativas y el aprovechamiento del tiempo para hacer todo sola y procurar que el asunto llegue a una feliz culminación...
Pero de eso les contaré en detalle la semana que viene (obviamente no puedo estropear la sorpresa!). La historia venía al caso simplemente para explicar por qué, en un principio, pensé no intervenir en el Finde Frugal de esta semana; y es que, ¿de dónde sacar "un tiempito para crear algo lindo", cuando me acuesto y me levanto con la cabeza atiborrada de juguetes parlantes y sus insólitas aventuras? Pero horas más tarde, mientras interrumpía la sesión de cotillón casero para entrar a la cocina a preparar el almuerzo, tuve una revelación: por más ocupados que estemos, al fin y al cabo algo hay que comer... así que, ¿por qué no compartir la tradicional receta que voy a preparar, la cual además de simple resulta frugalísima porque los ingredientes principales provienen directamente de la huerta familiar? De modo que aquí parte directo a la fiesta de Marce la clásica tarta pascualina, tal como la preparamos por estos lares.
Primer paso: Cosechar las acelgas, que están en su momento de mayor esplendor...
Segundo paso: armar la masa de hojaldre, con la receta fácil y económica de mamá...
Ingredientes
2 tazas harina
2 cdas. polvo de hornear
1/2 taza aceite
1/2 taza agua tibia
pizca de sal
Colocar en un bol la harina tamizada con el polvo de hornear y la sal, hacer un hueco en el centro y añadir el aceite y el agua. Unir todos los ingredientes y amasar hasta obtener un bollo parejo y elástico. Dejar descansar 15 minutos, repartir en dos y estirar bien finita. Rociar con fécula de maíz, doblar en dos, volver a espolvorear y doblar de nuevo, y así sucesivamente hasta que nos quede un cuadradito pequeño (más o menos ocho dobleces). Estirar dándole la forma de la tartera. Repetir con la otra mitad.
Tercer paso: preparar el relleno...
Ingredientes
2 atados acelga
3 dientes de ajo
1 cebolla
1/2 morrón (pimiento) rojo
2 cdas. queso rallado
7 huevos (también orgánicos y caseritos, que nuestras gallinas son muy cumplidoras!)
sal, pimienta y orégano a gusto
Hervir ligeramente las acelgas en una olla grande con apenas suficiente agua para cubrirla. Mientras tanto, picar finamente la cebolla, el ajo y el morrón y rehogar en una sartén grande. Una vez que la acelga esté tierna, picar e incorporar al sofrito. Retirar del fuego y agregar el queso rallado, sal, pimienta y orégano, y 2 huevos para ligar. Mezclar muy bien todos los ingredientes.
Cuarto paso: armar la pascualina...
Forrar una tortera con la mitad de la masa de hojaldre, cuidando de que llegue hasta el borde del recipiente. Colocar el relleno, hacer pequeños huecos y disponer los restantes huevos crudos formando un círculo.
Pincelar la masa por los bordes interiores con huevo batido y colocar la tapa de masa hojaldrada. Unir bien ambas masas para que el relleno no escape, cortar el sobrante y realizar un repulgo. Pincelar con huevo batido y llevar a horno moderado hasta que esté bien dorada.
Último paso: despejar la mesa del comedor de todos los papeles, tijeras, pegamento y recortes de goma eva, que ya llega la pascualina calentita! (en realidad lo ideal sería dejarla enfriar antes de cortar, pero en casa este paso siempre lo salteamos porque la cocinera/artesana/party-planner nunca la prepara con suficiente anticipación para que los estómagos resistan la espera jajaja)
Y con esto me despido hasta la semana que viene, cuando -ya más aliviada del estrés- les muestre los pequeños detalles DIY del famoso cumpleaños... ahora trago el último bocado de pascualina y me embarco de regreso "al infinito y más allá"!


