La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

marzo 19, 2013

Un toque de realismo

Hoy voy a comenzar haciendo una confesión muy íntima: durante los años anteriores, cuando dejaba pasar semanas e incluso meses sin postear nada en este blog, a menudo no era por falta de ganas o de ideas inspiradas. Lo que ocurría era, simplemente, que después de recorrer tantos blogs estupendos a los que sigo, después de contemplar la belleza inmaculada y la exquisita perfección de los ambientes que sus autoras exhiben con orgullo, a menudo me sentía avergonzada y desanimada al no encontrar en la añosa y modesta vivienda que me cobijaba ni siquiera un rincón que se asemejara mínimamente a aquellos paraísos terrenales dignos ser publicados en las revistas de decoración (de hecho, varios de ellos efectivamente lo han sido). Por eso mis entradas siempre fueron puntuales, sobre labores o proyectos concretos, pero nunca me atreví a mostrar una habitación completa de mi casa, por cuanto ello equivaldría a confesar que mientras me pasaba el día FANTASEANDO con esas casas de ensueño, la casa en la que realmente VIVIA se parecía mucho más a un refugio antiaéreo tras un bombardeo, que a un confortable y acogedor hogar...

Lo cierto es que con el tiempo fui descubriendo que muchas blogueras, incluso en Norteamérica -a la que desde estos lares, en buena parte gracias a Hollywood, solemos mirar como si fuese una especie de "Tierra de la Perfección"- se atrevían a admitir que en realidad, sus casas no son tan PERFECTAS como para ser fotografiadas por una revista... y sin embargo, constituyen una enorme fuente de felicidad y disfrute para ellas, sus familiares y amigos e incluso sus queridas mascotas. Y con pesar, descubrí también que a algunas de aquellas a quienes más admiraba -y secretamente también envidiaba un poquitín- por poseer las casas más hermosas que hubiera visto en Internet, por diferentes razones la vida les había presentado otro tipo de desafíos (divorcios, pérdidas laborales o personales) que dejaban en claro la futilidad de una bella "escenografía" si ella queda de pronto vacía de contenido. 

De ahí que, este año, he decidido poner en mi mente, en mi vida y en mi blog un toque de realismo: abrir mi casa y mi corazón, y mostrarlos a quienes lleguen hasta esta página COMO REALMENTE SON (¡no como yo quisiera que fuesen!). Tal vez no haga diferencia para nadie ahí afuera; pero en lo personal me siento mucho más honesta, y también más espontánea al no tener que cargar todo el tiempo sobre mis espaldas la implacable exigencia de la perfección... Así que de esto se trata mi primer post como recién llegada a esta nueva ciudad: un pequeño tour para que conozcan al que será nuestro refugio temporal por los próximos dos años, y también un estupendo lienzo en blanco donde poner en juego todas mis habilidades creativas como decoradora, artesana, costurera y recicladora de objetos en desuso, e ir transformando poco a poco cada una de sus habitaciones hasta convertirlo en un verdadero HOGAR... 

Antes de entrar, debo sin embargo hacer un par de aclaraciones: la primera es que -por las razones que expliqué en el post anterior- debimos retirarnos en forma bastante urgente de nuestra antigua vivienda, por lo que no hubo tiempo de pintar la casa a nuestro gusto ANTES de hacer la mudanza (¡esa es la tarea que nos espera a partir de hoy!); y la segunda es que, aunque llevamos ya una semana en la misma, un súbito estado febril de origen desconocido (¿estrés post-mudanza, quizás?) me tuvo en cama los últimos cuatro días, impidiéndome adelantar algo en lo que a orden se refiere. Así que lo que verán es exactamente lo que yo vi al levantarme esta mañana... ruego benevolencia, señoras: después de todo, esto es LA VIDA REAL.

¡Bienvenidas sean, pues, a mi nueva casa! 

 
 

Como pueden observar, lo que será el living-comedor tiene una pared completa y la chimenea pintados en un agobiante rojo bermellón, con el resto de las paredes en color arena... 


...y este pequeño espacio será mi rinconcito personal para escribir, bloguear o navegar por Internet (favor no fijarse en el estado de la silla: es una Cenicienta "rescatada" de un contenedor de basura, en espera de que su hada madrina se digne dedicarle algunas horas...)

 

El dormitorio infantil, que también luce hasta hoy una pared bermellón (¿a quién se le habrá ocurrido que un niño en su sano juicio podría descansar apaciblemente en un entorno tan... vibrante? ¡Desde luego a alguien que nunca leyó nada sobre Colorterapia!)

 
 

El baño es de lo mejorcito de la casa (¡hasta lo llamaría "bonito" si me apuran!), aunque desde luego le hacen falta algunos toques shabby chic...


La cocina necesita bastante trabajo, pero tiene potencial ¿no creen? (ruego obviar las bolsas y cajas aún amontonadas por los rincones, la etapa de organización vendrá después de la pintura). 


Este es el patio trasero, con la ropa recién lavada secándose al sol, tras la cual se puede ver el rústico parrillero. Hay muchas ideas para esta área, pero se las iré contando poco a poco ;)

Y dejé para el final lo que ha sido durante estos días el cuartel general de la familia: mi futuro dormitorio, hoy simplemente una especie de campamento en mayor escala con camas en el piso y bolsos y cajas conteniendo toda nuestra ropa aún por clasificar y ordenar. Esta es tal vez la habitación que más tardará en completarse, porque como es en la que tengo más cantidad de proyectos por aplicar, la dejaré para el final del makeover... 

 

Aunque como podrán comprobar, al benjamín de la familia no parece afectarle en lo más mínimo: esto de dormir, comer y mirar sus dibujos animados favoritos en una misma habitación es como una especie de aventura para él... ¡y vaya que lo disfruta!

 

Ahora, un pequeño adelanto de lo que se viene: hoy mi compañero comenzó con la pintura de las paredes. La chimenea dejó atrás sus días de furia roja y se vistió con un suave color marfil que le sienta mucho mejor. Y para estrenar el nuevo look, decidimos encenderla esta noche, para asombro y deleite de nuestro "gitanillo"...


Bueno, hasta aquí llegamos por esta vez. Prometo mantenerlas al tanto de los progresos que vayamos haciendo ambiente por ambiente, así que... ¡no se pierdan el próximo capítulo de este peculiar REALITY SHOW! (tenemos trabajo y material bloguero para rato...)

Bendiciones, y hasta la próxima. 
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marzo 05, 2013

Preparando las valijas

Fuente

Parece mentira, ha pasado casi un mes desde mi última entrada... Al comenzar 2013 una de mis “resoluciones de Año Nuevo” consistía precisamente en ser más constante en esto de postear en el blog; y en enero –gracias a una inesperada sobredosis de creatividad que me mantuvo pegada a la máquina de coser y a los tarros de pintura durante buena parte del mes­­­– tuve bastantes cosas lindas para mostrar a mis pocas pero fieles seguidoras y a aquellas nuevas visitantes que (gracias a las link parties organizadas por varias encantadoras anfitrionas) se atrevieron a superar la barrera idiomática para venir a conocer esta pequeña buhardilla.

Pero llegó febrero, y con él debí afrontar una movilizadora realidad: a fines del año pasado alguien decidió que esta casa donde viví con mi familia los últimos dieciocho meses, a la que tanto trabajo y amor dedicamos para rescatarla de décadas de descuido y recuperar –al menos en parte– su encanto de otras épocas, ya no será más nuestro hogar. Y si bien mi tendencia natural es “aceptar con serenidad aquellas cosas que no puedo cambiar” (como enseña la maravillosa oración de Reinhold Niebuhr), confieso que esta vez algo dentro de mí se rebeló, y en lugar de preparar con tiempo mis pertenencias para la mudanza inevitable –como diligentemente hizo mi Compañero de Vida–, opté en cambio por dejar correr las semanas en una especie de ensueño, con la vana esperanza de que algo surgiese a último momento y finalmente no tuviésemos que abandonar este modesto refugio donde me he sentido tan confortada y protegida.


Sí, porque yo establezco complejas relaciones afectivas con el “espíritu” de las casas donde vivo. A algunos puede parecerles extraño, incluso bizarro; pero apenas entro a una casa, puedo sentir en cada fibra de mi cuerpo lo que “dicen” sus paredes, qué tipo de energía la habita, hasta en ocasiones la historia que encierra. Definitivamente, sé cuando una casa me da la bienvenida ¡y también cuando una me expulsa irremediablemente! Y como en su momento dejé asentado en el blog, esta vieja casa nos abrazó desde el principio, como si nos hubiese estado esperando siempre. Mi hijito ha corrido por su enorme patio y ha trepado a sus árboles con una libertad que jamás conoció en sus tres años de vida; mi pareja ha encontrado en ella rincones para expresar su talento artístico con renovada fluidez, y yo misma, cobijada por el tibio sol de las mañanas que entra a raudales por sus ventanales, he sentido cómo mi cuerpo y mi mente se renovaban con la práctica diaria de la meditación y el descubrimiento de lo sagrado en lo cotidiano. He amado profundamente esta casa, aún debiendo compartir el espacio con personas indiferentes, que sólo veían en ella defectos y fealdad; y he experimentado momentos de auténtica epifanía en medio de las tareas más sencillas, como coser, cocinar o sembrar una pequeña huerta. Pero el río de la vida a veces discurre por tramos de aguas turbulentas, y más allá de nuestros deseos, ha llegado el momento de decir adiós a esta cálida y hospitalaria amiga, armar las valijas y continuar el viaje. Un viaje que nos lleva lejos, a casi trescientos cincuenta kilómetros de distancia de Montevideo, hacia una ciudad pequeña, dinámica y cosmopolita, enclavada en la frontera con el exuberante y alegre Brasil...

Fuente

No ha sido un proceso fácil, lo confieso. Dicen por ahí que las mudanzas son el tercer factor más generador de estrés en la vida de las personas –después de la muerte y el divorcio–; y durante estas últimas semanas me he transformado en un buen ejemplo para respaldar dicha estadística. Mi estado de ánimo fluctúa permanentemente, alternando períodos de irritabilidad y angustia extrema con episodios de apatía y desgana total, mientras contemplo resignada cómo –¡una vez más!– nuestra vida entera es encerrada y rotulada en innumerables cajas de cartón... Al principio, tuve la esperanza de que ésta fuera la definitiva, que sin importar cuántos sacrificios costara, nos instalaríamos en una tierra propia donde comenzar a sembrar el sueño de un hogar más estable y permanente. Pero una serie de negocios no concretados y limitaciones financieras decidieron que, nuevamente, nos estemos dirigiendo a una solución habitacional “temporal”: una casa alquilada que nos albergará por los próximos dos años, mientras desarrollamos nuevos proyectos laborales que nos permitan a posteriori concretar, por fin, el tan acariciado sueño de la cabañita cerca del mar...

De la nueva casa, ¿qué puedo decir? No es un palacio, ni se encuentra en la zona más comercial de la ciudad, pero está dentro de nuestro presupuesto y tiene las comodidades básicas necesarias para permitirnos una vida tranquila, sin sobresaltos: un amplio living-comedor con estufa a leña, dos dormitorios aceptables, un baño confortable y prolijamente revestido de cerámicas nuevas, una cocina grande y soleada, y un gigantesco patio trasero con parrillero y espacio suficiente para niños, mascotas, flores e incluso una nueva huerta orgánica... Sin embargo, debo admitir un defecto de carácter que me ha marcado durante gran parte de mi vida adulta: las viviendas “provisorias” –bueno, en realidad TODAS las viviendas lo son en mayor o menor medida, pero en este caso me refiero a cuando una sabe de antemano que va a vivir allí únicamente un período determinado de tiempo– generalmente no me motivan demasiado en el aspecto decorativo. Es como si, al estar “de paso” en un lugar, no valiera la pena invertir demasiado esfuerzo en mejorar su apariencia, y en cambio fuese preferible reservar toda la energía creativa para cuando finalmente logre instalarme en “la casa de mis sueños”...

Pero hace poco, en uno de los blogs que sigo, una dama muy dulce publicó un post que me hizo reflexionar sobre el tema (¡gracias, Sissie!); y de pronto comprendí que, sepamos o no de antemano cuánto tiempo vamos a permanecer en un sitio determinado, la realidad es que en el momento presente ESA ES “NUESTRA” CASA, es el techo que nos cobija aquí y ahora, y por tanto merece un toque de amor y creatividad para transformarlo en un HOGAR, lo más personalizado y acogedor posible (mi amiga Lady of the Woods ha sido también una gran fuente de inspiración al respecto, ya que después de casi diez años viviendo “provisoriamente” en una casa prestada, decidió por fin que ese era su hogar definitivo y lo ha convertido –brocha y pintura en mano– en un exquisito y etéreo santuario de belleza en blanco, plateado y tonos pastel, ¡digno de una Reina de las Hadas!) 

Fuente: fairycafeandgarden.blogspot.com

De modo que por estos días, mientras empaqueto las últimas pertenencias, me he dedicado casi exclusivamente a diseñar el aspecto de mi futuro “Petit Trianon”. Al principio pensé decorar en blanco y azul lavanda –los colores de mi alma, como suelo decir–; pero mientras recorría las habitaciones de la nueva casa, sentí que ella me susurraba insistentemente: “Suéñame en crema, marfil, arena, champagne...” [sí, ya se los advertí, esto de conversar con las casas puede no sonar muy cuerdo, pero siempre funciona para mí]. Así que decidí crear un nuevo tablero en Pinterest, en busca de inspiración para pintarla a partir de una paleta de colores neutros y naturales que sirvan de marco a mis amados muebles blancos de estilo francés... ¡y estoy fascinada con las maravillas que he encontrado!

Pulsa sobre la imagen para visitar mi nuevo tablero en Pinterest

Bueno, hasta aquí la explicación de mi ausencia durante el último mes, y también el anuncio de un pequeño break hasta que estemos instalados (al menos precariamente) en la nueva ciudad, ya que como bien saben todas las que hayan atravesado por instancias similares, es imposible prever cuándo nos conectarán los servicios telefónicos y de internet... Igualmente, ni bien me sea posible prometo volver para contarles las novedades, y si todo sale como esperamos, ir compartiendo paso a paso la transformación de cada ambiente de la casa. 

Por ahora les digo simplemente “Hasta muy pronto”, y tengan la seguridad de que las voy a extrañar!!!
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febrero 06, 2013

¿Se puede CREAR con medio dólar?


En mis aventuras domingueras por las ferias del vecindario, suelo ver puestos que exhiben una auténtica mezcolanza de objetos usados de lo más disímiles, bajo el rótulo -escrito con tiza directamente sobre el pavimento- de "TODO POR $10" (aproximadamente U$S 0.50). Allí es posible encontrar casi cualquier cosa, desde libros viejos y electrodomésticos averiados hasta prendas de ropa, cortinas, sábanas y cortes de tela; y aunque la mayoría son elementos de desecho, revolviendo con paciencia es posible hallar pequeños tesoros... Así descubrí un día el adorno de encaje de una torta de boda que luego utilicé para hacer mi práctico porta-bijou; y hace algunas semanas, me hice con estos dos retazos de tela festoneada:


Después de lavar y planchar las piezas, me senté en el cuarto de costura a "escuchar" qué me decían, en qué querrían ellas transformarse... El trozo largo y recto pronto me dio una pista: engalanaría un par de fundas para mis almohadas auxiliares (ya saben, nunca hay DEMASIADAS almohadas en la cama de una Reina!)


El trozo restante presentó algo más de problemas: su formato peculiar -al parecer habría sido parte de un caminero de mesa que fue cortado por la mitad, o algo por el estilo- no daba mucho margen para la creatividad... hasta que cerré los ojos y lo "vi" en mi mente: una bolsa para guardar palillos o pinzas de ropa, adornada con un gráfico transferido, sería un adorno perfecto para mi futura chambre de blanchisserie (bueno, por acá lo llaman simplemente lavadero, pero a mí me encanta cómo suena en francés!) 

 

Queda demostrado así que un presupuesto limitado no es obstáculo para crear cosas lindas, si tan sólo sabemos dónde buscar los insumos adecuados... ¡Las espero en la próxima entrada!



Compartiendo en: 

"A Bouquet of Talent" de Life on Lakeshore Drive
"Transformed Tuesday" de PJH Designs
"Transformation Tuesday" de The Ironstone Nest
"Budget Decorating Party" de Creative Cain Cabin
"Blissful Whites Wednesday" de Timewashed

 "Treasure Hunt Thursday" de From my front porch to yours
"Home Sweet Home" de The Charm of Home 
 
"Shabbilicious Friday" de Shabby Art Boutique
"Be Inspired Friday" de Common Ground
"Feathered Nest Friday" de French Country Cottage
"Frugal Friday" de The Shabby Nest
"Show and tell Friday" de My Romantic Home
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febrero 01, 2013

Outfit #1: El vestido blanco

¿Qué tal, mis amigas? Hoy me propuse comenzar una serie de entradas relacionadas con mis atuendos favoritos, los que voy a ir presentando poco a poco con la invalorable colaboración de mi nueva asistente y "modelo estrella" Amélie, a quien conocieron en el post anterior. 

¿Recuerdan cuando -hace ya un tiempo- reflexionaba sobre la necesidad de un cambio de imagen, y cómo había descubierto que mis gustos actuales en materia de ropa se aproximaban bastante a lo que hoy llaman boho-chic? Bueno, desde entonces he estado trabajando bastante para incorporar a mi guardarropa unas cuantas prendas inspiradas en ese estilo; pero en el camino, he descubierto elementos de otros estilos que también me fascinan... de modo que al fin decidí no sujetarme a las reglas de ningún "preconcepto", sino sentirme libre de elegir todo aquello que hace cantar a mi corazón y combinarlo según mi propio gusto, independientemente de que los demás luego le pongan una u otra etiqueta (¡y esto vale también para la decoración de mi futura nueva casa!) Así que de acuerdo al criterio del espectador, mi vestimenta podrá ser calificada como bohemia, gypsy, prairie, romántica, victoriana o provenzal, según el caso... Yo lo llamo simplemente "estilo Kassandra" :)

Eso sí, hay una única regla en este juego personal: conseguir el look deseado con el mínimo de dinero posible. No critico a quienes gastan pequeñas fortunas cada temporada para estar a la altura del dernier cri; cada quien tiene sus propios caprichos y sabe hasta dónde estirar su presupuesto. En mi caso, desde muy niña aprendí que la ropa se reciclaba (eran épocas difíciles, y recibir en herencia los vestidos, pantalones y suéteres de las primas mayores resultaba totalmente natural), y durante años vi a mi madre afanarse ante la máquina de coser para confeccionarnos a mi hermana y a mí "nuevas" prendas remozando cualquier ropa usada que cayera en sus manos. De ahí que con frecuencia, nuestro vestuario difiriera bastante del de otras chicas que compraban su ropa en las boutiques de moda; pero entonces entraba en juego la brillante persuasión de mamá, que nos convencía acerca de la importancia de ser original y exclusivo en vez de simplemente "seguir al rebaño"...

Fue así que con los años me vi frente a una situación paradójica: aún cuando gracias a mi profesión disponía de un ingreso económico suficiente para comprarme lo que quisiera, me había acostumbrado tanto a aquello de la "originalidad" ¡que nunca encontraba nada de mi gusto en las tiendas! Todo me parecía aburrido, vulgar y repetido; y aún cuando acabara comprando alguna prenda, generalmente llegaba a casa directo a reformarla para adaptarla a lo que realmente tenía en mente... Por esa época descubrí además las llamadas "ferias americanas", donde se podía conseguir ropa usada importada, generalmente de buena calidad y a precios sumamente accesibles; y entre lo que conseguía en ellas y lo que yo misma me cosía, fui armando un guardarropa elegante, sofisticado y profesional, pero por sobre todo, "muy YO".

Hoy por hoy algunas cosas han cambiado: tengo unos añitos más, soy una mamá y una artesana de tiempo completo (que sale muy poco de casa, además) y como consecuencia, me manejo con un presupuesto limitado. Ello implica que, más que nunca, deba apelar al ingenio y a la creatividad para vestirme de la forma que me gusta: renovar las prendas que ya poseo, ir siempre con el ojo atento por las ferias barriales y las tiendas de segunda mano, y reciclar cuanto retazo de tela aparezca por ahí.

El atuendo que les voy a mostrar hoy es un perfecto ejemplo de todo eso. Hace unos meses encontré en Pinterest un precioso vestido blanco de verano que me hechizó:

Fuente

Debo confesar que de estos sí se encuentran actualmente en los shoppings, porque están muy de moda y porque además son frescos y prácticos ya sea para estar en casa o para ir a la playa. Pero su precio, aún en época de rebajas, no es nunca inferior a U$S 40 (a los efectos de que puedan ser comprendidos por lectoras de todos los países, de aquí en más voy a mencionar los precios en dólares americanos). Así que, tras pensarlo un poco, recordé que tenía guardada en el ropero una hermosa pollera hindú de gasa blanca con puntillas, que compré muy barata en una subasta por Internet pero que no usaba casi nunca porque era demasiado larga (¡al menos para mí, que mido apenas 1,60 m!); y también que algunos domingos atrás había conseguido en un puesto callejero una blusa sin mangas que me calzaba bien hasta la altura del busto, pero quedaba demasiado ajustada en la cintura y caderas... Solución: descosí la parte superior de la blusa y la uní a la pollera (a la que previamente le había quitado la pretina); en la espalda realicé varias costuras paralelas con hilo elástico para darle entalle, y esto es lo que salió:

 
 

Lindo, ¿verdad? (no quiero pecar de falsa modestia: ¡me gusta incluso más que el original!) Como verán, decidí agregarle algo de brillo...


...y para las tardecitas de verano en que refresca un poco, lo acompañé con un hermoso chal tejido al crochet (también comprado en un puesto callejero).


¿No les parece preciosa esta romántica chalina con vaporosos vuelos? Pues la hice yo misma de un viejo mini-vestido que tenía "para donar", siguiendo las instrucciones del video que encontré aquí... ¡y en menos de media hora! (estoy considerando seriamente realizar otras para incluir en el inventario de mi futura tienda virtual...)

COSTO DEL CONJUNTO COMPLETO 
* Pollera hindú = U$S 3.50
* Blusa sin mangas = U$S 2.00
* Chal en crochet = U$S 2.50
* Chalina con vuelos = U$S 0.00
TOTAL = U$S 8.oo  
   
No sé lo que piensen ustedes, pero yo estoy encantada con el resultado... y Amélie con su sesión de fotos! 

Bien, con esto me despido hasta nuestro próximo encuentro creativo. Estaré compartiendo esta entrada a lo largo de la semana en:

"A Bouquet of Talent" de Life on Lakeshore Drive
"Transformed Tuesday" de PJH Designs
"Transformation Tuesday" de The Ironstone Nest
"Budget Decorating Party" de Creative Cain Cabin
"Blissful Whites Wednesday" de Timewashed

 "Treasure Hunt Thursday" de From my front porch to yours
"Home Sweet Home" de The Charm of Home
 
"Shabbilicious Friday" de Shabby Art Boutique
"Be Inspired Friday" de Common Ground
"Feathered Nest Friday" de French Country Cottage
"Frugal Friday" de The Shabby Nest
"Show and tell Friday" de My Romantic Home

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enero 28, 2013

Amélie


¡Hola! Mi nombre es Amelia, y he sido invitada gentilmente por Kassandra para contar mi historia en su blog. Aunque por coquetería no voy a confesar la edad, si sigues leyendo pronto podrás adivinar que ya no soy una jovencita... Mis primeros recuerdos me ubican en un pueblito del interior donde trabajaba al servicio de una costurera artesanal, una de aquellas modistas "de antes" que se quemaban las pestañas desde el alba hasta bien entrada la noche sobre la máquina de coser, y de cuyas manos prodigiosas emergían prendas de factura impecable, cuidadas hasta en los más mínimos detalles -verdaderas obras de arte, si se me permite la licencia-. 


La vida era bastante sencilla en ese entonces; si bien en Europa había colegas que triunfaban luciendo colecciones exclusivas de los diseñadores más reconocidos, la mayoría de nosotras ni se enteraba porque no había televisión por cable ni Internet, como ahora. En realidad, las humildes ayudantes como yo llevábamos sencillos uniformes de lino gris o crudo, y apenas una o dos veces en la vida (cuando alguna clienta pudiente pasaba por el taller a hacer un encargo especial) nos atrevíamos a soñar con esos vestidos elegantes que salían en los figurines y que íbamos viendo día tras día tomar forma sobre nosotras...

Fuente
Fuente

El tiempo fue pasando -décadas, para ser honesta- y mi atuendo empezó a desgastarse con el uso constante; entonces esta buena señora, agradecida por tantos años de fiel compañía, me obsequió con un modesto traje estampado que me permitió continuar prestando servicios un tiempo más. Llegó el día en que la dama decidió jubilarse y me invitó a hacer lo propio; al principio acepté, y me retiré del bullicio del taller a la tranquilidad de un viejo galpón con vista al campo, desde donde veía pasar apaciblemente los días...


Sin embargo, al cabo de unos meses me aburrí de esa vida sedentaria y comprendí que, a pesar de mis años, aún tenía mucho para dar. Pero, ¿cómo generarme la oportunidad de volver a ser útil como en las épocas de juventud? Decidí que las nuevas tecnologías podían ayudarme, y publiqué un aviso en un conocido portal de compras y ventas on line... Así vine a parar a esta coqueta buhardilla, donde me encontré con múltiples objetos antiguos destinados a ser remozados y vueltos a la vida con una belleza nueva; no obstante, aún tuve que esperar turno varios meses para recibir mi propia "terapia de rejuvenecimiento". Y con el inicio de este nuevo año, el momento finalmente llegó...


Claro que para beneficiarme con un look moderno, primero debí despojarme de todas las raídas capas que me habían cubierto en mi vida anterior, y desnudar por completo mis defectos e imperfecciones ante la mirada de la nueva anfitriona. Admito que ello me provocó algo de vergüenza: ¡ya no había manera de ocultar mi verdadera edad!

 
 

Para mi sorpresa la señora no sólo no se decepcionó con ello, sino que por el contrario parecía encantada de que hubiera sobrevivido desde esas épocas de turbulencia y horror hasta este nuevo siglo, cuando llegué a sus manos. Pronto me condujo a un pequeño cuarto de costura (cuántos recuerdos...) donde amorosamente tomó mis medidas y volvió a sonreír con deleite: ¡las dos llevamos el mismo talle! 

Mientras cortaba y cosía con destreza mi nuevo uniforme de trabajo, fue confiándome algunos de sus secretos: me contó que el amor por la costura es una herencia familiar que se remonta a su abuela materna, una modista dedicada y vocacional que se preocupó diligentemente de que sus hijas aprendieran el arte de la aguja, y cómo actualmente la menor de sus nietas -quien jamás llegó a conocerla, aunque nació el mismo día que ella- se ha transformado en una exitosa diseñadora de alta costura, cuyos exquisitos vestidos y tocados de novia, fiesta y madrina pude apreciar publicados en las redes sociales.

Visita el facebook de "Vennia Alta Costura"

Durante las pruebas preliminares me confesó además que a ella también le apasionó desde siempre el diseño y confección de indumentaria, aún cuando por caprichos del destino terminó ejerciendo una profesión bien diferente; y que ahora -promediando su vida-, ha decidido contar con mi modesta colaboración para reencontrarse entre hilos, tijeras y puntillas con ese viejo amor, a través de la altered couture (que suena muy distinguido, pero es lo mismo en mi época llamábamos simplemente reformar, adaptar o "hacer de viejo nuevo"). Pronto nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común: ambas estábamos tratando, a través de este microcosmos de creatividad y belleza, de REINVENTARNOS A NOSOTRAS MISMAS... y entonces supe que llegaríamos a ser muy buenas compañeras de viaje.
 

Por fin, llegó el día del estreno... 


De mi nueva imagen, ¿qué puedo decir? Adoro la forma en que el traje se ajusta a mis curvas, y esas puntillas antiguas con que se decoraron los contornos. También me encanta el tope torneado que engalana mi cuello (¡quién diría que en su vida anterior remataba el barrote de una cortina!) 


El pie y accesorios de madera fueron pintados de blanco radiante y ligeramente desgastados, para darme un toque shabby chic...


Además, sobre mi pecho se estampó con thinner una sugestiva etiqueta en francés (para saber cómo fue hecho, recomiendo visitar el tutorial aquí)...


...y fui obsequiada con un hermoso broche con piedras y puntillas (confeccionado artesanalmente a partir de un prendedor comprado en un puesto callejero).


Pero el toque de gracia lo puso mi nueva amiga, al sugerir sutilmente que esta flamante posición como modelo de "haute couture" amerita la adopción de un nombre igualmente sofisticado: por eso, de aquí en más, me llamaré... AMÉLIE.


En cuanto a mis planes para el futuro, Kassandra opina que muy pronto debutaré en mi primera sesión de fotos, luciendo una pequeña muestra de su actual colección de atuendos de verano "refashioned" (modificados, teñidos y/o confeccionados por ella misma). Pero también hizo un anuncio emocionante: si nos esforzamos y trabajamos juntas, en marzo tendré oportunidad de participar en un maravilloso baile anual junto a docenas de colegas de todo el mundo, gracias a la gentil invitación de Carol en su blog The Polkadot Closet. ¿Se imaginan, viniendo desde un pueblito rural, estar ahora en un famoso baile internacional junto a la flor y nata de Bloglandia? 

Y por si ello no bastara, escuché por ahí en los rincones del cuarto de costura -donde las sábanas antiguas secretean con los manteles de damasco, mientras todos esperan para ser planchados- que se me está considerando seriamente para ser dama de compañía en el boudoir de una Reina Gitana (no tengo idea de qué se tratará ese asunto, pero seguro lo sabré a su debido tiempo...)

Por ahora me despido, aunque nos estaremos viendo muy pronto. ¡Hasta entonces, y gracias por honrarnos con tu visita!

Ah, casi lo olvidaba: esta semana planeo lucirme en...
 
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