La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

marzo 05, 2013

Preparando las valijas

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Parece mentira, ha pasado casi un mes desde mi última entrada... Al comenzar 2013 una de mis “resoluciones de Año Nuevo” consistía precisamente en ser más constante en esto de postear en el blog; y en enero –gracias a una inesperada sobredosis de creatividad que me mantuvo pegada a la máquina de coser y a los tarros de pintura durante buena parte del mes­­­– tuve bastantes cosas lindas para mostrar a mis pocas pero fieles seguidoras y a aquellas nuevas visitantes que (gracias a las link parties organizadas por varias encantadoras anfitrionas) se atrevieron a superar la barrera idiomática para venir a conocer esta pequeña buhardilla.

Pero llegó febrero, y con él debí afrontar una movilizadora realidad: a fines del año pasado alguien decidió que esta casa donde viví con mi familia los últimos dieciocho meses, a la que tanto trabajo y amor dedicamos para rescatarla de décadas de descuido y recuperar –al menos en parte– su encanto de otras épocas, ya no será más nuestro hogar. Y si bien mi tendencia natural es “aceptar con serenidad aquellas cosas que no puedo cambiar” (como enseña la maravillosa oración de Reinhold Niebuhr), confieso que esta vez algo dentro de mí se rebeló, y en lugar de preparar con tiempo mis pertenencias para la mudanza inevitable –como diligentemente hizo mi Compañero de Vida–, opté en cambio por dejar correr las semanas en una especie de ensueño, con la vana esperanza de que algo surgiese a último momento y finalmente no tuviésemos que abandonar este modesto refugio donde me he sentido tan confortada y protegida.


Sí, porque yo establezco complejas relaciones afectivas con el “espíritu” de las casas donde vivo. A algunos puede parecerles extraño, incluso bizarro; pero apenas entro a una casa, puedo sentir en cada fibra de mi cuerpo lo que “dicen” sus paredes, qué tipo de energía la habita, hasta en ocasiones la historia que encierra. Definitivamente, sé cuando una casa me da la bienvenida ¡y también cuando una me expulsa irremediablemente! Y como en su momento dejé asentado en el blog, esta vieja casa nos abrazó desde el principio, como si nos hubiese estado esperando siempre. Mi hijito ha corrido por su enorme patio y ha trepado a sus árboles con una libertad que jamás conoció en sus tres años de vida; mi pareja ha encontrado en ella rincones para expresar su talento artístico con renovada fluidez, y yo misma, cobijada por el tibio sol de las mañanas que entra a raudales por sus ventanales, he sentido cómo mi cuerpo y mi mente se renovaban con la práctica diaria de la meditación y el descubrimiento de lo sagrado en lo cotidiano. He amado profundamente esta casa, aún debiendo compartir el espacio con personas indiferentes, que sólo veían en ella defectos y fealdad; y he experimentado momentos de auténtica epifanía en medio de las tareas más sencillas, como coser, cocinar o sembrar una pequeña huerta. Pero el río de la vida a veces discurre por tramos de aguas turbulentas, y más allá de nuestros deseos, ha llegado el momento de decir adiós a esta cálida y hospitalaria amiga, armar las valijas y continuar el viaje. Un viaje que nos lleva lejos, a casi trescientos cincuenta kilómetros de distancia de Montevideo, hacia una ciudad pequeña, dinámica y cosmopolita, enclavada en la frontera con el exuberante y alegre Brasil...

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No ha sido un proceso fácil, lo confieso. Dicen por ahí que las mudanzas son el tercer factor más generador de estrés en la vida de las personas –después de la muerte y el divorcio–; y durante estas últimas semanas me he transformado en un buen ejemplo para respaldar dicha estadística. Mi estado de ánimo fluctúa permanentemente, alternando períodos de irritabilidad y angustia extrema con episodios de apatía y desgana total, mientras contemplo resignada cómo –¡una vez más!– nuestra vida entera es encerrada y rotulada en innumerables cajas de cartón... Al principio, tuve la esperanza de que ésta fuera la definitiva, que sin importar cuántos sacrificios costara, nos instalaríamos en una tierra propia donde comenzar a sembrar el sueño de un hogar más estable y permanente. Pero una serie de negocios no concretados y limitaciones financieras decidieron que, nuevamente, nos estemos dirigiendo a una solución habitacional “temporal”: una casa alquilada que nos albergará por los próximos dos años, mientras desarrollamos nuevos proyectos laborales que nos permitan a posteriori concretar, por fin, el tan acariciado sueño de la cabañita cerca del mar...

De la nueva casa, ¿qué puedo decir? No es un palacio, ni se encuentra en la zona más comercial de la ciudad, pero está dentro de nuestro presupuesto y tiene las comodidades básicas necesarias para permitirnos una vida tranquila, sin sobresaltos: un amplio living-comedor con estufa a leña, dos dormitorios aceptables, un baño confortable y prolijamente revestido de cerámicas nuevas, una cocina grande y soleada, y un gigantesco patio trasero con parrillero y espacio suficiente para niños, mascotas, flores e incluso una nueva huerta orgánica... Sin embargo, debo admitir un defecto de carácter que me ha marcado durante gran parte de mi vida adulta: las viviendas “provisorias” –bueno, en realidad TODAS las viviendas lo son en mayor o menor medida, pero en este caso me refiero a cuando una sabe de antemano que va a vivir allí únicamente un período determinado de tiempo– generalmente no me motivan demasiado en el aspecto decorativo. Es como si, al estar “de paso” en un lugar, no valiera la pena invertir demasiado esfuerzo en mejorar su apariencia, y en cambio fuese preferible reservar toda la energía creativa para cuando finalmente logre instalarme en “la casa de mis sueños”...

Pero hace poco, en uno de los blogs que sigo, una dama muy dulce publicó un post que me hizo reflexionar sobre el tema (¡gracias, Sissie!); y de pronto comprendí que, sepamos o no de antemano cuánto tiempo vamos a permanecer en un sitio determinado, la realidad es que en el momento presente ESA ES “NUESTRA” CASA, es el techo que nos cobija aquí y ahora, y por tanto merece un toque de amor y creatividad para transformarlo en un HOGAR, lo más personalizado y acogedor posible (mi amiga Lady of the Woods ha sido también una gran fuente de inspiración al respecto, ya que después de casi diez años viviendo “provisoriamente” en una casa prestada, decidió por fin que ese era su hogar definitivo y lo ha convertido –brocha y pintura en mano– en un exquisito y etéreo santuario de belleza en blanco, plateado y tonos pastel, ¡digno de una Reina de las Hadas!) 

Fuente: fairycafeandgarden.blogspot.com

De modo que por estos días, mientras empaqueto las últimas pertenencias, me he dedicado casi exclusivamente a diseñar el aspecto de mi futuro “Petit Trianon”. Al principio pensé decorar en blanco y azul lavanda –los colores de mi alma, como suelo decir–; pero mientras recorría las habitaciones de la nueva casa, sentí que ella me susurraba insistentemente: “Suéñame en crema, marfil, arena, champagne...” [sí, ya se los advertí, esto de conversar con las casas puede no sonar muy cuerdo, pero siempre funciona para mí]. Así que decidí crear un nuevo tablero en Pinterest, en busca de inspiración para pintarla a partir de una paleta de colores neutros y naturales que sirvan de marco a mis amados muebles blancos de estilo francés... ¡y estoy fascinada con las maravillas que he encontrado!

Pulsa sobre la imagen para visitar mi nuevo tablero en Pinterest

Bueno, hasta aquí la explicación de mi ausencia durante el último mes, y también el anuncio de un pequeño break hasta que estemos instalados (al menos precariamente) en la nueva ciudad, ya que como bien saben todas las que hayan atravesado por instancias similares, es imposible prever cuándo nos conectarán los servicios telefónicos y de internet... Igualmente, ni bien me sea posible prometo volver para contarles las novedades, y si todo sale como esperamos, ir compartiendo paso a paso la transformación de cada ambiente de la casa. 

Por ahora les digo simplemente “Hasta muy pronto”, y tengan la seguridad de que las voy a extrañar!!!

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Regresa pronto!!!

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