La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

agosto 24, 2014

Casas de película: "Half light"

Como ya les he contado, últimamente mi pasatiempo favorito es rebuscar entre las películas que me han gustado en el pasado -mayormente bajadas de Internet y guardadas en discos, cuando no estaba tan candente el tema de los derechos de autor-, para volver a deleitarme con ellas en las nochecitas mientras descanso junto al fuego de la chimenea. 

Y en esta segunda o tercera mirada (bueno, a algunas las he visto mucho más de dos veces!), he descubierto que más allá del guión y las actuaciones, a menudo lo que me fascina es la ambientación, concretamente los paisajes y locaciones elegidas para servir de escenario a la acción que se narra. Este elemento, que en su momento operaba de modo casi subconsciente (eclipsado seguramente por la propia fuerza dramática del contenido) adquiere ante mi nueva perspectiva estética una importancia decisiva; tanto que a menudo me encuentro, apenas terminada la sesión cinematográfica, investigando obsesivamente en Internet dónde fueron filmadas y si existen REALMENTE las escenografías que se ven en la historia...

Ello me inspiró a crear una nueva sub-sección en el blog, destinada a mostrar mis "casas de película" favoritas. Y decidí empezar con una no muy conocida: se trata de "Half light" (traducida al español como "En la tiniebla"), un thriller del año 2006 que tiene como protagonista a Demi Moore y cuyos detalles técnicos pueden encontrar aquí

Seré honesta: no es lo mejor que he visto en mi vida (lo digo desde mi perspectiva de espectadora, sin pretensión de hacer una crítica de cine seria). Se trata de una historia bien lograda, que te mantiene en el borde de la silla hasta el final -aunque a algunos el desenlace les parece demasiado flojo-, basada en un suspenso mayormente psicológico, sin exceso de sangre ni efectos especiales de mal gusto. No obstante, el argumento aparece cargado de un tono lúgubre (incluyendo apariciones fantasmales del hijito de la protagonista, muerto trágicamente al inicio del filme) que no condice con mis preferencias y estado de ánimo actuales; debe ser cosa de la edad, pero siento que ya no estoy para sustos ni situaciones de corte sobrenatural como las que se plantean en la trama.

Sin embargo, al volver a verla entendí finalmente cuáles fueron los elementos que en verdad me enamoraron de esta película: en primer lugar, el personaje protagónico es una escritora (lo cual me provocó una inmediata identificación); en segundo, cuenta con una exquisita banda sonora instrumental de inspiración céltica, que la transporta a una casi levitando a lo largo de toda la cinta; y en tercero, está ambientada en una adorable cabaña rústica frente al mar, con vista a un bucólico faro...

Así que hoy, gracias al estupendo material fotográfico publicado por Julia en su página Hooked on Houses, tengo el placer de presentarles esta idílica "casa de película", ubicada en la costa inglesa de Cornualles, corazón de la cultura celta. Así es como se ve en la producción cinematográfica:

 




... y así es en la vida real:





Por cierto, si a alguien le interesa alquilarla para tomarse unas vacaciones o disfrutar de una escapada romántica (y está en condiciones de permitírselo), puede hacerlo a través de este sitio; lo que echarán de menos es la vista de la isla con el faro, que es una imagen generada por computadora para la película... (ya ves, Menchu, que la tuya sigue ganando con ventaja!!!)

Y bien, ¿cuál prefieren ustedes: la real o la "de película"? Yo definitivamente me quedo con la ambientación cinematográfica (a pesar de que luego de ver el filme, me daría un poco de escalofrío quedarme allí sola!). Igualmente y a los solos efectos inspiracionales, me tomé la libertad de editar algunas escenas de la peli -y unas cuantas piezas de la banda sonora compuesta por Brett Rosemberg- para elaborar un videoclip casero donde dejo fuera toda la parte macabra del libreto y "rearmo" la historia a mi manera... espero lo disfruten (recomiendo mirar el video directamente en Youtube y con la máxima resolución permitida, para apreciar mejor los detalles decorativos).

 

NOTA: Quienes hayan quedado con curiosidad -o sencillamente gusten del género- pueden ver la película completa en Youtube, doblada al español aquí y en su versión original con subtítulos aquí.
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agosto 22, 2014

Desnuda ante el espejo

"La Venus del espejo", pintura de Diego Velázquez (1647-1651)

Drástica. Extremista. Intransigente. Radical.

Esos son sólo algunos de los adjetivos con los que la gente que me conoce bien -léase esas amigas con quienes comparto hasta las experiencias más banales- suelen calificar mi actitud ante el mundo. Y en muchos aspectos, no dejan de tener razón: como lo resumiera hace años una de estas "hermanas elegidas", suelo tomarme la vida demasiado en serio, y cualquier evento (hasta el más prosaico, como la comida que se quema o una información oída al pasar en el noticiero) a menudo me sume en hondas cavilaciones existenciales. Es una especie de obsesión por encontrar las razones profundas -a veces muy enterradas- de todo lo que sucede, como si mi cabeza hubiera sido programada de fábrica con una serie de "¿por qués?" que parecen activarse automáticamente ante el más nimio acontecimiento, provocando una catarata de pensamientos con la consiguiente batería de emociones asociadas.

Supongo que en parte se debe a mi temperamento típicamente escorpiano que me vuelve polemista, cuestionadora y amiga de andar siempre buscándole "la quinta pata al gato"; o quizá tenga que ver con una educación severa, basada en un desmedido concepto de la excelencia (donde obtener una calificación escolar un punto menos que Sobresaliente era motivo de preocupación familiar...). Lo cierto es que mi mente funciona con una serie de estándares perfeccionistas muy difíciles de erradicar; y cuando me encuentro con que la realidad cotidiana no responde a mis conceptos de blanco/negro, sino que existe una infinita variedad de grises, siento una insatisfacción casi visceral y una inmediata reacción de "¿por qué? ¿qué es lo que estoy haciendo MAL?" (como si el funcionamiento del mundo entero dependiera exclusivamente de lo que YO haga o deje de hacer!!!)

Cuando inauguré este blog, allá por febrero de 2011, tenía un propósito bastante definido: cambiar radicalmente mi vida laboral y personal, adentrarme de lleno en la aventura de rescatar tesoros olvidados (muebles, ropa, objetos diversos) y renovarlos "a mi estilo", generándome así una fuente de ingresos que me proporcionara mayores satisfacciones -nunca disfruté realmente de mi profesión de abogada, asumida por imposición familiar- y que pudiera desempeñar desde casa, para al mismo tiempo vivenciar full time el crecimiento de mi único hijo. En suma, empecé el blog para mí, sin tener demasiada conciencia (y sin importarme demasiado, tampoco) de los "otros" que eventualmente pudieran leerlo. Y durante el primer año, realmente lo disfruté. No tenía un guión preestablecido ni una frecuencia determinada para postear: publicaba cuando tenía tiempo y ganas, cuando me sentía inspirada por algo en particular, o simplemente cuando necesitaba ordenar mis pensamientos... Pero sobre todo, era una excusa válida para dedicar energía a lo que constituye mi auténtica pasión desde que tengo memoria: ESCRIBIR (sobre lo que sea!)

Para el segundo año, algunas cosas cambiaron. La REALIDAD era que mi proyectado negocio de restauraciones seguía siendo un mero proyecto, que continuaba ganándome la vida en un trabajo que detestaba y viviendo en una casa que estaba muy lejos del modelo "perfecto" exhibido por la mayoría de los blogs que seguía entonces (mayormente norteamericanos). Y eso me provocaba una frustración muy difícil de manejar, al punto de sumirme en una depresión profunda, aunque sutilmente enmascarada... Casi sin darme cuenta, empecé a disociar la vida virtual de la real, y mi consigna bloguera pasó a ser "Yo también tengo una casa de revista" (mentira patética basada en complejas producciones escenográficas al mejor estilo Hollywood, que barrían bajo la alfombra la verdadera apariencia de mi hogar, mucho más "imperfecto", desordenado y caótico); hasta que el estrés originado en esa doble vida me llevó a plantearme por primera vez abandonar definitivamente el blog...

Volví, pero con una óptica diferente: cambié el ambiente virtual "primermundista" por una comunidad en mi mismo idioma, con realidades económicas y expectativas creativas mucho más afines a las mías; conocí mujeres que aceptan a diario el desafío de poner pequeños toques de belleza en su entorno sin arruinar el presupuesto familiar en el intento, y sobre todo, aprendí que una vida frugal no necesariamente está reñida con el disfrute pleno, que muchas veces la felicidad auténtica reside precisamente en pequeños detalles cotidianos... Y una vez más, por algún tiempo lo disfruté sin cuestionamientos, como lo que supuestamente debería ser (y de hecho sé que lo es para muchas de mis nuevas amigas): un divertimento para la mente y una fuente de inspiración para el ansia creativa.

No obstante, transcurrido cierto lapso mi manía perfeccionista entró nuevamente en escena y empezó a crearse su imagen de cómo actuaría una bloguera sobresaliente: debería escribir sobre un tópico específico o al menos sobre un rango determinado de temas (los que los "seguidores" vienen buscando); hacerlo con metódica regularidad y sin repetirse; acompañar el texto con una producción fotográfica original, acorde a la temática elegida; responder amablemente y en riguroso orden a los comentarios dejados en cada entrada, buscar la manera de aumentar las visitas y los seguidores participando religiosamente en las "fiestas virtuales"... y sobre todo, mantener un respetuoso decoro y mesura a la hora de manifestar emociones o ventilar asuntos demasiado personales, al mejor estilo de Elinor en "Sensatez y sentimientos" (¿se nota que me he estado castigando duro con películas de época?)

Lo intenté, de veras que sí; pero el problema con la manía de la excelencia es que tiene un corolario tenebroso: "si no eres capaz de hacerlo PERFECTO, no vale la pena siquiera que lo intentes" (sé que a muchas puede sonarles exagerado y hasta difícil de creer, pero esa traumática impronta infantil me ha privado a lo largo de la vida de cosas tan simples y básicas como... aprender a andar en bicicleta!). Así que, cuando por distintas circunstancias debí asumir que definitivamente no soy -ni seré nunca- ese modelo de bloguera que racionalmente había elaborado; que mi mente va años luz más rápido que mis manos y que la mayoría de los proyectos que imagino jamás cobrarán forma física, el primer impulso fue rendirme y renunciar una vez más (¿la definitiva?) Después, en un rapto de súbita inspiración, atribuí ese persistente desasosiego a la melancolía invernal, y decidí que lo más saludable sería desconectarme por un tiempo para "dejarme fluir sin culpas con el ritmo de la Vida, permitiendo que la modorra me envuelva como una manta tibia mientras saboreo una taza de chocolate con canela sentada junto al fuego, mirando viejas películas con la gata acurrucada en la falda y el peque jugando a mi lado sobre la alfombra" (ahora que lo releo, suena hasta romántico, ¿no es verdad?)

Pues no, nunca es tan fácil cuando una posee una mente retorcida. Drástica. Extremista. Intransigente. Radical. 

El demonio perfeccionista que vive dentro de mi cabeza no podía tolerar que simplemente me resignara a ser mediocre (el peor insulto del que te podían hacer objeto dentro de mi familia) y a disfrutar "sin culpas" este período de simple relax. No; la CULPA estaba allí, agazapada entre las sombras, cual depredador hambriento al acecho; y como bien dice Louise Hay -mi primera y más influyente maestra de metafísica- "la culpa busca castigo y el castigo genera dolor"... así que apenas unos días después del poético manifiesto con el que culminaba el post anterior, un desafortunado accidente de tránsito me dejó con la cara desfigurada y la parte superior de las manos terriblemente lastimada (aunque por fortuna sin fracturas o lesiones de mayor gravedad, como las que mantienen a mi pobre hermana todavía convaleciente). 

Conclusión: no he podido terminar ni un solo proyecto en el taller, ni depurar los armarios, ni revisar las cajas del garage, ni ordenar las herramientas ni ninguna otra de las tareas que me proponía realizar durante mis "vacaciones blogueras". Y si me he dedicado a mirar viejas películas acurrucada en el sofá, no ha sido por puro placer sino más bien para olvidar momentáneamente mi monstruoso aspecto y el punzante dolor en las manos... Pero esas largas horas de inactividad forzosa me han llevado también -como siempre- a cuestionarme seriamente el por qué de las cosas que han ocurrido. Verán: aunque aquí no suelo explayarme demasiado sobre temas espirituales (para esos divagues filosófico-existenciales tengo otro blog, "Mi Alma Hechicera"), soy una firme creyente en la Ley de Atracción y en que son nuestros pensamientos los que crean nuestra realidad, tanto en sus mejores aspectos como en los peores. Por tanto, ante un evento de estas características, mi primera pregunta fue: "¿Por qué car... me generé ESTO?"  

Al día siguiente del accidente...

Y teniendo en cuenta que las heridas no afectaron ninguno de mis órganos o funciones vitales sino únicamente la apariencia exterior, la respuesta no se hizo esperar demasiado: es evidente que algo no está bien en la "cara" que le muestro al mundo, que de algún modo no-tan-simbólico necesité "destruir mi rostro público" para literalmente dejar asomar lo que está por debajo de la piel, las cosas que realmente me importan, las que desafían mi capacidad de reflexión y van construyendo día a día, ladrillo a ladrillo y piedra sobre piedra, la PERSONA que soy en realidad (la cual, por cierto, es mucho más compleja que un simple "¡Miren qué bonita manualidad hice esta semana!").

Por eso, no se sorprendan si la tónica de mi blog cambia ligeramente de aquí en adelante. Es que ya no pienso limitarme a postear sobre artesanías o decoración (aunque sigan siendo mis temas predilectos) sino que, regresando un poco a los orígenes, me propongo escribir sobre cualquier cosa que me ocupe la mente o haga cantar a mi corazón en ese momento puntual. O incluso escribir por el simple placer de hacerlo, sintiendo cómo las palabras fluyen naturalmente desde mis dedos a la pantalla de la computadora, cómo se combinan en frases y cómo esas frases se van ordenando para dar aunque sea una vaga forma al torbellino de ideas que permanentemente bulle en mi cabeza y a menudo me desvela hasta altas horas de la madrugada... en suma, volver a escribir para mí, desnudando poco a poco trocitos de mi Alma ante este espejo virtual, cada vez que sienta la necesidad de hacerlo. 

Puede que a algunas de las amigas que llegan a la buhardilla buscando únicamente ideas decorativas, toda esta charla introspectiva se les haga pesada, aburrida y poco atractiva; al fin y al cabo, se trata de exploraciones personales que no tienen por qué interesarle a nadie más. A las que así lo sientan, desde ya las dispenso respetuosamente de cualquier compromiso en materia de seguimiento o comentarios (después de todo, de eso se trata el asunto: ¡acabar con las obligaciones autoimpuestas!). 

Y a quienes, por el contrario, no les importe tanto el "protocolo blogueril" y sí en cambio estén dispuestas a una charla más intimista, a compartir genuinas experiencias de vida (aún aquellas que, como el selfie de más arriba, eventualmente puedan herir su sensibilidad) en vez de limitarse a pasar la última receta casera de pintura tiza, les doy nuevamente la bienvenida... 

Nos encontramos prontito.
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agosto 06, 2014

Nuevos paradigmas en educación: un encuentro con Ana Thomaz

[Ana Thomaz es brasileña, educadora y madre de tres hijos; 
trabaja activamente en pro de la desescolarización de niños y adultos.]

“Desescolarizar es estar abierto a lo imposible. Nacemos llenos de posibilidades concretas, y con un mundo de imposibilidades a nuestro frente; somos lo desconocido, lo que no se puede prever. Toda la creación original parte de este criterio, de lo imprevisto. Escolarizar significa formatear, encuadrar, limitar y programar lo que no puede ser programado, impidiendo así que lo imposible se torne real, que lo nuevo suceda, que un mundo nuevo se cree”.

“En la relación con nuestros niños, necesitamos evitar esa tendencia, confiando en el poder de su naturaleza, y proporcionando el espacio que necesitan para vivir sus verdades más íntimas y profundas. Nosotros las “matamos” a los pocos años cuando los rotulamos o calificamos: «mi hijo es muy esto o lo otro» (tímido, agresivo, orgulloso…), cuando los reprimimos («no hagas eso o aquello, no seas de esa manera o de esta otra manera, no hables»), los reprendemos, juzgamos, condenamos, esperamos que se comporten de un modo específico («sé bueno, sé educado, di adiós, da las gracias, no hagas caras feas, etc. »)”

“Cada ser es único y debe ser respetado en toda su singularidad, sentirse libre de coacción y no estar ahí para cubrir las expectativas de nadie, tampoco de la sociedad. Dejemos que nuestros hijos sean lo que son, sin cuestionar si eso es bueno o malo, acertado o equivocado. Así, permitimos que la creación acontezca en su plenitud, y que lo imposible se torne real a través de ellos.”

“Para nosotros, los padres, adultos plenamente escolarizados y esquematizados, el ejercicio de desafío es volver a ser libres. Anular nuestras reacciones automáticas cargadas de prejuicios y creencias arraigadas, la herencia de miedo y control que recibimos de nuestros padres, y estar abiertos para confiar totalmente en nuestra historia, dejando que ella fluya y se desenvuelva sin represiones. Tenemos que abandonar los viejos patrones y expectativas. Aceptar la aventura de estar sumergidos en el presente, sin esperar garantías o temer castigos. Debemos tener la receptividad y el coraje necesarios para que lo nuevo se cree. Eso, por sí solo, no es una tarea fácil y exige lo máximo de nuestra entrega como seres humanos dispuestos a transformarse.”

“Durante muchos siglos estuvimos aprisionados en la fase del conocimiento, según Espinoza, cuando encuadramos todo lo que vemos en la medida de lo que ya conocemos; a esto él le llama fase de la consciencia, que debe ser traspuesta para poder inaugurar la fase de creación. Durante nuestro encuentro fuimos invitados a reflexionar en conjunto sobre nuestras prioridades, y a pensar hasta dónde estamos dispuestos a modificar nuestros hábitos para operar los cambios que queremos en el mundo para nuestros hijos.”

“Mientras tanto, los niños se involucran con la naturaleza y la atmósfera, descubren el mundo por medio de los sentidos, en perfecta alineación corporal, respetando sus propios ritmos, instintos y deseos, con la seguridad de que estarán bien cuidadas y atendidas sus necesidades. No es necesario que alguien los guíe en sus actividades; su curiosidad innata hace que avancen naturalmente rumbo a la integración y al conocimiento. Nosotros conversamos y reafirmamos que la institución escolar es un lugar de estandarización, donde no hay sitio para que las individualidades florezcan. El ritmo es dictado por el más rápido, el tiempo está mecánicamente dividido, el cuerpo pierde su alineación natural, siendo obligado a pasar tantas horas por día en posiciones incómodas, sin libertad para ir, venir y expresarse, y para los verdaderos descubrimientos.”

“Ahora ya sabemos todo eso, sabemos lo que no queremos. Por tanto, de aquí en más lograr algún cambio es un camino arduo. Tenemos un futuro abierto por delante, y lo que vendrá está en nuestras manos, por lo menos esperamos poder contar con esa autonomía. No es del día para la noche que se modifica un sistema que ya opera desde hace más de 500 años. No tenemos la pretensión de convencer a nadie, sólo esperamos encontrar el mejor camino y que nos sea devuelto el derecho de decisión sobre nuestras vidas y las de nuestros hijos. Sabemos que en este sendero no hay garantías, en cuanto vamos en sentido perpendicular al del orden establecido. Sólo seguimos con la confianza de que tal vez la unión sea el camino más probable, por eso vamos uniendo ideas, nutriendo sueños, regando esperanzas, para que con suerte un día podamos compartir la cosecha. Hasta ahora, sabemos que es preciso crear espacios y situaciones ricas para el aprendizaje, en conjunto con la comunidad, en un sistema de vida integrado. No queremos morir ni matar a nuestros hijos de hambre de conocimiento. Sólo queremos el derecho de escoger qué comer y cuándo, de acuerdo con la naturaleza de cada uno, y que podamos ser cada vez más nosotros mismos, para componer un mundo cada vez más rico y abierto a la diversidad.”

[Tomado del blog “Vivendo y aprendendo”: www.vivendo-e-aprendendo.com/2011/06/26/encontro-com-ana-thomaz/. Los subrayados son originales, la traducción es nuestra.]
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agosto 01, 2014

Winter blues

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Acabo de asumir que el invierno y yo no congeniamos.

A diferencia del otoño (mi estación favorita entre todas por su clima benévolo y su prodigalidad de tonalidades) o de la primavera (que me torna pletórica de entusiasmo con su profusión de verdes y aromas), o incluso del verano que llega para renovar mi romance perpetuo con el mar y la arena, el invierno me sume en una suerte de letargo abúlico, como si mi energía vital decayera hasta un nivel mínimo, apenas suficiente para cumplir con las funciones básicas -incluyendo las de mamá full time, que no son pocas ni livianas-, pero sin que sobre nada para destinar a esas actividades "de puro placer" que hasta apenas dos meses atrás eran en gran medida el motor de mi rutina cotidiana. La ciencia, que se empeña en etiquetar hasta los últimos resquicios de nuestro comportamiento, le ha puesto a este fenómeno un nombre de lo más sofisticado: "Trastorno afectivo estacional" -en inglés seasonal affective disorder, más conocido por su sigla SAD-; pero en el lenguaje común los anglosajones lo llaman de una forma más sugestiva y romántica: winter blues (melancolía invernal).

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Lo advertí con toda claridad hace un par de días, cuando haciendo una revisión de entradas antiguas, constaté la existencia de una suerte de "patrón", de modus operandi repetido año tras año desde que inicié mi aventura blogueril: más o menos por esta época -semanas más, semanas menos- caigo en la cuenta de que postear se me ha vuelto más un deber autoimpuesto que un verdadero placer; que los días se suceden implacablemente sin que tenga cosas realmente novedosas para mostrar o comentar, y que la tónica general de lo que escribo se tiñe de una impronta nostálgica, incluso pesimista. Hace tres años culpé a la maternidad y todas sus abrumadoras responsabilidades, hasta entonces desconocidas para mí; hace dos, atribuí la depresión y el fastidio que me embargaba al hecho de verme forzada a compartir los espacios de intimidad familiar con un grupo de post-adolescentes egoístas y descuidados que no me daban respiro con sus reclamos; el año pasado, directamente me sumí en un hondo cuestionamiento existencial acerca de la actividad bloguera, que se me había vuelto en gran medida "sobreactuada" y carente de espontaneidad. De hecho, cuando por fin me decidí a escribir acerca de lo que sentía, lo hice con la convicción de que ése sería el último post que vería la luz en este blog...

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Y sin embargo vez tras vez, pasado algún tiempo de descanso físico y mental, pero sobre todo descartada la supuesta obligación de ser una "buena" bloguera (entendiendo por tal a la que se toma el tiempo y se impone la disciplina de publicar con regularidad para no decepcionar a sus seguidores), un día cualquiera renacen las ganas de retomar el contacto con este maravilloso universo virtual, de visitar a las amigas que tanto me enriquecen con sus talentos artísticos y su calidad humana, de volver a crear y compartir las pequeñas cosas que me hacen feliz.

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Así que este año he optado por una solución más simple: en vez de resistirme, cuestionarme o buscar "afuera" las causas de este decaimiento periódico, sencillamente he decidido ACEPTAR que en esta época -a semejanza de la Madre Naturaleza- mi cuerpo, mi mente y mi Alma necesitan bajar las revoluciones, hacer una pausa y permitir que los ritmos vitales se ralenticen para acomodarse a las bajas temperaturas y la escasez de luz natural. Y ello implica la necesidad de tomarme unas "vacaciones invernales blogueras", para recargar las pilas y regresar con nuevos bríos apenas asome la primavera...

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No es que me vaya a desconectar del todo (aunque no habría nada de malo en ello!); probablemente continúe recorriendo los blogs amigos para chusmear en qué andan mis compinches frugaleras, y a ratos me sumergiré en Pinterest en busca de imágenes bellas e inspiradoras, una de mis escasas "adicciones inconfesables". Y también aprovecharé para ponerme al día con esas tareas que están desde hace rato en mi lista de pendientes: hacer inventario de los tropecientos objetos varios que todavía se esconden en las cajas del garage a la espera de su extreme makeover; ordenar telas, puntillas y encajes que se amontonan en el armario de las costuras; limpiar y depurar la biblioteca y el guardarropa -siguiendo la ya famosa regla de "guardar-regalar-tirar"-; organizar y clasificar herramientas, insumos y abalorios en mi rincón creativo.

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Pero sobre todo, me dejaré fluir sin culpas con el ritmo de la Vida, permitiendo que la modorra me envuelva como una manta tibia mientras saboreo una taza de chocolate con canela sentada junto al fuego, con la gata acurrucada en la falda y el peque jugando a mi lado sobre la alfombra, quizá mirando por enésima vez "Practical Magic", "Under the Tuscan sun", "Nights in Rodanthe" o cualquiera de esas viejas películas que me deleitan el espíritu (gracias Menchu querida, por ayudarme a entender y a desdramatizar... ¿para qué quiero un sicoanalista, si cuento con amigas sabias, sensatas y entusiastas como tú?)

¡Bendiciones para todas, nos reencontramos en septiembre!

[PD: hablando de Pinterest, no pude resistirme al juego de palabras del título -blues significa "melancolía" pero también es el plural de "azul"- y en consecuencia a ilustrar este post con imágenes de esos azules desvaídos, etéreos y atemporales que hacen cantar a mi corazón...]
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Sólo para mujeres

Este video contiene muchos de los conceptos en los que creo y que deben ser difundidos con prontitud, para que lleguen a tantas mujeres como sea posible...

¡ES HORA DE RECUPERAR NUESTRA ESENCIA!

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julio 18, 2014

Un marco para los recuerdos...

Suena ligeramente poético, ¿verdad? Pero no, contrariamente a lo que podría imaginarse, no voy a darles lata con ninguna charla almibarada sobre nostalgias del pasado ni nada que se le parezca. Por el contrario, la propuesta de hoy es bien práctica: restaurar molduras faltantes en los marcos antiguos.


¿Recuerdan cuando les conté que tenía en mi garage dos cajones repletos de estos marcos esperando renovación? Bien, a un par de ellos les tocó el turno esta semana... Son los clásicos que solíamos ver en las casas de nuestras abuelas conteniendo las fotos familiares, de madera con molduras de yeso que por lo general se doraban a la hoja para darles mayor realce. A estos dos, idénticos, de buen tamaño y con una textura bastante original, los conseguí en una feria vecinal hace años -por cierto, venían con los retratos de unos graciosos niñitos, los cuales guardé "por si acaso" ya que tienen ese encanto vintage que está tan de moda hoy en día-; y desde el momento mismo en que llegaron a mis manos visualicé exactamente lo que quería hacer con ellos. El único problema era que a uno le faltaban trozos de las molduras en las esquinas... 

Antes de continuar con el relato, aclararé que las fotos del "antes" -que por milagro me había acordado de tomar- desaparecieron misteriosamente de mi cámara al acabársele las baterías, así que sólo podré ilustrar el proceso desde la mitad hasta el final. En fin, el caso es que investigando un poco en Internet, descubrí que existen productos especiales para fabricar moldes (como pueden observar en este blog); pero como no pude conseguirlos donde vivo, apelé a una conocida masilla epoxi -la misma que usamos en casa para sellar los caños que pierden, y que consiste en dos componentes que se amasan hasta lograr una consistencia bien homogénea-.


El procedimiento es muy sencillo: elegí una de las molduras sanas para que me sirviera de modelo, la unté con vaselina en pasta y le apliqué una generosa cantidad de masilla epoxi, la cual dejé secar varias horas hasta que estuvo bien sólida. Al retirarla cuidadosamente, esto fue lo que obtuve:


A continuación simplemente llené el molde con yeso, dejé fraguar y así logré las nuevas molduras para mis marcos, las cuales pegué en los faltantes con cola vinílica de carpintero.

 

Lo siguiente fue pintar enteramente los marcos con látex blanco, y luego aplicar la pátina de barniz acrílico + grafito en polvo, que ya me vieron usar en el cuadro con textura...

 

...y retirar de inmediato el exceso con un paño húmedo. En la imagen siguiente se puede apreciar en detalle cuál es el efecto logrado con la pátina:



Ahora, había llegado el momento de "enmarcar los recuerdos", como adelanté en el título. Tenía por ahí guardada la que fuera mi primera taza de té favorita, encontrada (como no podía ser de otra manera) en la feria de mi barrio, que imitaba bellamente los paisajes campestres pintados en azul tan típicos de la porcelana inglesa Willow.


Resulta que, después de acompañarme fielmente durante varios años, sufrió un par de accidentes que la dejaron bastante maltrecha...


...así que, tras tenerla un tiempo guardada en el cajón de los "porsi", finalmente opté por efectuarle una cirugía radical con la ayuda de otra de mis herramientas irreemplazables: el mini-torno.

 

Con mucho cuidado y paciencia, fui cortando el perfil de la taza con el disco de corte, justo por el borde del asa (mojándola con frecuencia para evitar el recalentamiento; este es un tip básico para cortar o agujerear piezas de porcelana). Una vez separadas las dos partes de la taza, adherí la mitad sana al platillo con pegamento de dos componentes, y este fue el resultado:

 

Ahora, sólo era cuestión de preparar una base para mis cuadros; para ello corté rectángulos de cartón resistente y los forré con tela de lino color azul oscuro (que alguna vez perteneció a una falda), adhiriendo muy bien con dos manos generosas de cola vinílica, que a su vez serviría de protección contra el polvo y la suciedad. 

Una vez lista la base, pegué el combo platillo/taza con el mismo adhesivo de dos componentes para darle mayor fortaleza, y completé la decoración con unas letras pintadas y unos esquineros en esténcil...


Para el cuadro restante, me inspiré en una de las bellas creaciones de mi querida Menchu, de "Un pedacito de Luna":


En mi versión, pinté con spray blanco un juego de cuchara y tenedor de postre también rescatados de la feria, más un viejo cuchillo que encontré tirado en el ranchito de la playa, y los pegué a la base con pistola de silicona; luego repetí la fórmula de letras y esténcil al igual que el otro cuadro, añadí unos moños de puntilla, y estuvo listo...

 
 
Detalle del mango labrado de los cubiertos.

Y así se ven hoy mis tres cuadritos, presidiendo la pared del comedor (no muestro más porque el ambiente completo está en pleno proceso de reconstrucción!)


Como diría María José, de El inventario de MJ, en realidad no sé si este trabajo es frugal o no porque me llevó unos cuantos "ratitos" (no tanto de mano de obra en sí, sino de espera mientras secaba la masilla, el yeso, la pintura, la pátina, el pegamento, etc. etc.); pero sí es verdad que no gasté ni un centavo, ya que todo lo tenía en casa... así que espero que valga igual para participar en una nueva versión de los Findes Frugales!

LAS ESPERO CADA VIERNES!

Y con esto me despido, no sin antes agradecer de todo corazón por los espléndidos comentarios que con tanto cariño me dejan semana a semana; parafraseando a Benedetti, diría simplemente:
"es tan lindo saber que ustedes existen...
una se siente viva!!!"

Bendiciones para todas.
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julio 10, 2014

La reina de la chatarra


Tal vez, al leer el título, algunas blogueras de este lado del océano se acordaron de aquella famosa telenovela brasileña de los noventa protagonizada por Regina Duarte, que se retransmitió con gran éxito en prácticamente toda Latinoamérica... 

Pero no, no es de ella de quien les hablaré hoy, sino de uno de mis frecuentes hallazgos en la basura ajena: esta vez se trata de una vieja cafetera esmaltada que encontré en una esquina, prácticamente sepultada entre un montón de escombros, hierros retorcidos, botellas y desechos varios...


Como pueden ver carece de tapa -la busqué afanosamente por los alrededores sin ningún éxito-, y aunque en buenas condiciones generales, estaba la pobre tan impresentablemente sucia que no tengo una verdadera foto del "ANTES" (para cuando le tomé la primera ya había pasado por un tratamiento intensivo de agua y detergente, y se le había encintado el borde superior y el asa para la posterior sesión de pintura).



Después de recibir varias capas ligeras de spray blanco, cambió sustancialmente de aspecto...


Era ahora el momento del embellecimiento, para lo cual elegí una bonita servilleta conseguida hace poco (me gustó tanto el diseño que compré dos, así que seguramente volverán a verla en algún otro trabajo):

 

Découpage y dos manos de barniz acrílico más tarde, esta nueva Cenicienta estaba lista para el baile de palacio...

 
 
 
 

A decir verdad esta elegante damisela aún no tiene una ubicación definitiva, ya que si bien su destino natural sería la cocina, gracias a su nuevo traje y al fragante ramillete de lavanda (recogido, dicho sea de paso, de las podas que otra vecina arrojó a la calle :D) no desentonaría tampoco como centro de mesa en el comedor. Por el momento, me alegra la vista y el espíritu desde la mesita de desayuno donde disfruto de mi té mañanero...


Con este sencillo tuneo participo una vez más en los Findes Frugales de Marcela, donde cada viernes nos reunimos las frugaleras de aquí, allá y más allá para intercambiar ideas, inspirarnos y divertirnos...

LAS ESPERO CADA VIERNES!

Y como buena amante del AZUL, me uno también a la fiesta que Kathryn gentilmente ofrece a todas quienes deseen mostrar un toque de nuestro color favorito...

http://www.thededicatedhouse.com

...y pasaré por lo de Tammy, donde los sábados es tiempo de compartir...

 Here 

¡Si aún no las conoces, te invito a visitarlas!
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Regresa pronto!!!

Regresa pronto!!!
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