La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

marzo 19, 2012

Mi santuario (2): manos a la obra

Días de mucho ajetreo en mi nueva-vieja casa, hoy por hoy mejor conocida como Residencial Estudiantil: jóvenes que llegan a instalarse para comenzar sus cursos, reparaciones y reformas de último momento (con albañiles trabajando y suciedad de obra por todas partes, aaaggghhh!!!), un niño que crece libre y feliz trepando árboles y aprendiendo a andar en bicicleta -lo cual, además de gran satisfacción, implica también tres mudas de ropa sucia al día!), y muy poco tiempo y energía remanente para proyectos creativos propios, o siquiera para sentarme a escribir en mi blog... De a ratos me siento algo deprimida al contemplar cómo las blogueras que sigo continúan infatigablemente creando belleza alrededor del mundo, mientras yo permanezco anclada en el "reino de los proyectos inconclusos"; pero luego, leyendo las historias de vida que ellas mismas comparten generosamente en sus posts, comprendo que cada una tiene sus propios ritmos creativos, y que a muchas también se les pasa el tiempo sin sentir como parece ocurrirme a mí... 

Igualmente, desde hace días tenía ganas de contarles cómo va el proceso de armado de mi pequeño santuario (no, no es un atelier ni un studio, ni siquiera una oficina: es apenas una esquina del dormitorio de mi hijo que reservé para crearme un espacio personal multifunción, donde organizar y tener a mano todos mis libros, cuadernos y herramientas de trabajo). ¿Recuerdan que hace como un mes y medio les mostraba mi "tablero de inspiración virtual" para este proyecto? Bueno, poco a poco -y con la ayuda inestimable de mi compañero- he ido rescatando objetos en desuso que estaban por ahí arrumbados, y comenzando el proceso de transformación para darles una nueva utilidad. Lo primero que encontré fue un viejo armario de cocina...


...muy maltratado por el tiempo...


...con el fondo y uno de los laterales destruidos por la humedad...


...en otras palabras, uno de esos desahuciados en estado crítico, a los que la mayoría abandonaría piadosamente en la volqueta más cercana! Pero en esta casa no nos damos por vencidos tan fácilmente: con unas placas de fibra de madera...


...y la habilidosa mano de un experto (con la infaltable colaboración del mini-ayudante)...

...seguro logramos recuperarlo para otra aventura (o al menos, dejaremos literalmente la piel en el intento!)


Mientras ellos trabajaban en la sala de Emergencias, yo me dediqué a un paciente un poco menos grave, pero que también necesitaba tratamiento: una biblioteca simple aunque muy antigua (más de cuarenta años) que albergó primero los cuadernos de secundaria de mi tía menor y luego todos los libros que me acompañaron desde la infancia hasta mi última mudanza, cuando debí dejarla en depósito a la espera de encontrarle un nuevo espacio. La mayor parte de ese tiempo estuvo lustrada de un hermoso color caoba, pero el tiempo y el desgaste habían deslucido bastante su brillo original; y era tanta mi ansiedad por empezar su transformación, que olvidé tomar una foto del "antes"... así que debí buscar en Internet una que se le pareciera, al menos para poder darles una idea de cómo se veía.


Se me ocurrió quitarle las patas (que pienso usar para darle mayor altura y estabilidad al otro mueble), y también el tablero inferior -bastante carcomido por la polilla-; luego, un reparador baño de pintura blanca...


...una pieza de fibra para colocarle a manera de fondo, más algún otro detalle decorativo, y estará listo para ser colocado a modo de librero aéreo, justo encima del escritorio.

Perdón, ¿dije ESCRITORIO?

Bien, en realidad es una antigua cómoda de estilo provenzal, que hace unos meses adquirí en un remate por la módica suma de mil pesos (unos 50 dólares). 


No luce precisamente un diseño virtuoso, pero tiene algunas cualidades destacables: buen espacio de almacenamiento, unas bonitas patas torneadas y una amplia superficie de trabajo. Claro que hay detalles a modificar, como por ejemplo los herrajes de bronce martillados que endurecen su aspecto...


...o el espantoso intento de tallado que corona el espejo (¿qué es en realidad, un ornamento o la cicatriz de una cirugía plástica fallida?)


Veamos: la idea es quitar el espejo y rellenar el marco con un panel de corcho, para hacer mi tablero de inspiración (que irá colocado a un lado del escritorio... o donde quepa :) De ese modo, se generará el espacio necesario para colocar encima el librero, donde pienso ubicar mi lectura predilecta, álbumes, revistas y también cajas conteniendo tijeras, pinceles, pinturas, cintas, puntillas y demás suministros necesarios para crear. Sólo restará entonces emplazar la máquina de coser a un lado, la laptop al otro, una lámpara coqueta en medio... 

Pero para eso, DEBERÁN ESPERAR A LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN!!! (ñac, ñac, ñac)

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