La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

diciembre 21, 2011

Transformaciones

¡Hola, amigas! Finalmente, pasada toda la locura de los preparativos para el cumpleaños del benjamín, puedo tomarme unos minutos para saborear una taza de té de frutilla mientras les cuento en qué proyectos ando inmersa por estos días. Bueno, en realidad debería decir "andamos", porque la más tediosa de las transformaciones que les voy a mostrar fue hecha casi exclusivamente por mi pareja... 

Creo haberles contado previamente que cuando nos mudamos a esta casa, tanto el piso de madera de mi futuro dormitorio como el de baldosas de toda la sala de estar estaban pintados con látex color verde inglés (¡todavía me estoy preguntando con qué finalidad cometería alguien semejante despropósito!). En el dormitorio, tras un trabajoso proceso de decapado y cepillado, logramos recuperar mínimamente el aspecto original de la madera -pero eso se los mostraré en un próximo post, cuando mi "soñada alcoba francesa" esté un poco más adelantada:)- En cuanto al suelo de la sala, lo peor no era la pintura en sí misma sino que estaba cuarteada y descascarada por todas partes, dejando asomar aquí y allá baldosas de distintos colores y dándole al ambiente un aspecto tremendamente desprolijo. En su mayoría se veía así:


La opción más sencilla era volver a pintar directamente encima del desastre (o sea, lo mismo que habían hecho varias veces los anteriores ocupantes de la casa), aunque a juzgar por los resultados a la vista, era obvio que ello sólo representaría una solución a corto plazo; también consideramos la posibilidad de colocar pisos vinílicos, pero el costo de esa solución excedía nuestro presupuesto por el momento. Así que tras mucho deliberar en equipo, decidimos encarar la tarea más complicada: intentar quitar aquí también la pintura a ver qué nos encontrábamos debajo. De modo que mi compañero -con su habitual disposición- puso manos a la obra de inmediato, y después de cuatro días completos removiendo pintura a fuerza de solvente y espátula (¡había tres capas sucesivas de diferentes colores!) esto es lo que empezó a aparecer:


Voilà! Un clásico suelo diseñado en damero, característico de muchas casas antiguas. No necesito aclarar que tantos años de procesos químicos han opacado bastante la textura original de las baldosas; pero confío en que con un tratamiento periódico de cera al agua, poco a poco irán recuperando el brillo y el color. En cualquier caso, el piso se ve mucho más entero y uniforme que antes, e incluso con su actual aspecto desgastado luce cierto encanto vintage...

A esta altura se estarán preguntando qué hacía yo mientras el pobre hombre se gastaba las rodillas en estos menesteres, ¿verdad? Lo cierto es que me hallaba ocupada rescatando un auténtico tesoro familiar: este viejo sillón-cama (que perteneció a la madre de mi compañero, fallecida hace tiempo) fue nuestro primer mueble propio cuando nos mudamos juntos, y desde entonces acompañó gran parte de nuestros momentos importantes como familia. Por eso, a pesar de que ha visto mejores épocas y que ya se le notan los años, no dudamos en traerlo con nosotros a la nueva casa, con la intención de remozarlo cuando hubiera oportunidad.


(como ven, la señorita Malú 
también quiso salir en la foto...)

Y la oportunidad surgió cuando encontré en una mesa de rebajas un gran corte de tela rústica a rayas en colores crudo y marrón, ideal para darle un nuevo aspecto. En principio pensé usar la tela para retapizar el sillón; pero luego, considerando que mi pequeño de dos años no entiende demasiado de tapizados delicados (con lo que en pocos días seguramente acabaría lleno de manchas de todo tipo, como lamentablemente está ocurriendo con las sillas que recuperé antes), opté por confeccionar una funda que pueda fácilmente ser retirada para el lavado y vuelta a colocar en su sitio cada vez que sea necesario. Buscando como siempre inspiración en la red, encontré una idea que me pareció adecuada...

(Fuente: www.mysofaslipcover.com)

...así que sólo faltaba poner manos a la obra! Cinta métrica, tijeras y máquina de coser, y esto es lo que resultó:

Detalle de los almohadones haciendo juego

Y por fin, el espíritu de las Fiestas se instaló a la "nueva-vieja casa": junto con los últimos muebles de la mudanza, llegó una caja con el gran árbol navideño que solía decorar cuando vivía en el interior, y que por motivos de espacio no traje conmigo cuando volví a residir a la capital; se trata de un bello pino artificial de 2 metros de altura y follaje muy frondoso, que lucía el típico color verde oscuro a imitación de los abetos naturales. 


Sin embargo -probablemente influenciada por tantos blogs donde exqusitas creadoras reinventan su entorno pintándolo todo de blanco, al mejor estilo shabby chic-, se me ocurrió que este año deseaba un arbolito un poco más "nevado" (no TOTALMENTE blanco, sino sólo con un toque de nieve): así que ni lerda ni perezosa lo saqué al patio, me calcé los guantes, eché mano a mi lata de pintura en spray... 

... ¡y "nevó" a pleno sol!

¿Qué les parece el cambio? A mí me gustó tanto, que estoy pensando darle el mismo tratamiento a la corona de la puerta y al arbolito miniatura... ¡Me encanta cómo lucen mis adornos dorados sobre este nuevo color de fondo! Aquí les pongo en fotos el resultado final de mis transformaciones de esta semana:

"Gloria a Dios en las alturas,
y en la Tierra PAZ a los hombres (y mujeres)
de buena voluntad"

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