La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

septiembre 19, 2014

Gata con guantes...


Una de las cosas que más me divierte del intercambio con gente de todo el mundo -facilitada por esta red virtual- es descubrir cómo determinadas palabras adquieren significados peculiares según el lugar en que se las utilice. En efecto, un vocablo de uso corriente en un determinado país, puede resultar vulgar o incluso terriblemente ofensivo al usarlo en otro contexto geográfico...

Cuando vivía en Montevideo -cuyo vocabulario cotidiano acusa una fuerte influencia de su hermana mayor allende el Río, la pintoresca y arrabalera Buenos Aires- solía oír que en la jerga callejera, si alguien quería aludir a una prostituta (o en general a una mujer que intercambia favores sexuales por ventajas económicas), la calificaba con el término "gato". Y esto me provocaba un disgusto profundo, dado que siempre he sido amante de los gatos -animales bellos, afectuosos y carismáticos si los hay-, por lo cual me resulta sumamente chocante que se utilice su denominación con una finalidad tan grosera y descalificadora (apuesto a que mi amiga Lídia Montiel coincide ciento por ciento!)

Sin embargo ni bien me mudé para la frontera con Brasil, recibí una gratísima sorpresa: aquí emplean también la palabra "gato/a" para referirse a personas, pero lo hacen con un sentido completamente distinto. Cuando un brasileño le dice "gata" a una mujer, quiere significar que la considera extremadamente bonita (guapísima, como dirían en la Madre Patria); incluso es bastante común en los medios de comunicación que al organizar alguna encuesta sobre la belleza de las mujeres que participan en un evento, la titulen precisamente "a mais gata" -la más gata- de la fiesta o del concurso o lo que sea... (de hecho, también a un hombre atractivo se le puede llamar "gato", y es un piropo que halaga mucho a los chicos :D ).

Por eso en esta entrada, como desagravio a mis mascotas más amadas y en homenaje al país norteño que hoy me abre las puertas con su proverbial simpatía -aún a riesgo de arrancar una sonrisita malévola de las lectoras argentinas-, elegí parafrasear aquel viejo refrán: "gato con guantes..." como título para mi último trabajito manual, producto de una aburrida tarde de lluvia (sí,de vez en cuando también hace bien a mi autoestima probar estas manualidades sencillas que se pueden empezar y terminar en un rato, en compensación por tantos proyectos de largo aliento y paciencia redoblada).


Se trata de unos mitones o guantes fingerless -un anglicismo súper coqueto, que significa sencillamente "sin dedos"-, muy cálidos y abrigaditos, y sobre todo, facilísimos de realizar en crochet.  La ventaja que tiene para mí este tipo de guante es que, al tiempo que nos mantiene las manos calientes, otorga a los dedos movilidad suficiente para realizar tareas que se dificultan bastante con los guantes tradicionales (como acertarle al teclado de la compu o el celular, maquillarnos o buscar monedas en el fondo de la cartera, entre otros).


Supongo que a esta altura algunas se estarán preguntando: "¿Guantes... en SEPTIEMBRE?" Es verdad, parece una labor mucho más apropiada para las amigas del otro lado del océano (quienes ya vislumbran los frescos aires otoñales), mientras nosotras las del Sur según el almanaque ya deberíamos empezar a oler la primavera... Pero la verdad es que por acá todavía sufrimos temperaturas cuasi invernales, y la estufa a leña continúa trabajando horario completo (a veces, incluso, turnos dobles!). Además, al acercarse el cambio de estación se viene el momento de seleccionar y acondicionar la ropa de abrigo antes de guardarla para el próximo año; y como mi estilo de vestir nunca se ha regido por la tiranía de la moda -me gusta definirlo como ATEMPORAL, al igual que mi edad jejejeje-, sé que aun cuando no llegara a usarlos ahora, será una grata sorpresa encontrarlos "para estrenar" el invierno venidero. Pero por si estos argumentos no resultaran valederos, digamos simplemente que fue lo único que se me ocurrió hacer con las dos madejas de lana acrílica de mi color favorito que vendían por un real (aproximadamente medio dólar americano, o 35 céntimos de euro) en un baratillo de mi ciudad... Caso cerrado, pasemos a la explicación del trabajo.

Como la lana es de un grosor medio, utilicé una aguja de crochet de 4.5 mm. Este modelo de guante se teje en dos etapas: la parte del elástico en plano, y el cuerpo del guante en redondo. Para el elástico, tejí una base de cadenetas hasta alcanzar el ancho deseado (en mi caso 12 cadenas), levanté una cadena más para comenzar la hilera siguiente y tejí ésta en medio punto (punto bajo). La segunda hilera también se teje en medio punto, pero cuidando de tomar con el gancho únicamente la parte de atrás del punto de base, como se ve en el siguiente esquema:


Esta técnica de elástico acanalado está muy bien explicada en el siguiente video, que aunque es en inglés puede ser perfectamente comprendido dada la claridad gráfica del tutorial. 


Se sigue trabajando del modo indicado (tomando sólo la parte de atrás del punto base) las hileras siguientes hasta alcanzar el largo de elástico apropiado para nuestra mano -entre 24 y 28 hileras aproximadamente-. A continuación se unen los extremos del elástico para obtener una especie de "cilindro"; a esos efectos doblamos la pieza a la mitad haciendo coincidir los lados angostos, y vamos tomando juntos los puntos de la primera y última hileras y uniéndolos con una hilera de medio punto. Este proceso se puede apreciar claramente en otro video -también en inglés- donde a los propósitos didácticos se ha realizado la hilera de unión con una lana de color diferente.


En este mismo video se explica también el punto principal que yo utilicé, pero para las que no entiendan inglés se los resumo: 

Hilera de base o hilera 0.- necesitamos tejer una base de medios puntos tomando el primer punto de cada hilera del elástico, todo alrededor, hasta alcanzar un múltiplo de 6 (si las hileras de elástico tejidas no coinciden con ese número deberemos hacer los aumentos necesarios hasta alcanzarlo). En mi caso, como había tejido 26 hileras de elástico -o sea que en principio tenía 26 medios puntos- realicé 4 aumentos distribuidos por el tejido hasta tener 30 puntos de base. 

Hilera 1.- Para comenzar la primera hilera del punto principal (que forma una especie de pequeños "abanicos"), levantamos dos cadenas y en el primer punto de base tejemos dos varetas (punto alto), lo cual va a formar la mitad de un "abanico"; luego dejamos dos puntos de base libres y en el tercero tejemos un medio punto. Dejamos dos puntos libres y tejemos cinco varetas en el mismo punto de base, dejamos otros dos puntos de base libres y tejemos un medio punto en el siguiente. Esto nos va a formar un "abanico" completo. Continuamos igual (saltando dos puntos de base, cinco varetas, saltamos dos, medio punto) hasta llegar a los dos últimos puntos de base, que se dejan libres para tejer dos varetas más sobre el primer punto de base de la hilera, y cerrar con un punto deslizado sobre la cadena que levantamos al principio para completar el último "abanico" de la hilera.

Hilera 2.- Hundir el ganchillo en el primer medio punto de la hilera anterior (donde termina el "abanico") y en ese punto tejer cinco varetas; cerrar con un medio punto sobre el centro del "abanico" inferior. Continuar tejiendo los "abanicos" como en la hilera anterior. 

Alternar las hileras circulares según lo explicado para la 1 y la 2 hasta completar 8 hileras; en ese punto, cerramos con medio punto 1/5 de la cantidad de puntos de base inicial -como yo tenía 30 al principio, cerré 6 puntos- los cuales van a dejar el espacio para el dedo pulgar, y seguir tejiendo en redondo los puntos restantes hasta completar el largo del guante deseado (unas 12 hileras en total). Rematar con una hilera de medio punto.


Para hacer las rositas que apliqué como adorno a mis guantes, seguí el tutorial de este video:


Espero que la explicación no haya resultado demasiado engorrosa, y que los videos ayuden en caso de que alguna de ustedes se anime a tejerse sus propios fingerless; créanme que es una labor fácil, divertida y sobre todo sumamente rápida (aún para gente de temperamento LENTO como yo jajajaja). Y precisamente por ser económico en tiempo y en dinero, me pareció un lindo proyecto para llevar a los Findes Frugales; así que allá me voy a compartir con todas las frugaleras un delicioso chocolate caliente... servido por una auténtica "gata con guantes"!!!


PD: Con el resto de lana que sobró, e inspirada por la preciosa entrada que publicaron las diosas de de Retro y con encanto el lunes pasado, a último momento le tejí a mi taza un abriguito coqueto haciendo juego (disculpen la mala calidad de la foto, la luz artificial no ayuda pero me pareció que igual ameritaba incluirlo en el post...)

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septiembre 16, 2014

Casas de película: "The Holiday"

Por estas latitudes lleva ya cuatro días lloviendo torrencialmente sin darnos un respiro; y si bien todavía no he visto los animales formar fila en parejas para entrar al arca -como diría la ocurrente Marcela-, sospecho que si seguimos a este ritmo no falta mucho para presenciar tal prodigio...

Igualmente, en muchos aspectos me siento bendecida: al trabajar desde casa no tengo que levantarme temprano para salir a "capear el temporal", y acabar estropeando mis mejores zapatos; puedo darme el lujo decadente de una siestecita a media tarde arrullada por las gotas de lluvia sobre el techo, e incluso arrellanarme en mi sofá favorito a tejer junto al fuego hasta bien entrada la noche, mientras entono por enésima vez las mismas canciones para intentar entretener a un pobre infante hastiado del encierro forzoso (las que son mamás saben perfectamente de qué hablo, así que me eximo de mayores explicaciones...) Pero no todo es felicidad en el Paraíso: hay momentos en que necesito algo más drástico, que me permita olvidar -aunque sea momentáneamente- la montaña de ropa por lavar que se multiplica hora tras hora en el cuarto de baño, el piso del garage completamente inundado (un día de éstos habrá que agregarle un suplemento a esas puertas cortas!) o la humedad condensada que transforma mis lindos pisos de cerámica en una pista de patinaje digna de los Juegos Olímpicos de Invierno. Y es entonces cuando recurro a las películas, el modo más inofensivo que conozco de abandonar por un rato el mundo real y evadirme de esas pequeñas catástrofes domésticas...

Ésta en particular apareció un día en la tele, y aunque no es el tipo de filme que suelo elegir, como divertimento circunstancial no estuvo mal del todo. Entendámonos, no estoy diciendo que la película sea mala: simplemente es la típica comedia romántica hollywoodense, con sus clichés habituales y definitivamente light (¿qué otra cosa podría esperarse de una cultura como la norteamericana que rinde culto a todo lo descafeinado, bajo en calorías y endulzado artificialmente?). Escrita y dirigida por Nancy Meyers, la historia gira en torno a dos mujeres desengañadas -Amanda, una exitosa productora de cine californiana e Iris, una modesta columnista de sociales londinense- que deciden intercambiar sus respectivos hogares por una quincena (una novedosa propuesta de vacaciones ofrecida en Internet) para salir de la rutina e intentar olvidar sus penas de amor. El elenco cuenta con una Kate Winslet creíble y una Cameron Díaz por momentos bastante sobreactuada; en resumen, una película que aún sin alcanzar el nivel de otras de su tipo -como el clásico de Meg Ryan y Tom Hanks "Tienes un email"-, entretiene y ayuda a pasar el rato, especialmente para quienes gustan del género.

Pero a mí lo que realmente me atrapó fueron los escenarios: el contraste entre la fastuosa mansión de Los Ángeles con tropecientas habitaciones, persianas automatizadas y decoración ultramoderna, y por otro lado la diminuta casa de piedra perdida en la campiña inglesa (que los anglosajones llaman cottage), con su calidez rústica y sus encantadores rincones, despertó de inmediato a la incurable soñadora que vive en mí; y decidí que, al menos por un rato, valía la pena aguantarse el romance telenovelesco con tal de explorar un poco más esa deliciosa "casita de cuento"...

 Iris's English cottage in the Holiday Cameron Diaz

Las siguientes imágenes fueron tomadas en el propio set de filmación, por lo que nos permiten apreciar mejor los detalles decorativos de los diversos ambientes que por ahí se nos pasaron inadvertidos en la peli (todas las fotos de este post, excepto las que se indiquen, pertenecen una vez más a la simpática Julia de Hooked on Houses).

The Holiday movie cottage entry AD
El recibidor
The Holiday movie cottage living room 2 AD
La sala
The Holiday movie cottage Cameron Diaz 2
(detalle de la escalera rústica)
The Holiday movie cottage living room AD
La chimenea
Iris's mantel-Christmas
(aquí, decorada para Navidad)
The Holiday movie cottage kitchen AD
La cocina
The Holiday movie cottage library AD
La biblioteca
The Holiday movie cottage hall to library
Parte de la cocina y entrada a la biblioteca
The Holiday movie Iris's cottage bedroom AD
Dormitorio de Iris
The Holiday movie cottage Iris's bedroom
(observen el armario empotrado)
Iris's cottage bathroom-tub
...y la tina de baño
The Holiday movie cottage bathtub
(un poco incómoda para alguien alto como Cameron, ¿no?)

La mala noticia es... que este maravilloso refugio no existe realmente: los interiores se rodaron totalmente en estudio, y la fachada exterior es una escenografía construida en 15 días para la película, incluídos los jardines y cercos de piedra circundantes (y desde luego, desmontada inmediatamente después de terminada la filmación!).

building the cottage 1
building the cottage 2
building the cottage 3
building the cottage 4
building the cottage 5

Pero aunque se trate de una mentirijilla de Hollywood, debemos reconocer que la casita se ve de lo más inspiradora (ahora falta saber si "la otra mitad del equipo" se prende con la idea, y pinta construir nuestra propia versión de esta English stone cottage en el terreno de la playa!)

The Holiday movie stone cottage at night 

Una vez más preparé un video corto con la banda sonora original de Hans Zimmer, para que la puedan apreciar mejor sin necesidad de empalagarse con el culebrón (bueno, tampoco es para tanto: para ser justa, Jude Law está adorable en su papel de padre viudo de dos pequeñas traviesas...)

https://mega.co.nz/#!7sN0UQQT!U4OjPQ2EHRSFlCaV8PEhv3cRZTn5p8Vd_VmvKQdbBIo

Y ya que lo menciono, a modo de bonus -o de yapa, como decimos por estas tierras- va una foto que no pertenece a la casa de Iris sino al dormitorio de sus sobrinas Sophie y Olivia, más precisamente a la glamorosa carpa que las niñas se armaron en él... dedicado para las amantes del "glamping"!

http://4.bp.blogspot.com/-oQBmMF-TV4w/UTgfPUmqbhI/AAAAAAAABPc/53HMvekextc/s1600/the-holiday-tent-1.jpg
Fuente

Con esto me doy por cumplida hasta el viernes, cuando nos volvamos a encontrar para otro Finde Frugal... Bendiciones y abrazos para tod@s.
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septiembre 11, 2014

La sal (y la pimienta) de la vida


Siempre he sido una soñadora sin remedio. 

Desde muy niña (a pesar de las insistentes advertencias de mi madre sobre la necesidad de "bajar de la Luna" y "poner los pies en la Tierra"), los sueños han sido para mí el leitmotiv de mi filosofía existencial. A lo largo de cuatro décadas y media he acunado miles de sueños, muchos más de los que alcanzo a recordar. Algunos fueron entusiasmos momentáneos que al cabo de un tiempo se desvanecieron como fuegos fatuos; otros, más persistentes y profundos, me acompañaron durante largas temporadas; y unos pocos -los menos- llegaron en algún punto a transformarse en realidad. Pero más allá de su permanencia y posibilidad o no de materialización, es el proceso de la ensoñación en sí mismo, el arte de perderme en la fantasía e imaginar hasta en sus más mínimos detalles determinadas situaciones, personas u objetos, lo que constituye el verdadero combustible de mi funcionamiento cotidiano...

Hay sueños propios de una determinada etapa de nuestras vidas (como la fiesta de quince, el vestido de novia o las zapatillas de ballet); y hay otros que no tienen edad, que aunque pasen los años siguen allí, abrigaditos en un rincón provilegiado de nuestro corazón, esperando su momento de ver la luz (como el anhelo de conocer España y la Provenza francesa, o diseñar mi propia línea de ropa, o llegar a publicar un libro). Sin embargo, en ciertos momentos nos damos cuenta de que algunos sueños que nos han acompañado durante mucho tiempo, de pronto ya no se ajustan a nuestras circunstancias y deseos actuales; y entonces debemos aprender a desapegarnos de ellos, para dar cabida a nuevos sueños y proyectos más acordes a nuestra realidad.

En ese contexto, hace apenas unos días tuve que despedirme de un querido amigo: el viejo ómnibus que durante más de dos años me hizo soñar con la posibilidad de vivir la vida semierrante de una auténtica Reina Gitana...


Cuando lo compramos, en abril de 2012, nuestra situación familiar y económica era muy diferente a la actual: residiendo en Montevideo y con trabajo aparentemente estable (el cual incluía el uso de una cálida casona antigua), proyectábamos transformar este noble veterano de las rutas en un coqueto motorhome, para pasar los veranos recorriendo la costa en compañía de nuestro hijito, disfrutando la libertad de viajar con todas las comodidades, con la casita a cuestas como los caracoles y las tortugas. Desde luego, mi inquieta imaginación se disparó al instante, y pronto empecé a soñar con transformar esto...

 

...en esto:

Fuente
http://1.bp.blogspot.com/_eBbpZKD3IlU/TJdwCvH1VaI/AAAAAAAABBw/MkW4zhTJoFc/s1600/STP60596.JPG
Fuente

Pero los meses fueron pasando, y con ellos aparecieron una serie de trabas a la concreción de ese sueño: primero, irregularidades documentales y cargas impositivas desproporcionadas al valor del vehículo, así como un par de desperfectos importantes (y un mecánico inescrupuloso que acabó cobrando cuatro veces el presupuesto que nos había dado en un principio) hicieron que los ahorros inicialmente destinados a la "transformación" se nos escurrieran como agua entre los dedos; y más tarde, un imprevisto cambio en las condiciones laborales nos trajo a afincarnos en la frontera con Brasil, con un presupuesto mucho más ajustado, pero también con nuevas posibilidades de vivienda y expectativas de futuro totalmente diferentes a las anteriores. 

Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que el viejo gigante ya no cabía en los planes actuales de nuestra familia, que era hora de dejarlo marchar. Igual no resultó sencillo, debo decirlo: el día anterior a que el nuevo propietario se lo llevara, subí al ómnibus vacío, me senté en una de sus butacas gastadas y con profunda emoción le agradecí por las estupendas vacaciones -Navidad incluida- que pasamos cobijados bajo su techo; pero sobre todo, lo bendije con amor por los largos meses en que su herrumbrosa estructura me inspiró para dejar volar la fantasía y diseñar (al menos en los papeles) lo que sería un verdadero "palacio sobre ruedas"...

Lo bueno de toda limpieza -sea material, mental o emocional- es que cuando dejamos algo atrás, hacemos espacio para que algo nuevo venga a llenarnos. Y en este caso, la nueva fuente de inspiración para mis sueños es ese pequeño pedazo de tierra con olor a bosque y rumor de mar, que hoy por hoy tiene apenas una construcción precaria pero que en mi imaginación ya veo transformada en una pintoresca casita rodeada de jardines y árboles frutales... (si quieren ver más imágenes de este hogar soñado, pueden visitar mis tableros "The House of Belonging" y "La Tourelle" en Pinterest).

Fuente

Es que, para mí, el sentido de la existencia se resume de eso: soñar tanto como se pueda, y nunca dejar de perseguir los sueños, que son en definitiva "la sal (y la pimienta) de la vida"...

Y ya que hablamos de sal y pimienta, me pareció apropiado mostrarles hoy un trabajito que realicé días pasados, pensando precisamente en detalles para engalanar la cocina de mi futura casa (que estará decorada en blanco y azul, como no podía ser de otra manera). Eran originalmente un par de condimenteros de madera que me regalaron hace siglos, y que -valga el juego de palabras- me parecían bastante desabridos; lo que hice fue darles dos manos de gesso blanco, y luego recurrir a uno de mis diseños favoritos en servilletas:


El decoupage sobre superficies irregulares no es sencillo, pero tampoco imposible: lo que yo hice fue aplicar la cola vinílica sobre el especiero, envolverlo con la servilleta y con la ayuda de un plástico ir "acariciando" suavemente la superficie para acomodar el diseño a las curvas del objeto (como puede verse en las fotos, en varios lugares se formaron pequeñas arruguitas o pliegues, pero a mi criterio eso no afecta la belleza de la terminación). Una vez seco el trabajo, cubrí con dos manos de barniz acrílico, y estuvo listo: sal y pimienta a la mesa con un toque romántico y shabby chic!

 

Y como este sí es un tuneo frugal por donde se lo mire (en tiempo, en trabajo y en costo), me lo llevo a lo de Marce para compartirlo con las chicas... ¡si no han pasado por allí, les invito a unirse a nosotras!


Pero antes de irme, quería agradecer muy especialmente a Anna Llansa, del blog "De todo un poco", por haberme nominado hace algunas semanas para el premio Liebster Award. Para las que aún no la conocen, Anna es una genia que no sólo sorprende con sus creativos proyectos de manualidades, sino que además es la anfitriona de los "Lunes vintage", donde nos deleita con una colección increíble de objetos antiguos, exquisitamente fotografiados al detalle... Fue muy reconfortante para mí recibir este premio (especialmente porque llegó en un momento anímicamente difícil, poco después del accidente); y aunque ya he explicado aquí las razones por las que no sigo la cadena, no quería dejar de mencionarlo... ¡Mil gracias, Anna, por tu gentileza y generosidad!


Y con esto me despido hasta dentro de unos días... Bendiciones para tod@s, y buen fin de semana!
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septiembre 04, 2014

Casas de película: "Nights in Rodanthe"

Esta vez vengo con una de mis favoritas: "Nights in Rodanthe" (traducida al español como "Noches de tormenta"), una película de 2008 dirigida por George C. Wolfe, basada en el best-seller de Nicholas Sparks, y protagonizada por Diane Lane y Richard Gere.


Del argumento no voy a contarles mucho porque -esta sí- les recomiendo que la vean (sobre todo a aquellas que, como yo, ya pasaron la cuarta década pero aún conservan una buena dosis de romanticismo en sus corazoncitos). La protagonista, Adrienne Willis, es una mujer que atraviesa una encrucijada existencial, con un marido infiel que quiere reanudar la relación, y una hija adolescente que cuestiona todas sus decisiones. Dividida por sentimientos encontrados, halla la oportunidad de escapar cuando una vieja amiga le pide que se encargue de su posada en la costa durante un fin de semana. Es temporada baja y el hotel debería estar vacío, de no ser por la inusual llegada de un huésped solitario: Paul Flanner, médico de la ciudad que hace tiempo sacrificó su familia por su carrera, y que ha acudido a Rodanthe para hacerse cargo de una difícil obligación y enfrentarse a su propia crisis de conciencia. Pronto estalla una gran tormenta y los dos se acercan el uno al otro en busca de consuelo, e inician un romance que cambiará sus vidas...

Es básicamente una historia de amor, aunque también tiene mucho que ver con las crisis de la mediana edad, el darse cuenta cómo a veces los avatares de la vida nos llevan a perdernos poco a poco a nosotros mismos, y la búsqueda del camino para reencontrarnos... En definitiva, una película que entretiene, emociona y hace reflexionar, contada en un lenguaje sensible y con interpretaciones convincentes, especialmente la de Diane Lane. No fue en su momento un éxito de taquilla y pasó más bien desapercibida para la crítica; pero para las que amamos estas historias de amor maduro (estilo "Los puentes de Madison") resulta más que disfrutable.

Ahora, vamos al tema central del post: la espectacular casa que sirve de escenario al drama romántico, llegando a transformarse en el "tercer personaje principal" de la historia. En la película lleva el nombre de Inn at Rodanthe y así se ve desde el exterior (las fotos son nuevamente cortesía de Hooked on Houses):


Y ahora, echemos un vistazo a los interiores: comenzando por la recepción...

 

 ...pasamos al comedor...


 ...y continuamos hacia la cocina...


...la "habitación azul" de Paul (con lavatorio incorporado)...

 

...el dormitorio de Jean, la amiga de Adrienne y dueña de la posada...

 

Y finalmente, el estudio de arte en el ático...


Investigando un poco en Internet, descubrí que tanto el pueblito de Rodanthe como la construcción en sí existen realmente en Hatteras Island, Carolina del Norte: la casa se llamaba originalmente "Serendipity", y tiene una historia bien interesante. Resulta que cuando la construyeron, en los años ochenta, tenía a su frente una franja costera de unos 70 metros; pero el mar fue avanzando paulatinamente, y para cuando se filmó la película ya se encontraba en ruinas, con la línea de la pleamar invadiendo los pilares sobre los que estaba edificada. Este era su aspecto luego de terminar la filmación:


Como pueden notar, sin los postigones azules, las terrazas y decks agregados para el filme, se veía bastante menos glamorosa. Pero eso no era lo peor: fue clausurada y declarada de riesgo público, ya que con cada nueva tormenta amenazaba derrumbarse y ser arrastrada por el oleaje...

 

Los propietarios intentaron venderla durante más de dos años sin éxito, y estaban a punto de darse por vencidos; pero entonces aparecieron Ben y Debra Huss, una pareja de fanáticos de la película, quienes decidieron intentar lo imposible: comprar "Serendipity", colocarla en un lugar seguro y restaurarla lo más similar posible a su versión cinematográfica. Y eso fue precisamente lo que hicieron; con maquinaria adecuada, retiraron la casa de sus cimientos originales, la montaron en un trailer y la trasladaron hasta su ubicación actual, a media milla de la franja costera...

 

(por si les resulta difícil de creer, aquí pueden ver en video el traslado de la casa entera!!!)

 

Y así es como luce actualmente, transformada en el nuevo y exclusivo "Inn at Rodanthe" (comparen las fotos reales con las escenas de la película, y podrán observar el estupendo trabajo de recreación realizado):

(fotos extraídas del sitio web de "Inn at Rodanthe", donde también pueden chequear tarifas y hacerse reservas)

Como la vez anterior, preparé un videoclip casero a los efectos de mostrar los interiores de la posada y los paisajes circundantes, musicalizado con la deliciosa banda sonora original compuesta por Jeanine Tesori. Resultó un poco largo, porque más allá del interés estrictamente decorativo intenté capturar también la historia de amor; aunque me cuidé muy bien de no develar el inesperado desenlace, para dejarles la espinita clavada a aquellas que aún no la hayan visto...

https://mega.co.nz/#!v49xnbID!tDW2wih796ftsmKYteCdgXVXpFFlwX8G6dTnsAZJzls

Y para terminar, me quedo con la frase que Adrienne le dice a su hija Amanda en una de las escenas finales, la cual para mí encierra una verdad que ninguna mujer debería olvidar (¡y me incluyo!):
"Existe otra clase de amor, Amanda.
Uno que te da el valor para ser mejor de lo que eres,
no menos de lo que eres.
Uno que te hace sentir que cualquier cosa es posible.
Quiero que sepas que tú puedes tener eso.
 Quiero que no te conformes con menos.
Quiero que sepas que te lo mereces."

¡Nos encontramos prontito!
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