La buhardilla de Kassandra

Un santuario donde atesoro mis proyectos decorativos... y algunas otras pequeñas maravillas que enriquecen el Alma

mayo 23, 2014

Fase 10: de brujas y escobas

Creo seriamente que toda mujer es, en esencia, un poquito bruja. Y no me estoy refiriendo al estereotipo de "bruja malvada" inmortalizado por los cuentos de hadas, que las pinta viejas, feas y llenas de verrugas, repartiendo hechizos y maldiciones a diestra y siniestra. Tampoco aludo a las glamorosas versiones hollywoodenses, capaces de volar con una sombrilla o realizar cualquier prodigio con sólo mover la nariz. Y mucho menos a las que se anuncian en la prensa como expertas en "atraer al hombre que te gusta" o "destruir a tu rival amorosa"...

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De lo que hablo es de que toda mujer conoce, de forma instintiva, la Magia que subyace en los pequeños actos de cada día. Una Magia sutil que hemos heredado de nuestras ancestras por cientos de generaciones, y que si bien no invocamos a menudo en forma consciente, nos brota naturalmente ante los desafíos cotidianos: es la que nos permite convertir un suéter viejo y apelmazado en un encantador perrito de felpa, o cocinar un suculento almuerzo con media taza de arroz y las sobras del asado de ayer, o dejar relucientes cristales y azulejos con lo que tenemos a mano, sin caer en la engañosa publicidad del producto limpiador "milagroso" -y carísimo!- que pretende conquistarnos desde la televisión... 

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Pero sobre todo, es la que nos brota del corazón y se materializa en las manos que curan una rodilla raspada o acarician una pequeña frente febril; manos que señalan allá en el cielo una nube en forma de castillo, o arreglan la cadena saltada de una bicicleta; manos que siembran y cosechan, que cosen y cantan, que construyen y pintan... Manos de mujer, manos de hada, manos de bruja sabia que conoce el secreto mejor guardado de todos los tiempos: la Magia más potente es la que funciona con el combustible del Amor!

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Por eso -porque al igual que cada una de ustedes, me sé poseedora de esa Magia poderosa e inextinguible- no sólo no me molesta que me llamen "bruja", sino que de alguna manera reivindico el término: soy una bruja buena, una bruja hogareña y creativa, una bruja de cocina y de jardín, que cultiva su Magia cada día sin estruendos ni fanfarrias, humilde y en silencio, solazándose simplemente cuando sus hechizos cotidianos dibujan una sonrisa en cada rostro amado...

Y como toda bruja que se precie, me gusta tener mi escoba siempre cerca. No es que sea nada del otro mundo, mi escoba; ya quisiera ella parecerse a alguna de sus ilustres antepasadas...

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...o siquiera ser de paja y madera, como las que usaba mi madre cuando éramos chicas...

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...pero no: quiso el destino que ella fuese como tantas escobas comunes que se venden hoy, de plástico con mango de metal.


Y aunque sabe que no es bonita, eso no le impide tener siempre una actitud alegre y bien dispuesta para cumplir con su faena diaria, e incluso desempeñar algunas tareas extracurriculares en sus horas libres (como servir de corcel a cierto pequeño vaquero que adora galopar libremente por el patio...)

Por eso, por su nobleza y fidelidad, hace un tiempo decidí obsequiarla con un bonito colgador con sabor a Toscana, que sin duda engalanaría el humilde rinconcito donde descansa junto a su compañera habitual, la pala. 


Sin embargo, ello hizo que se alzaran varias voces de protesta en la siguiente reunión blogueril a la que asistí: "demasiado lindo para usarlo en el rincón de las escobas", sentenció tajantemente una de mis amigas. "Anda, piénsalo que seguro que hay sitio para él en otro lugar más adecuado", sugirió otra con simpatía."¡Fuera del cuarto de las escobas!", apoyaron a coro un par de voces con acento andaluz (¡ojalá tuviera yo un cuarto, o siquiera -como en otras épocas- un armario para las escobas! pero ya expliqué que en mi cocina TODO está a la vista...) Eso me tuvo pensando por un buen tiempo, hasta que finalmente di con la solución: no, mis queridas damas, no se trata de destinar el percherito a alojar objetos más bonitos; de lo que se trata es de... embellecer la escoba!

Así que me puse a investigar un poco, y di con esta idea que me pareció genial...

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Pero como se trata de ser frugales, había que lograr la Magia como siempre, con lo que hubiera en casa. Y lo que había era una vieja blusa con un bonito bordado en la pechera...

 

Detalles del proceso: primero quité las mangas y el cuello (éste último lo reservé para reaplicarlo más tarde). Luego realicé dos cortes transversales para aislar la parte del bordado...


...e invertí el sentido de la prenda para acomodar el diseño a la forma de la escoba.


Cosí los laterales...


...volví a pegar el cuello en la parte superior, y en la parte inferior apliqué unos voladitos hechos con la tela sobrante de la espalda. Finalmente, paralelo a la costura del cuello realicé un segundo pespunte, para dejar una jareta por la que pasé una cinta blanca de raso que es la que ajustará la funda en su sitio (sepan disculpar la calidad de las fotos: era de noche cerrada cuando terminé con las costuras...)

Aquí, la "capita" terminada:

 

Al mango le quité la cubierta plástica verde, y lo forré con hilo sisal (con ayuda del Principito, que disfruta cada vez que puede meter mano en el taller de mami). 

 

¡Y ya tenía lista a mi amiga, con su nuevo traje de baile! Pero entonces me surgió un imprevisto: cuando fui a colocarla en su sitio, ya vestida de gala, me di cuenta de que el pobre cubo de basura se iba a sentir desnudo y avergonzado a su lado...



...así que tomé una vieja cortina de encaje -resecada por el sol y agujereada en algunas partes, pero con mucho para dar de sí todavía- y con un trocito de elástico, una bastilla menuda y un botón vintage que andaba boyando por ahí, en cinco minutos le confeccioné un atuendo a la altura de su compañera:

 

La palita, que no quiso ser menos, recibió un elegante cuello de sisal y retazos de puntilla antigua...


... y así en un par de horas, con cero peso y muchas ganas, le di una cara nueva y más bonita a mi rincón de la limpieza:


 
 

Señoras, si esto no es MAGIA no sé de qué otra forma llamarle (bueno, mi paisana Rosina diría que son simplemente "nuestras boludecitas de los viernes" jajajaja) Lo cual me recuerda que aún no me di presente en el Finde Frugal... ¡Me voy volando para allá! (¿dije "volando"? Pues sí... en mi elegante escoba, claro!!!)


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mayo 20, 2014

Fase 9: capricho decadente

El decadentismo fue un estilo artístico y literario de fines del siglo XIX, que reflejó su rebelión contra la moral tradicional y el naturalismo a través del refinamiento exagerado [remarco lo de EXAGERADO, porque viene al caso] y la evasión de la realidad. Según Wikipedia, "el decadentismo arremete contra la moral y las costumbres burguesas, pretende la evasión de la realidad cotidiana, exalta el heroísmo individual y desdichado y explora las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente. [...] La máxima expresión del decadentismo lo constituye la novela "A rebours" (A contrapelo), escrita en 1884 por el francés Joris Karl Huysmans, quien es considerado uno de los escritores más rebeldes y significativos del fin de siglo. La novela narra el estilo de vida exquisito del duque Jean Floressas des Esseintes, que se encierra en una casa de provincias para satisfacer el propósito de sustituir la realidad por el sueño de la realidad."

Modernamente, una de las acepciones de la palabra "decadente" es "arte que persigue una estética con gustos pasados de moda y excesivamente refinados"; y por extensión, se aplica asimismo a todo aquel "que admira o imita el estilo de una época pasada". Y aquí llegamos a un interesante punto de discusión: ¿cuán decadente hay que ser para ser un "auténtico" decadente? 

En mi caso, a esta altura es bien conocido que tengo un Alma gitana, la cual a menudo se pierde en ensoñaciones de otros tiempos (como la Edad Media, la era victoriana o la época de los pioneros norteamericanos) y se transporta a sitios tan lejanos y sugerentes como la Provenza francesa, la campiña irlandesa o la embrujadora Andalucía. Pero tampoco es novedad mi afición por colocar en mi entorno hogareño sutiles reminiscencias de esos viajes del Alma, a través de acentos decorativos que de algún modo me recuerden esos tiempos y lugares mágicos con los que sueño... 

Por eso hoy vengo a mostrarles mi último capricho, que para muchos será también el summum de lo decadente: caireles... ¡en la cocina!


Todo comenzó con una vieja lámpara de madera de estilo colonial que compré por monedas en una feria vecinal. No tenía la tulipa (fanal o pantalla de vidrio, para las que no conozcan el término) y el cableado estaba viejo y defectuoso, sin mencionar el óxido en las cadenas y herrajes. Después de limpiarla un poco, se veía más o menos así:


Casi de inmediato empezó un tira y afloja con "la otra mitad del equipo", acerca del destino que debía dársele a la adquisición: el caballero opinaba que había que restaurarla lo más parecido posible a su apariencia original y colocarla en el living-comedor, mientras que una servidora se inclinaba por darle un aspecto algo más... hum, ¿cómo diré? ¡blanco, por supuesto! y afincarla en un lugar sin tanta exposición social (no voy a mentir: para el living ya tenía destinada una bella araña de bronce de cinco luces... pero esa historia la conocerán a futuro). La cosa es que como no logramos ponernos de acuerdo, la pobre lámpara fue quedando en suspenso; luego vino la mudanza, ¿y adónde creen ustedes que fue a parar la desdichada? Sí, acertaron: a una caja en el garage, junto con todos los demás cachivaches desahuciados que esperan una resurrección milagrosa ;)

La verdad, con el paso de las semanas las dos partes en pugna nos olvidamos por completo de su existencia. Hasta que hace cosa de un mes, revolviendo en el atestado depósito de mi padre (¡no necesito aclarar de dónde heredé mis genes "diogeneros"!), encontré un tubo de farol que me llamó la atención; y aunque tenía la boca demasiado grande para los faroles que tengo en vías de recuperación, algo me dijo que no lo descartara sin más... ¿Por qué no mejor probárselo a aquella vieja lámpara, a ver si le calza? No es del estilo que se supone deben llevar, pero quizá le otorgue la apariencia de un antiguo quinqué...


Esta vez no tengo fotos del paso a paso, pero la fórmula es sencilla: desarmé toda la lámpara, separando las partes de hierro de las de madera. A las primeras les apliqué esmalte en spray blanco satinado; a las segundas, dos manos de chalk paint casera (ver receta aquí), lija para desgastar y dos manos de cera incolora. Un cableado completamente nuevo (quién tuviera, como Marcela de Colorín Colorado, un Martín que solucionara estos entuertos! pero a falta de electricista condescendiente, hay mujer con habilidad para armar rompecabezas...) 

Después vino la parte divertida: el embellishment. Al tubo de vidrio le coloqué galón de pasamanería en los bordes superior e inferior...


...mientras que al portalámparas -que era común y corriente- lo "disfracé" de vela con unas gotas de silicona caliente y pintura en spray blanca (siguiendo el procedimiento explicado aquí).



Finalmente, con el taladro y una mecha bien fina hice unos agujeritos en el soporte de hierro, y allí fui hilvanando caireles a gusto y placer, hasta que adquirió el brillo rutilante que yo había visualizado previamente en mi imaginación...


Sólo restaba solicitar la colaboración de "la otra mitad del equipo" para colgarla en su sitio definitivo -digamos que se trataba de una cuestión de altura: no había en casa una escalera lo suficientemente larga para que una servidora llegara cómodamente hasta el techo! :)-. [Nobleza obliga: el aludido aceptó la derrota como un gentleman, y admitió que el nuevo aspecto de la lámpara combinaba muy bien con el resto de la decoración... Eso sí, dado su pánico visceral a la electricidad, no hubo más remedio que bajar la llave general y dejar la casa entera sin luz mientras realizaba el trabajito!]

 

¿Cómo describirían ustedes este renovado look de la ex lámpara colonial? Definitivamente no es retro ni vintage, y dudo mucho que alguien osara catalogarlo como shabby chic... Si yo tuviera que definirlo, sólo se me viene a la cabeza un adjetivo en inglés: whimsical (siempre he admirado la capacidad de la lengua inglesa para resumir en una sola palabra -generalmente corta, encima- cosas que en español nos llevan frases enteras...) "Whimsical" significa algo así como caprichoso, extravagante, antojadizo, arbitrario, inusual, fantástico; y creo que todas esas cualidades le caben a mi nueva lámpara... además, claro, de ser intencionada y deliciosamente DECADENTE!

¿Quién sabe? A lo mejor, como el personaje de Huysmans, una parte de mi subconsciente ansía secretamente sustituir la realidad por "el sueño de la realidad." Pero mientras el ensueño siga alimentando la creatividad cotidiana... ¡vamos, que me quiten lo bailado!

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mayo 15, 2014

El más humilde de todos

¿Saben algo? No soy una chica fiestera en lo absoluto. Supongo que esa debe ser la causa de que cada vez que llega el jueves y me encuentro a las puertas de un nuevo Finde Frugal, de algún modo siempre siento que "no tengo nada decente qué ponerme", o mejor dicho, qué mostrar... 

Tampoco es que me ande faltando inspiración; por el contrario, en cada rincón del taller hay algún proyecto en curso -pintura secándose, imágenes a medio transferir, un decoupage que no me gustó demasiado y que habrá que rehacer-. Y por otro lado el Universo parece confabularse conmigo, porque casi cada vez que salgo a la calle me encuentro algún objeto con "potencial" para engrosar la montaña de vejestorios que atiborran mi garage, a la espera de que mis manos se dignen rescatarlos del olvido. Sin embargo, sea por la razón que sea (esta vez fue el clima lluvioso de los últimos días, que no me regaló ni un mísero ratito de luz apropiada) otra vez llega la hora de reunirme con la pandilla frugalera, y no tengo una sola foto nueva para compartir!

A ver... quizá sí haya algo; pero se trata de un objeto tan simple que en principio ni siquiera pensé en postearlo. Es apenas un detalle, una labor hecha a ratos perdidos; y sin embargo, fue lo único registrado por la cámara esta semana, sin maquillaje ni producción alguna, destinado únicamente a mi archivo personal...


¿Se acuerdan de los cajones de fruta que reciclé para el cuarto del Principito? Bueno, éste a priori había sido descartado del lote y quedó en una esquina del patio, destinado a proporcionar recortes de madera para otros proyectos. Pero un día que estaba transplantando singonios a unas macetas (gracias a Daniela de Tienda Armonía por enseñarme el nombre de estas decorativas plantas que, junto a las calas, crecen silvestres en el fondo de mi casa) miré de reojo el cajoncito y me conmovió, tan solitario y digno en su modestia. Y pensé, ¿por qué no intentar un sencillo makeover que le otorgue un aspecto más personalizado, sin quitarle por completo su encanto rústico?

Lo primero que hice fue cortarlo a la mitad para darle una altura más adecuada. Después lo pinté con látex blanco a pincel seco (una mano en general, dos a la parte del frente); y luego, en los ratitos que me sobraban entre otros trabajos, le fui agregando unas letras y adornos muy simples con esténcil. Cuando la escritura estuvo terminada lijé para desgastar, apliqué una capa de cera incolora (ni siquiera creí que ameritara gastar barniz!) y de inmediato lo coloqué en el porche, para que mis singonios estrenaran su "nueva casa"...

 
 
 

No, no es en absoluto original; y para ser justos, ni le llega a los talones a algunas preciosas jardineras que he visto desfilar por los Findes gracias a las hábiles manos de sus creadoras. Pero es verdad que fue hecho sin invertir nada de plata y casi nada de tiempo, lo cual sí lo vuelve definitivamente frugal... así que contra todo pronóstico ahí les va, el más humilde de los proyectos que haya publicado jamás [¡todo sea por no faltar a la invitación de Marce!]

PD: Nobleza obliga, debo confesar que después de ver cómo quedó el "modelo terminado", estoy considerando ponerle fondo a la parte que corté de arriba y transformarlo en otra jardinera rústica -de pronto con algún detallito un poco más trabajado-... pero quizá espere a la primavera, cuando tenga algo más que singonios con qué llenarla ;)

¡Un abrazo grande, y nos vemos en la fiesta!

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mayo 09, 2014

La alcoba del Principito

«No se ve bien más que con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos»
 Antoine de Saint-Exupéry, "El principito"

Dicen por ahí: "Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes"... y en mi caso, esta semana que termina fue el mejor ejemplo de la validez del dicho. Había programado pasármela trabajando pacíficamente en el taller, dando los toques finales a dos o tres proyectos que tengo en proceso e iniciando otros de los que figuran al tope de mi lista de pendientes; y en los ratos libres, recorrer los blogs amigos para descubrir en qué andan sus autoras y dejarles algún oportuno comentario. Sin embargo una seguidilla de desajustes climáticos, visitas inesperadas y trámites imprevistos determinaron que pasara casi toda la semana fuera de casa, alternando obligaciones con paseos en una agenda vertiginosa que aunque tuvo sus momentos muy disfrutables, en definitiva no se parecía en absoluto a mi plan inicial...

Pero bueno, es viernes otra vez y la convocatoria de Marcela representa la excusa perfecta para dejar atrás el estrés semanal y volver a conectarme con este universo virtual bloguero, esta vez para compartir un cuentito frugal: la historia del Principito Emmanuel y sus nuevos aposentos.


Hace algún tiempo, cuando la familia Real llegó a residir en el nuevo castillo, se decidió que el Principito Emmanuel tendría su alcoba en el rincón más soleado del mismo. Se trata de una habitación grande y luminosa, tanto que de común acuerdo con su hijito la Reina se reservó un pequeño rincón -debidamente delimitado, como oportunamente descubrirán- para dar cabida a sus caprichos creativos. Pero de esto les contaré en otra ocasión; hoy van a conocer lo que es propiamente el área destinada al Principito.


En principio era un ambiente muy simple, casi austero se diría; el Rey y la Reina decidieron prescindir a propósito de colores estridentes y adornos excesivamente elaborados en el intento de que su pequeño, por naturaleza hiperactivo y con la atención bastante dispersa (un niño NORMAL de cuatro años, en resumen) encontrase allí un ámbito sereno y relajante para desarrollar sus actividades. De ahí que pintaron las paredes en un suave color arena y los escasos muebles -cama, ropero y una vieja cómoda reciclada- en blanco mate, añadiendo sutiles acentos en verde, que es el color favorito de Emmanuel (y además según el Feng Shui representa la madera, que es el elemento correspondiente a este sector del palacio... no todo el mundo cree en esas cosas, pero a esta Reina le funcionan!)

No obstante, al inicio el Principito no aceptaba de buen grado tener sus aposentos independientes: el complejo proceso de adaptación post-mudanza y las bajas temperaturas invernales hicieron que durante meses insistiera en dormir en una cama improvisada en la Alcoba Real, utilizando la suya únicamente a ratos durante el día. Sin embargo con la llegada del verano -ya más maduro- poco a poco fue apropiándose de los dominios que le estaban destinados, y pronto instaló allí el cuartel general de sus actividades, hasta darse cuenta finalmente de lo divertido que era tener un lugar propio para descansar, jugar y estudiar...

Entonces la Reina advirtió que era necesario incorporar algunos elementos nuevos que le ayudaran a organizar sus objetos personales; y como también era un poquito bruja (pero de las "buenas"), resolvió hacer magia con objetos que tenía a mano, como los pedazos de un mueble desarmado, rescatados de la basura...

(perdón por la mala calidad de la foto, 
era de noche y la saqué con el celular)

...algunos cajones de fruta que los verduleros solían dejar tirados a la orilla de la calle...


...y unas ciertas tablitas ya mencionadas en un post anterior...


 ...más algunas herramientas de uso habitual (sierra caladora, clavos y tornillos, pinturas, pinceles y lijas), y esto es lo que salió:

1) Un cajoncito guarda-libros adosado a la pared junto a la cama (para tener bien a mano los documentos secretos, incluido el cuento "de antes de dormir")

 

2) Una repisa empapelada con los mapas del reino, para alojar cómodamente a sus caballeros preferidos bajo la vigilante mirada de los guardianes de palacio...


y 3) una mesita rústica donde apoyar la veladora y la lupa con luz incorporada (armas imprescindibles para la aventura de pasar la noche a solas...)

 
(la lámpara "nueva" también es un collage 
de piezas en desuso recolectadas por el taller!)

Y así, el Principito Emmanuel se sintió muy feliz en su nueva alcoba rodeado de sus amigos queridos y de sus tesoros más valiosos, y nunca más volvió a pedir para dormir en los aposentos del Rey y la Reina (bueno, decir nunca más es un poquito exagerado... pero vamos progresando!)


Con esto termina mi historia frugal de hoy; espero que les haya gustado... y Colorín Colorado, me voy corriendo a descubrir qué traen las demás chicas a la fiesta!

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Regresa pronto!!!

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